El director opina Archivo

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A última hora y apurando

Querido lector:

Esta misma madrugada se cerraba el plazo de presentación de candidaturas para las próximas elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo. Y aunque no ha dado tiempo aún de un análisis exhaustivo, sí podemos destacar algunas novedades en comparación con las últimas convocatorias electorales, unas acordes con las tendencias que parecen concurrir en esta nueva situación política y otras contradictorias y que parecen desacreditar esas mismas tendencias.

La primera es la del agolpamiento de candidaturas en el último momento, cuya única causa no puede ser otra que la dificultad de algunas formaciones para confeccionarlas.

La segunda, el menor número de formaciones concurrentes a pesar de la proyección de una mayor pluralidad de representación, fruto sin duda de las varias concentraciones de partidos minoritarios en coaliciones o plataformas electorales para formar las candidaturas, especialmente en la izquierda (alianzas en torno a Compromís, plataformas inspiradas por Podemos, etc.)

La tercera, la escasa cuantía de candidaturas municipales de algunas de las formaciones llamadas a romper las mayorías absolutas o a relativizar el bipartidismo, centradas en los municipios de mayor población. Por ejemplo, la formación Ciudadanos a pesar del subidón demoscópico de los últimos meses, solo ha conseguido confeccionar unas 16 listas en los 135 municipios de la provincia. Una circunstancia parecida a la de las plataformas inspiradas por Podemos, que tras unos complicados procesos de articulación y organización locales, apenas superan escasamente la docena. Y no digamos UPyD, que a diferencia de las anteriores es una formación con varios años de recorrido pero que apenas ha logrado unas pocas listas, cinco como mucho.

Y la última, que serán los partidos mayoritarios los que más listas municipales presenten. El PP en los 135 municipios que tiene la provincia y el PSPV en torno a las 130. Compromís y EU, aún sin cerrar, es previsible que su esfuerzo les lleve a superar la veintena de otras ocasiones.

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El escaléxtric maldito

Querido lector:

Por fin esta semana los técnicos han comenzado a valorar el estado del excaléxtric de Almassora. Se han hecho las pruebas de carga del puente para que se valoren los posibles daños tras el último accidente, que provocó su cierre, y dentro de unos días se tendrá el diagnóstico. Y en función de sus conclusiones, se deberá acometer una solución u otra. La que sea, para solventar un acceso hoy por hoy básico para Castellón y Almassora.
Pero debemos tener en cuenta un par de cosas. La primera, que el problema técnico se solucionará de la manera que sea pertinente. Reforzando el puente, realizando las reformas o arreglos que precise o incluso derruyéndolo y haciendo uno nuevo, si es necesario. Y la segunda y más importante, que en verdad esta circunstancia no es el problema. Que estamos equivocados si circunscribimos la cuestión al conflicto puntual y técnico. Que en verdad el problema es político y como tal su solución se está intentando derivar o disimular de mala manera. Y que esta es la razón del impresentable retraso en iniciar los estudios técnicos y que esta es la razón también de costear el presupuesto correspondiente para su solución.
Y no hay que ser muy listo para verlo. El verdadero problema reside en que ninguna administración se quiere hacer cargo de la responsabilidad de la estructura. Ni ahora, ni desde hace varios años en que debía haberse solucionado y no se hizo, convirtiéndose en uno de esos problemas que por impericia administrativa puede desembocar en un peligro para la ciudadanía muy real en materia de seguridad vial.
Y lo peor, que si no llega a haber una denuncia mediática continuada, tal y como hemos realizado desde Mediterráneo, el problema se hubiera solventado de forma temporal, con dos parches… hasta el próximo incidente o hasta la próxima desgracia. De ahí, que esta vez la solución deberá ser integral. Primero la técnica y después la competencial. Y si esta segunda no se produce, no cejaremos en denunciarlo hasta que se produzca.

 

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Buena lavada de manos

Querido lector:

Deberá ser la Diputación, por tanto, la que asuma el problema de coordinación de las plagas de mosquitos que han puesto en alerta tempranamente y de forma sorpresiva a diferentes municipios de la provincia, como consecuencia del episodio de intensas lluvias de hace unas semanas y de la subida posterior de las temperaturas.

La Conselleria de Medio Ambiente, como ya preveíamos, se lava las manos alegando cuestiones competenciales, aunque tras el verano pasado bien que apareció como la primera administración encargada de la coordinación de tratamientos contra las plagas para hacerse la foto junto a alcaldes y concejales de los municipios afectados.

Pero si bien son vacuos y pobres tanto el argumento barato empleado como el afán infantil del protagonismo mediático, peor es aún el incumplimiento que parece que se ha producido con el problema real de los tratamientos.

Todos los expertos aseguran que las plagas se prevén. Es decir, se tratan durante todo el año para que en las épocas de eclosión de las larvas, el impacto sea menor. Y por la alarma creada y la urgencia con la que están actuando los diferentes municipios afectados, comprobamos que esto o no se ha hecho o al menos no se ha hecho suficientemente, tal y como se prometió en las reuniones coordinadas y asesoradas por la Conselleria de Medio Ambiente (las de la foto que les digo) tras las plagas del año pasado.

Este aparente pero más que seguro incumplimiento, nos indica dos cosas. La primera, que la lucha contra los mosquitos se ha hecho mal y que por tanto ahora los tratamientos deben hacerse de urgencia y con un mayor coste. Y dos, que como los tratamientos no han sido los ajustados, el impacto de las plagas en la población será sin duda de mayor afectación y más continuado.

Y añado un tercero. Obligará a emplear también recursos técnicos y presupuestarios a la Diputación provincial, y aunque la hucha es común, son unos recursos propios de Castellón, no del conjunto de la Comunitat, que es distinto.

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La costa de los mosquitos

Querido lector:

La provincia de Castellón sufrió hace un par de semanas unos episodios de lluvias intensas y dada la época del año en que nos encontramos, una subida de las temperaturas en los días posteriores. Resultado: la aparición inevitable de plagas de mosquitos, que ya ha alertado con razón a municipios como Burriana, Almenara, la Llosa… de la zona sur del litoral de la provincia, pero que sin duda también se extenderán a toda la Plana y continuará a lo largo de la costa hacia el norte. Y eso que aún no ha llegado el verano.

Y claro, en nuestra memoria reciente aún resuenan los ecos de los graves problemas que sufrieron la práctica totalidad de los municipios del litoral castellonense la pasada temporada estival con las plagas de estos insectos, hasta el punto de desbordar a todas las administraciones, repercutir negativamente en la economía turística y causar tales molestias entre visitantes y residentes que incluso hubo problemas de salud pública y de afluencia de afectados a centros de salud y farmacias. Un hecho que este año por los precedentes tan tempranos puede reproducirse o incluso aumentar.

Se hicieron planes, se conjuntaron esfuerzos de coordinación entre municipios y Diputación y la Conselleria de Medio Ambiente, la que debería resolver esta materia, asumió la competencia de establecer protocolos preventivos y de lucha contra los mosquitos, asumiendo por fin que es un problema que no puede tratarse de forma individual.

Pues bien, por la alerta desatada en los municipios mencionados ya estos días, parece que estas medidas no se pusieron en marcha o si lo hicieron han vuelto a verse desbordadas o sencillamente… aún no se han enterado de que la problemática ha vuelto a desatarse.

Esperemos que ahora, con un tiempo que no puede perderse, lo hagan. Para atacar el problema ya mismo y para el que pueda venir en verano. Y que la Conselleria active esos planes o los refuerce. Y si esta administración no lo hace con alguna de sus múltiples excusas, que lo haga la Diputación, que seguramente será al final quien lo asuma.

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Modelo público de televisión

Querido lector:

La Universitat Jaume I, con la colaboración de Mediterráneo, organiza estos días la XIII edición del congreso de comunicación local Comloc para analizar las principales características que debería recoger el nuevo modelo de televisión pública autonómica valenciana. Tras estudiar las consecuencias del cierre de RTVV en la anterior edición, es el momento ahora de las propuestas cara al futuro. Unas propuestas que deberían tener en cuenta los diferentes partidos que se presentan a las próximas elecciones de mayo ya que en sus programas contemplan la reapertura o creación de una entidad de estas características, cada uno a la manera que consideran en función de su concepto de servicio público de comunicación.

Y antes incluso de la exposición de las ponencias y comunicaciones, todos los integrantes del congreso advierten de la necesidad de que esa televisión pública no puede ser como la que había. Ni en tamaño, ni en modelo, ni en estructura, ni en concepto… ni en nada. Desde luego no se concibe una televisión con los enormes costes anteriores, ni en presupuesto ni en número de profesionales, ni tampoco con la anterior dependencia y control por parte del poder político, ni con la escasa capacidad de promoción de la industria audiovisual de la Comunitat, aunque por su mera existencia la tuviera en parte, ni otras tantas circunstancias añadidas.

De ahí que la última parte del congreso en la que participan los partidos políticos tiene su morbo. No por lo que digan o puedan proponer, que en campaña se dice y se propone de todo, sino más bien por comprobar si han aprendido la lección y si son capaces de basar sus promesas en las conclusiones que desde el conocimiento, la universidad y los profesionales se les propone. De antemano estoy casi convencido de que no, pero si en verdad se pretende una televisión pública (lo digo porque existen también modelos de comunicación diferentes), los partidos políticos deberán atender esas conclusiones. Al menos para intentar evitar los grandes errores cometidos en el pasado.

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Sobre el futuro del turismo

Querido lector:

La provincia de Castellón, como el resto de zonas turísticas de nuestro país, está experimentando una buena campaña de Semana Santa fruto, especialmente, del tirón del turismo nacional gracias a la incipiente recuperación económica. Las organizaciones empresariales castellonenses de los sectores turísticos y hosteleros así lo acreditan, tanto en relación al turismo interior como al turismo propio de costa.

Sin embargo, aunque las coyunturas sean favorables y las previsiones sean similares para la campaña turística de verano, nuestra provincia aún adolece de una planificación turística integral que contemple todas las variantes y posibilidades existentes. Desde hace unos años se está trabajando en ello, sobre todo desde el Patronato Provincial de Turismo, a fin de compendiar una oferta conjunta de todos los municipios turísticos, que a su vez bajo el paraguas del Patronato promueven sus propias singularidades. Y ahora, más que antes, hay políticas conjuntas de promoción nacional e internacional y hay investigación de mercados y de nuevos nichos de negocio: el turismo deportivo, la promoción gastronómica propia, cruceros, turismo senior, turismo de festivales, etcétera.

Se está avanzando, tal y como especificamos hace unos días con la exposición que publicamos en el diario Mediterráneo sobre la planificación turística para 2015. Pero en los próximos meses algunas circunstancias van a cambiar. La explotación de las posibilidades del aeropuerto y del AVE, así como cierta dinamización de la venta de viviendas de costa, son algunas de ellas. Pero además de la planificación pública es necesario que las empresas turísticas se impliquen en esas políticas de conjunto, así como también la administración autonómica, ausente en los últimos años por los recortes presupuestarios y cierta indolencia promocional.

Acometer de una vez por todas el turismo internacional, por ejemplo, es una de las asignaturas pendientes. Actuar sobre la calidad y no solo en el precio, es otra. Y así unas cuantas cosas más.

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De elecciones y pactos

Querido lector:

Para concluir mis dos últimas reflexiones sobre la precampaña electoral, sobre los procesos de elección de candidaturas y sobre los ejes transversales sobre los que va a girar la política hasta la celebración de las elecciones del 24 de mayo, léase imposibilidad de mayorías absolutas, polarización de la izquierda, incursiones y tanteos sobre futuros pactos y consolidación de nuevas fuerzas políticas y desaparición de otras, quiero aventurar posibles sobre la futura gobernabilidad de la Comunitat como marco también para la municipalidad.

Entre los sonidos de bombos y tambores y los silencios de las procesiones religiosas, o entre la algarabía de restaurantes de playas e interior repletos de comensales celebrando las vacaciones de Pascua, quizá no sea el momento idóneo para elucubrar. Pero dado que nada más pasen estos días de asueto nos adentraremos en una vorágine donde veremos, oiremos y asistiremos al gran espectáculo de la política, la ocasión es tan buena o tan mala como cualquier otra.

Según todos los indicios nos encontraremos en la Comunitat con tres principales salidas políticas de gobierno, deducibles de las tendencias mencionadas anteriormente y dependientes al milímetro de los porcentajes de voto. Una: un tripartito, de gobierno o programático, formado por PSPV, Compromís y Podemos con dos posibilidades de liderazgo. El del PSPV de Ximo Puig si logra ser la segunda fuerza más votada para condicionar a las otras dos fuerzas o el de Mònica Oltra si entre Compromís y Podemos logran el suficiente porcentaje para poner al PSPV en la encrucijada de apoyarles de facto o abstenerse para tragar o pactar con el PP, que Puig ya ha asegurado que nunca haría.

Y dos, un pacto entre el PP de Fabra y Ciutadans si esta fuerza lograra suficiente representación parlamentaria y el primero no sufriera d

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La clave estará en los pactos

Querido lector:

No sé si esto de la elección de las candidaturas políticas en las que andan inmersos todos los partidos antes de que se cumpla el plazo legal, es solo un buen plato informativo para periodistas y políticos o si en verdad interesa a la ciudadanía. Habrá de todo, seguro. Lo que sí sé es que interese o no a una sociedad que ahora mismo prepara sus días de asueto, ocio, recogimiento o turismo de Semana Santa, será en ella en quien recaiga la última palabra.

Los ritmos de elección de listas y candidatos cada formación política los ha planificado en función de sus criterios y sus intereses, que son muchos. Se adelantan o tardan, se eligen con cuentagotas o de golpe o se seleccionan a dedo o después de procesos internos (primarias, virtualidades, asambleas, pactos…). El objetivo es que su elección, además de conformar las mejores candidaturas que respondan a los criterios de cada formación, sea también una estrategia de márketing y comunicación política con la ciudadanía.

Pero como en toda precampaña electoral, durante estos procesos se producen ideas marco y percepciones colectivas que hacen augurar los resultados finales. No es que los partidos políticos sean magos o brujas con bolas de cristal adivinatorias. Lo que tienen es más información demoscópica que el resto de los mortales, fruto de la cual establecen estrategias más allá de las del puro márketing clásico, más allá del programa electoral y más allá de la personalidad o características de los candidatos propios.

Y en esta, hay algunas significativas. Especialmente una, que ya apuntaba ayer en este mismo espacio y a la que, sin ir más lejos, se refería también ayer el candidato del PP a la Generalitat, el castellonense Fabra. Es la idea del pacto, de la necesidad del acuerdo poselectoral y de la búsqueda de socios con quien configurar gobiernos o acuerdos programáticos de gobierno.

Nunca había ocurrido con tanta fuerza como ahora. La tendencia hacia una mayor polaridad política obliga necesariamente a ello, claro, Pero también a saber o poder hacerlo. Y eso, ya es más complicado.

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La asignatura del pacto

Querido lector:

Los consensos en política se han hecho muy difíciles. De ahí que es grato ver de vez en cuando, y especialmente en momentos preelectorales como estos, que nuestros representantes públicos llegan a ellos. Es el caso reciente del Ayuntamiento de Castellón en relación a las remuneraciones de los cargos electos y sus topes en función de la escala funcionarial municipal o el caso de ayer mismo en la Diputación provincial en relación a las ayudas a las inundaciones de la semana pasada.

La discrepancia política no está reñida con este tipo de acuerdos unánimes y no los debe impedir. Sin embargo, no es lo frecuente ni mucho menos. El pacto debería ser una práctica política habitual, con o sin mayorías absolutas, que denota la madurez de un sistema democrático. Aplicar el rodillo sin admitir otras sensibilidades, oponerse por sistema, impedir la coincidencia por partidismo interno o la misma postura de la abstención para no dar un sí a la propuesta del contrario si se sabe que su mayoría va a imperar, son prácticas que obstaculizan el desarrollo democrático y suponen una pedagogía perjudicial para la ciudadanía administrada.

Las causas por las que se ha llegado casi sistémicamente a estas dinámicas políticas tan radicales son muchas. Pero dadas las tendencias electorales y demoscópicas que parecen imperar cara a las numerosas convocatorias electorales de este año, y que indican que esas mayorías absolutas van a ser infrecuentes, deberán cambiar.

Y es más que probable que seamos los ciudadanos los que obliguemos a la clase política que elijamos a cambiarlas. Primero para conformar mayorías en aras de la gobernabilidad. Y segundo, para configurar ejecutivos estables que garanticen una estabilidad y continuidad.

No me atrevo a aventurar si ello ocurrirá en ayuntamientos de la provincia de Castellón, pero es más que seguro que será lo que pase en el parlamento autonómico. Y visto lo visto en esta legislatura que acaba de finalizar, los partidos que obtengan representación deberán aprender y mucho a hacerlo.

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Castellón ¿is different?

Querido lector:

Si intentamos proyectar las tendencias con voto real de las últimas elecciones andaluzas a otros territorios ante los próximos comicios autonómicos y municipales, por ejemplo el nuestro, nos encontraremos con traslaciones posibles e imposibles, distintas además en función de quién las interprete.

Pero entre ambas, sí que parecen existir algunas proyecciones comunes. Entran dentro del marco de las tendencias generales que también se preconizan para las elecciones generales de final de año. Me refiero, entre otras, a tres bastante posibles y asumidas por todos.

Por un lado, la falta de mayorías absolutas que obligará a pactar para lograr gobiernos, sin la preconizada ruptura del bipartidismo (los partidos tradicionales PP y PSOE seguirán entre los más votados). Por otro, la emergencia, hundimiento o estancamiento de nuevos partidos (Ciudadanos, UPyD o Podemos). Y en tercer lugar, la casi desaparición de Esquerra Unida, sustituida matemáticamente por Podemos.

La provincia de Castellón no será diferente. Esas tendencias se plasmarán seguramente, pero por los antecedentes vividos hasta ahora se puede llegar a producir un fenómeno cuanto menos curioso. Es el voto a la marca por encima de los candidatos y listas. Es la preponderancia del voto a las siglas en vez de a sus integrantes o a su programa.

Puede ocurrir con Ciudadanos porque a dos meses de las elecciones no tienen prácticamente candidaturas ni candidatos visibles, ni saben en qué municipios se presentarán… y lo que es peor, son pocos y están tan mal avenidos que sin apenas gente andan todos peleados.

Puede ocurrir con UPyD, porque a la crisis general que sufre se le añade además su fracaso provincial de no haber conformado una estructura estable de partido en sus varios años de existencia, lo que les va a impedir elaborar candidaturas.

Y puede ocurrir incluso con Podemos, cuyos movimientos de siglas, plataformas, agrupaciones, exclusiones o inclusiones y sus complicadas fórmulas de decisión y de elección las entienden muy pocos.