INSEGURIDAD EN EL CAMPO

Andan los agricultores indignados. Y con razón.  La propietaria de una finca, desmoralizada, me comenta que en una semana le han robado 4 toneladas de fruta. Y no solo se le llevan los cítricos, también los árboles que han plantado. A la creciente pérdida de rentabilidad de los cultivos, se suma la ola de robos que vienen sufriendo.

“La tierra ya no produce nada. Al labrador, no le llega nada. Hemos sido toda la vida agricultores y abandonar te duele, porque es la tierra de mis padres, de toda la vida”, me comentaba.

Pasarte todo el año trabajando para que de repente te lleguen dos personas con una furgoneta y te “limpien” los naranjos es como para indignarse. Y ya no hablamos de los que día sí día también pasan por el huerto y llenan la bolsa de plástico de fruta, como si de un supermercado se tratara. No, hablamos de toneladas de fruta que, posiblemente, revenderán luego en tiendas o a almacenes.

Y lo más indignante es comprobar que cuando las fuerzas de seguridad logran sorprender al delincuente con las manos en la masa, este suele entrar por una puerta y salir por la otra, ya que lo normal es que sean puestos en libertad por el juez a las 24 horas de su detención. Eso si llegan a dormir en el calabozo.

Por ello, con toda la razón, los agricultores reclaman endurecer el Código Penal.  La semana pasada el secretario de Estado de seguridad Francisco Martínez se comprometió a ello, lo mismo que a elaborar un mapa de cultivos para mejorar la vigilancia policial. Veremos en qué queda la promesa.

Por lo pronto, los ayuntamientos han cobrado conciencia del problema y ya han incluido en su agenda esta problemática. Esperemos que no caiga en saco roto y los efectivos policiales se coordinan para lograr poner coto a esta sangría y evitar que se produzca alguna desgracia. Y es que muchos agricultores han decidido dormir en sus campos o coordinarse en patrullas ciudadanas.    

 

Sobre Mari Carmen Tomás

Mari Carmen Tomás, periodista coordinadora de local sociedad.