El director opina Archivo

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Montoro ante los empresarios

Querido lector:

Que Montoro se reúna por fin con los empresarios valencianos está muy bien porque recibirá buena información de la economía real de la Comunitat Valenciana. Y la experiencia, desconozco si productiva, seguro que será positiva a pesar del menosprecio formal que ha demostrado a la economía regional que supone un 10% del PIB nacional en la figura de su empresariado y a pesar de la chulería mesetaria demostrada también con la principal representación institucional de todos los valencianos, la Generalitat, en la persona de su presidente Alberto Fabra al que ha ninguneado durante casi un año pasándose olímpicamente por el forro al órgano soberano autonómico de los valencianos.

En este encuentro, la responsabilidad de los representantes empresariales de la provincia de Castellón será muy importante. Deberán recordarle, además de la cuestión sobre la financiación autonómica deplorable que el Gobierno al que representa no ha querido modificar a lo largo de esta legislatura, otras singularidades castellonenses básicas como la falta de inversión del Estado en Castellón, la urgencia del corredor mediterráneo o los accesos al puerto, los desplantes del ministro José Manuel Soria a las reivindicaciones obvias del sector del azulejo en materia de energía o la falta de incentivación fiscal a las distintas empresas para la creación de empleo, entre otras muchas.

Y esa reunión será positiva también, a pesar de que se ha montado en una fecha concreta, el próximo sábado, más que por las mediaciones urgentes de Fabra o las voces de protesta empresariales, para contrarrestar mediáticamente la convención nacional que el PSOE celebra en Valencia, si los empresarios cantan las cuarenta al ministro de Hacienda por su intervención de facto de las cuentas públicas de la Generalitat, sin dejar ninguna autonomía al Consell para gestionar.

Alberto Fabra, dada su dependencia orgánica del PP nacional, pendiente como está de su designación como candidato, no lo va hacer, por lo que deberán ser los empresarios quienes hagan la faena.

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La historia nos enseña

Querido lector:

El presidente de la Autoridad Portuaria de Castellón, Juan José Monzonís, debería ser maestro de escuela. o profesor de couching, ahora que está tan de moda. El pasado lunes, ante un foro cualificado de empresarios, profesionales y políticos, ofreció la visión más certera, por didáctica y pedagógica, de cómo debería evolucionar la economía de la provincia utilizando las herramientas que tiene a su disposición.

Una clase que debería colgarse en el tablón de anuncios de todas las instituciones políticas, de las empresas, de la universidad, de las consultoras y asesorías, y de la amplia red de sedes de organismos económicos que enseñan a ser empresarios o asesoran a los mismos.

Quizá por su faceta de ingeniero, Monzonís fue práctico y directo y sin los alambiques de los charlatanes, expuso claramente por dónde pasa el futuro de la economía de Castellón, un futuro que se aprende sin ir muy lejos, solo con mirar nuestra propia historia. Y esta nos enseña que nuestros bisabuelos del siglo XIX ya supieron de la necesidad imperiosa de dotarnos de plataformas de comunicación con el exterior, con los mercados que nos suministran y a los que podemos vender. Y si en aquellos tiempos de globalizacion precaria, ya se hizo, ahora no podemos ser menos. Y no debemos tardar más en utilizar y explotar al máximo las herramientas que poseemos para interactuar con el mundo y crecer con él.

Monzonís, claro, señaló al puerto. Nuestros sectores productivos (industria del azulejo, maquinaria, energía, química, agricultura, etc.) deben aprender logística, una de las claves de la globalización, y deben aprovechar el puerto, que se ha desarrollado exponencialmente en los últimos 15 años hasta ser el décimo de España con conexiones con todo el mundo, para crear la plataforma logística y económica provincial.

Y el ejemplo debe trasladarse a otros sectores, con otras herramientas que por sí mismas no generan economía, como el aeropuerto o el AVE, pero que los empresarios del turismo deben aprender a aprovechar para ya mismo.

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Un Castor irresponsable

Querido lector:

Si son ciertos los indicios más que fundados de las irregularidades detectadas por la Fiscalía de Castellón en la tramitación del proyecto Castor, que ha supuesto un gasto a todos los contribuyentes de 1.350 millones, las responsabilidades de los ahora imputados sobrepasan los delitos ambientales. Y la razón es evidente, puesto que de la investigación fiscal se deduce que no se cumplieron por parte de los ministerios de Industria y de Medio Ambiente, y tampoco por parte de la empresa Escal UGS a la que se le otorgó la concesión para la construcción y explotación del proyecto gasista, los requisitos imprescindibles para determinar si había riesgo sísmico.

En tres pasos básicos de la tramitación de este proyecto por parte de la administración del Estado, la que nos representa a todos y administra el dinero de nuestros impuestos, no se abordó ese riesgo que el sentido común nos dice que es fundamental para acometer una empresa de tal envergadura, consistente en aprovechar un antiguo pozo petrolífero marino situado en la falla Amposta para introducir gas y almacenarlo a 20 kilómetros de la costa.

El primero de los requisitos incumplidos fue en el 2007 cuando incomprensiblemente no se abordó el riesgo sísmico en el informe del Instituto Geológico-Minero. El segundo, al otorgar la declaración de impacto ambiental favorable en el 2009, que tampoco analizó el riesgo sísmico. Sorprendentemente el mayor de los impactos posibles. Y el tercero en el 2010 al otorgarse la autorización administrativa a Escal UGS sin solicitar ningún nuevo estudio, sabiendo que no lo había. Más sorprendente aún y de una irresponsabilidad bárbara. Y aún hay un cuarto paso, esta vez privado, que implica a la empresa concesionaria por no cumplir los requerimientos para que se hiciera ese estudio.

Resultado: por no cumplir los cuatro pasos sobre el riesgo sísmico, 500 terremotos. Lo que llevó a paralizar el proyecto que ha costado 1.350 millones de euros de las arcas públicas españolas. ¿No hay aquí mucho más que un delito medioambiental?

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Torpeza y huida de dos políticos

Querido lector:

¿Si Amparo Marco fuera alcaldesa de Castellón no iría en procesión romera el día grande de la Magdalena al ermitorio junto a decenas de miles de castellonenses… y al obispo? ¿Prohibiría a los concejales acudir? ¿Y tal cual de lo mismo en las fiestas de Sant Pere del Grao o en cualquier otra manifestación festiva en la ciudad que tenga alguna relación, tradición o arraido con la religión?

Este debate no es nuevo. En la provincia de Castellón se ha suscitado como una serpiente de verano política de forma recurrente y siempre se ha saldado con el mismo resultado, sea del color que sea el gobierno municipal: la corporación acudiendo en representación pública de todos los vecinos a los actos tradicionales del municipio tengan o no relación religiosa.

Y da la casualidad que el partido gobernante que no lo ha hecho así, no ha vuelto a repetir. Por algo debe ser. Tan sencillo como que hay que anteponer siempre la tolerancia democrática de la convivencia a la ideología. Es el ADN de la gobernanza justa. Y nunca hay que olvidarlo, se gobierna para todos y no solo para los que te han votado.

Pero si la candidata socialista se ha metido en un charco de forma gratuita, el portavoz de Compromís, Enric Nomdedéu, no le va a la zaga. Aunque mucho más avispado al salirse del problema por la tangente de la abstención como quien no quiere líos, y menos ahora, huyó del problema sin tener en cuenta que todo asunto público hay que afrontarlo y acordar criterios de regulación si son necesarios. Escaparse dice muy poco del que aspira a gobernar. Porque otro principio básico de la gobernanza es que el que gobierna acierta pero también se equivoca. Y eso hay que afrontarlo con valentía.

Y un consejo; para gobernar lo mejor es aplicar el sentido común. En este caso, la libertad individual de cada edil para acudir o no a lo que quiera, pero al mismo tiempo indicar su obligación de asistir a actos institucionales siempre que sean de ciudad, tengan el carácter que tengan, porque es un representante público de todos los ciudadanos.

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La gran losa de Fabra

Querido lector:

La gran losa del mandato de Alberto Fabra al frente de la Generalitat ha sido la economía. La culpa no ha sido suya porque al problema común al que se han enfrentado todas las administraciones, la crisis, en la Comunitat Valenciana ha habido que añadirle uno peor: la herencia de bancarrota total que le dejó Camps, con una deuda tan astronómica y una financiación autonómica tan discriminatoria con los valencianos, que ha obligado de facto al Gobierno central a intervenir nuestras cuentas públicas. Y así, en verdad, el gobernador económico de la Comunitat esta legislatura ha sido Cristóbal Montoro.

Fabra ha tenido más lastres, cómo no. El más mediático, la corrupción, aunque con su famosa línea roja lo ha logrado lidiar escándalo tras escándalo, no sin un desgaste espectacular de la marca popular.

El más problemático, por político, la transición interna en su partido con graves disensiones hacia una regeneración que no ha conseguido pero que le ha supuesto esta vez un descomunal desgaste de liderazgo que casi le cuesta encabezar la carrera electoral hasta mayo.

Y el más encendido, las protestas en la calle por las medidas antisociales adoptadas durante su mandato, que además de ofrecer una imagen a la griega, han sido aprovechadas por sus enemigos internos para ensalzar su oposición con los correspondientes aliados mediáticos.

Pero si graves han sido estas tres travesías, insisto, la peor es la económica y sus consecuencias. Por un lado porque no la ha podido gobernar, siempre pendiente de las limosnas de Montoro, pero también porque no ha sabido maniobrar y desafectar de la penuria económica a la base del electorado popular repartido en un espectro social muy amplio: pequeños empresarios, autónomos, profesionales liberales, agricultores, funcionarios, trabajadores cualificados, etc., etc., con los que ha mantenido una relación de descontento continuada. Tanto, que aún hoy, a cuatro meses de las elecciones, no la ha logrado solventar presidiendo la administración más morosa de España.

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De colegios y parches

Querido lector:

Hoy abordamos en Mediterráneo dos cuestiones de actualidad que tienen que ver con inversiones públicas que se repiten de forma reiterativa, no tanto por su interés que por supuesto informativamente lo tienen para los directamente afectados, sino sobre todo porque se trata de esas promesas de inversión que se dilatan en el tiempo por incumplimiento de la administración competente como es el caso del colegio del Raval Universitari de Castellón, que ayer se abordó en el pleno municipal, o porque se trata de inversiones recurrentes de mantenimiento y parcheo al no acometerse la resolución del problema de forma definitiva, como es el caso de la defensa de la costa y playas de todo el sur de la provincia, dependiente del Gobierno central.

En el primero de los casos, la labor del alcalde de Castellón de insistencia continua para la dotación educativa en el barrio contiguo a la universidad, conllevó un compromiso por parte de la consellera de Educación de iniciar ya todos los trámites administrativos para llevarlo a cabo. El concejal responsable del área, Vicent Sales, sin embargo, no ha logrado concretarlo. Durante los últimos meses se ha limitado a marear la perdiz como ayer en el pleno por disciplina de partido en obediencia al responsable en última instancia de la administración autonómica, Alberto Fabra, pero sin concretar. De lo que se deduce que deberá ser de nuevo Alfonso Bataller quien retome personalmente la negociación a fin de adelantar la resolución del problema.

En el segundo caso, por mucho que venga a Castellón el delegado del Gobierno en la Comunitat, Serafín Castellano a vendernos que este año la inversión de Costas en la provincia, especialmente en arreglar los desperfectos de los temporales es el doble que el año pasado, la pírrica cantidad a la que se refiere habla por sí sola. Un millón y medio de euros anual es una limosna mal dada cuando en verdad la costa sur de la provincia, verdaderamente penosa en la mayoría de sus tramos, precisa soluciones urgentes e integrales y no parcheos baratos.

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El entorno de la estación

Querido lector:

Creo que no habrá nadie, entre castellonenses y visitantes, al que le guste el entorno de la estación de tren de la ciudad de Castellón. Fue un error mayúsculo entonces, cuando se construyó la nueva estación tras el macroproyecto urbano que supuso acometer el trayecto ferroviario en trinchera primero y luego en túnel y la ordenación de esta zona de la ciudad, no finalizarlo con un entorno adecuado como guinda.

Todo lo contrario, se concluyó una buena estación con un pésimo e insuficiente párking y con una pésima solución urbanística tanto de viales, como de accesos y de embellecimiento urbano. Porque ya me dirán el bodrio de semiplaza que se construyó posteriormente allí.

Si a esas malas soluciones urbanas y estéticas, sumamos el desangelado desarrollo urbanístico de la zona, obtenemos un espacio inacabado y de tan escaso atractivo que da una bienvenida muy pobre, más bien negativa, a los visitantes que acceden a la ciudad en tren o utilizan la anexa estación de autobuses.

Fue una oportunidad malograda pero que ahora, con la llegada del AVE a Castellón, hay ocasión de reconducir, tal y como explicó ayer el alcalde Alfonso Bataller a los directivos del gestor ferroviario.

Ahí el alcalde ha estado avispado porque no es lo mismo diseñar una remodelación desde un despacho en Madrid, haciendo rayas en un plano sin conocer la realidad, que comprobando in situ el lugar. Se ha traído a los responsables y les ha mostrado el entorno. Ante lo cual, nadie con una mínima sensibilidad urbana, puede negarse a enmendar los errores anteriores.

La estación experimentará las modificaciones que precise para ser origen y destino de la alta velocidad, del AVE y deberán acometerse las dotaciones y servicios que este tipo de transporte de viajeros requiere. Y ahí el papel municipal es básico para que estos servicios (párking, accesos, etc. ) sean los adecuados al tiempo que mejoren el entorno. El primer paso se ha dado ya. Y de hecho no es fácil conseguir que desde Madrid se desplacen los responsables. Ahora toca estar encima.

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La parábola de matar al padre

Querido lector:

El caso de la intervención policial para registrar el Palau de les Arts de Valencia y detener a dos de sus máximos responsables, Helga Schmidt y Ernesto Moreno, se asemeja a la parábola de matar al padre. No es que Alberto Fabra lo haya hecho con Francisco Camps, pero como digo, cierta semejanza tiene e incluso podría calificarse la imagen de la policía en el edificio de Calatrava como el emblema del fin de un régimen anterior envenenado por corrupción en busca de una regeneración que ha costado llegar contra viento y marea casi tres años y medio. Su valor: que se hace desde la misma administración que la permitió y desde el mismo partido que la gobernó, sin mediar una ruptura ni de una ni de otro. Aunque para que la parábola fotográfica fuera redonda para Fabra, solo faltaría en la imagen un elemento. Una cinta roja policial metafórica de la línea roja contra la corrupción.

El Palau de les Arts ha sido el emblema de la etapa megalomaníaca del anterior president de la Generalitat, excesiva incluso para la época de bonanza en que fue desarrollada tras su primera construcción en tiempos de Zaplana. Un palacio de las artes escénicas cultas comparable a los de Milán, París o Nueva York, que embellece Valencia y la ha situado por estética y programación en el mundo, pero que se está demostrando primero con su coste y sobre todo con su gestión, con unos pies equívocos manchados por supuestas corrupciones y con unas fórmulas que deberán cambiar.

La detención policial de sus máximos gestores a instancias de los informes de la Intervención de la propia Generalitat de Fabra, a pesar de la fama internacional que posee Helga Smitdh o de la apuesta personal por ella del melómano Camps primero como conseller de Cultura de Zaplana y luego como president, así lo parecen anteceder y no hacen sino corroborar la parábola.

La justicia determinará si han cometido los delitos que se suponen de irregularidades en contratación pública y aprovechamiento de cargo y de dinero público. Pero esa imagen ya nunca se borrará.

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El liado lío de Guanyem

Querido lector:

La ambición de Podemos en Castellón y el miedo de Esquerra Unida a perder sus siglas y marca, está haciendo que la agrupación electoral o plataforma de electores Guanyem se desinfle a marchas forzadas. Esta marca electoral para las elecciones municipales donde en un principio se iban a integrar ambas fuerzas junto a colectivos minoritarios surgidos de protestas y campañas de los últimos años, parece estar herida de muerte incluso antes de nacer, a no ser que cambien mucho las cosas.

Podemos se desmiente a sí mismo de lo afirmado la pasada semana y con las espaldas cargadas con las encuestas nacionales, está ya barajando presentarse sin socios y desagrupado en Castellón ciudad. Eso sí, lo haría con otro nombre para no contravenir la orden de su dirección nacional de Madrid, que no quiere arriesgar aún su marca.

Y los dirigentes de Esquerra Unida (Carmen Carreras), que ya han visto que Podemos no ha caído en su trampa de entrar en esta plataforma impulsada por EU para aprovecharse del tirón y pintar en la lista, no van a abandonar sus siglas (condición que les impone Podemos para entrar en agrupación). Es su temor lógico al suicidio político, aunque sepan ya que solos, como EU, se descalabren electoralmente.

Así de liadas las cosas, aún no es posible conocer si la dilación y tactismo de Podemos de Castellón para las locales responde a una estrategia predeterminada o es que no se aclaran. Un día dicen una cosa y al siguiente se desdicen de lo dicho con la excusa de sus complicada forma de gobierno interno. Este próximo fin de semana, en principio, se sabrá por qué vía se deciden unos y otros, aunque visto los precedentes, todo indica una ruptura total.

Lo que sí parece claro es que la polarización, maximizada ya con esta ruptura, de la izquierda frente a la convocatoria electoral municipal (PSPV y Compromís, más ahora Podemos, EU, Guanyem, si los que quedan la mantienen y demás) tiene un beneficiario claro: la fuerza política más votada, el PP según todas las encuestas, que valorizará concejales con menos votos.

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Oráculo de tendencias

Querido lector:

Nadie se atreve a hacer quinielas políticas. Sobre todo en estos tiempos en los que las encuestas se han convertido en oráculo como nunca lo habían sido a la hora de aventurar estrategias, planificar futuras posibilidades de pactos o incluso determinar candidatos. La marca demoscópica de Podemos en municipios y comunidades autónomas, ahora mismo solo demoscópica, insisto, lo ha puesto en boga y ha llenado de incertidumbre la partitocracia oficial que no sabe transcender a ellas ni decidir sin ellas. Un ejemplo de la pobreza de la política minúscula.

Pero la política es mucho más que sondeos y estrategias de salón, aunque los primeros marquen tendencias o fotos fijas y las segundas sean necesarias. Y en conjunto, lo que se desprende a estas alturas son varias conclusiones inexorables.

Fabra va a ser el candidato del PP a la Generalitat. No puede ser otro por mucho empeño que ha puesto la vieja guardia del PP de Valencia con intoxicaciones y líos utilizando cada cual sus terminales mediáticas. Las razones son muchas, propias de Fabra y ajenas a él. Y las previsión es que el PPCV que preside ronde entre el 40 y el 43%, la frontera para lograr la mayoría de gobierno.

Pero hay más. Todo indica que Esquerra Unida se descalabra, no va a llegar al 5% debido a Podemos, a pesar de su estrategia de guerra judicial, lo que deja a la izquierda polarizada en tres partidos. Un PSPV que puede perder un buen porcentaje de sus votos, un Compromís que tendrá un magnífico tirón con Mónica Oltra tras la subyugación del Bloc y un Podemos incógnita, pero que sin duda conseguirá, a pesar del lío de sus marcas, un trozo del pastel robado a socialistas y EU, al que engulle. Esto obligará a Puig y Oltra a pactar, pero como es posible que no lleguen, la incógnita de Iglesias será el árbitro para cualquiera de las posibilidades que elijan. Con la ironía para nacionalistas y PVPS (pongo adrede mal las siglas) de que lo hará desde Madrid. Tripartito a pesar de la casta, apoyo a un bipartito sin entrar en gobierno y quién sabe, incluso se atrevan a un bipartito con Oltra si dan los números.