NAVE ABANDONADA

El caso de la nave industrial de Porcelanatto, que ha acumulado fibrocemento sin control durante año y medio, evidencia las lagunas del sistema. Los agentes del Seprona de la Guardia Civil denuncian, en octubre del 2011, el riesgo de desprendimiento de materiales y el peligro para la salud pública que presentan los residuos tóxicos en forma de fibrocemento. Y no es hasta enero del 2013 en que se contrata a un agente autorizado para la retirada de estos residuos. Durante año y medio los residuos han permanecido a la intemperie mientras la denuncia estaba perdida en los juzgados. El problema es que durante este tiempo la nave industrial ha carecido –como muchas otras– de ningún control de accesos, ni siquiera de un vallado que impidiera la entrada a la misma. Y durante este tiempo ha sido pasto de saqueadores que se han llevado cobre, material de construcción… Y aunque la policía y la guardia civil identificaron a algunas de estas personas las denuncias no fueron ratificadas. Porque tras el concurso de acreeedores el suelo pasó a manos de un pool de bancos en base a las deudas y nadie se hace responsable. Un ejemplo de lo que no tiene que suceder. En estos casos, los ayuntamientos deberían disponer de un censo de naves abandonadas y obligar a sus propietarios a tenerlas valladas y en buen estado. Y en aquellos casos donde amenacen ruina o haya residuos peligrosos actuar de oficio, declarándola en ruina y derribándola con cargo a los propietarios y pasarles a ellos la factura. Claro, que en los municipios de pequeño tamaño, y en la época de vacas flacas en las que estamos, quizás no todos estén en disposición de hacerlo.

Sobre Mari Carmen Tomás

Mari Carmen Tomás, periodista coordinadora de local sociedad.