Sobre el Autor: José Luis Valencia

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Director de El Periódico Mediterráneo.

Entradas por José Luis Valencia

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El pacto entra en la recta final

Querido lector:

Va a ser difícil hasta el final. Conforme se apuran los plazos hay nuevas circunstancias que dan cuenta de las complicaciones y dificultades para el pacto de gobierno de la Generalitat valenciana. Faltan aún por definir las consellerías de más presupuesto y las más sensibles en relación a la ciudadanía: Sanidad y Educación. El argumento formal de que la gestionarán dos independientes cada vez pierde más fuelle. En el fondo está, sin duda, la dura negociación de qué partido gestiona cada una de ellas, aunque todo indica que PSPV se quedaría Educación y Compromís, Sanidad.

Además de este importantísimo fleco que no se cerró la pasada semana, hoy mismo los tres líderes de las formaciones del pacto del Botánico Ximo Puig (PSPV), Mònica Oltra (Compromís) y Antonio Montiel (Podemos), que permitirá la investidura de Puig como president, la definición del programa tripartito de legislatura y la conformación del Consell, tienen un importante cara a cara, donde deberán ajustar y limar las posibles discrepancias, especialmente de Podemos, que ya avisó de la supeditación del voto a dicha reunión y al decálogo de medidas que el Consell debe acometer en sus primeros 100 días. Todo a 24 horas de la sesión de investidura del jueves que precisa del voto afirmativo de los tres grupos.

Posteriormente, deberá ser el domingo y no el sábado cuando Puig tome posesión de la presidencia en una sesión inaudita en festivo debido a los plazos del BOE pero sobre todo a que Compromís ha convocado precisamente el sábado su Consell General para ratificar el pacto de gobierno.

Y por último, ese mismo domingo de toma de posesión del nuevo presidente o el lunes a más tardar, será cuando los valencianos conozcamos la composición del nuevo gobierno valenciano… si todo va rodado en estos cinco o seis días de infarto político y de aún intensísimas negociaciones por cerrar.

La concreción del pacto, a pesar de la manifiesta voluntad política, no está siendo fácil. Como tampoco lo será llevarlo a cabo, sin duda.

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Parlamento provincial

Querido lector:

Hoy comienza una nueva legislatura para la Diputación Provincial, el ayuntamiento de ayuntamientos, como gusta decir y la institución provincial propia castellonense.

Tiene mayoría absoluta el PP de Javier Moliner, pero el arco político es más plural y a buen seguro esta circunstancia determinará también una vida parlamentaria más plural, más política y de mucho más debate. Cinco grupos políticos (PP, PSPV, Compromís, Ciudadanos y Castelló en Moviment) lo garantizan.

No obstante, más determinante incluso que esta particularidad de la actual legislatura provincial, será la mayor disparidad democrática de los gobiernos de los diferentes municipios de la provincia, especialmente en los más grandes.

Los resultados del 24-M y la política de pactos desarrollada principalmente por PSPV y Compromís (a veces acompañada de las marcas locales de Podemos, de EU) y en otro ámbito ideológico también por Ciudadanos, han concluido un cambio sustancial en la gobernanza de esos ayuntamientos lo que determinará también una nueva relación con la institución provincial que los provee de inversiones y servicios.

Es muy probable que con ambas características, más pluralidad en la institución y más pluralidad en los grandes ayuntamientos, los diferentes partidos que en sus idearios llevan la propuesta de la supresión de las diputaciones, la aparquen y utilicen la institución para hacer política, política provincial y política municipal. Y es una circunstancia que no está nada mal porque a veces Valencia queda demasiado lejos de Castellón (no tanto por la distancia como por el manido centralismo del Cap i casal) y la percepción autonómica de la política valenciana se nos escapa desgraciadamente a los castellonenses.

Si es así, los partidos políticos castellonenses tendrán un nuevo escenario para hacer política, lo que sin duda redundará positivamente en la ciudadanía, que la concebirá más cercana, más accesible y por tanto más propia. Dependerá, claro, de su voluntad. Pero se trata de un nuevo ámbito, que pocos imaginaban hace unas semanas, y que ahora se convierte en oportunidad.

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Los pactos son complicados

Querido lector:

Esta semana en la que entramos Ximo Puig será investido presidente de la Generalitat y se esperaba que ayer se cerrará el reparto de competencias ejecutivas del nuevo Consell bipartito, aunque no ha sido así del todo. El PSPV se hace cargo de Presidencia y tres consellerias más y Compromís de la Vicepresidencia y Portavocía y de otras tres departamentos. Una paridad que ha dejado fuera los dos pesos pesados competenciales del gobierno autonómico: Sanidad y Educación, de las que se harán cargo dos independientes… que aún se tienen que negociar.

Las dificultades que han atravesado ambas formaciones en el mes que llevamos ya desde las pasadas elecciones autonómicas para conformar un pacto programático, un pacto para la investidura y ahora un pacto de gobierno, con la supeditación además al tercer socio parlamentario, Podemos, que debe supervisar estos acuerdos para dar su visto bueno a la investidura, se reflejan a cada paso de la negociación y van saliendo a duras penas.

El hecho de que solo se haya pactado las consellerias que suponen el 10% del presupuesto, a falta de Sanidad y Educación que contabilizan el 90% de las cuentas públicas valencianas, es bastante indicativo de lo dificultoso del proceso.

Asimismo, de las enrevesadas nominaciones que han elegido ambas formaciones para dar nombre a las consellerias, puede deducirse que la negociación no ha sido fácil. Se deduce que el PSPV se hace cargo del peso de la gestión controlando todo el aparato administrativo autonómico con Hacienda, Administración, Gobernación y Justicia y el Territorio y el Urbanismo, y Compromís de los aspectos sociales, medioambientales y de la economía (comercio turismo, agricultura) y políticas de empleo.

Nadie dijo que iba a ser fácil. Y si lo creyó, por entusiasta, se equivocó de raíz. No tiene más que comprobar que tras tres semanas aún queda lo que queda. Ponerse de acuerdo en lo grueso del gasto, aparcado ayer y derivado sin reparto posible a independientes, y luego la negociación con Podemos.

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La proyección del Villarreal

Querido lector:

La actualidad deportiva nacional se ha instalado en Vila-real. Sin duda un éxito para el club que preside Fernando Roig, que ha tenido a las directivas de los 20 equipos de Primera División del fútbol español reunidas en su sede, amén del torneo de los chavales de esos 20 clubs de la élite del fútbol español jugando en la ciudad azulejera y llenando hoteles de Benicàssim, Castellón y Vila-real este fin de semana.

La proyección nacional que el evento está teniendo es asimismo la mejor carta de presentación para el objetivo municipal de lograr que Vila-real se convierta en una ciudad de eventos deportivos. La embajada del club amarillo al respecto es la mejor campaña de márketing para este fin. Y así lo ha entendido el ayuntamiento, a pesar de la improvisación final tras la imposibilidad de hacerlo en Castellón, a la hora de poner a la ciudad al servicio de este evento. La fiesta-espectáculo con el mejor grupo de animación de nuestra provincia, Xarxa Teatre, en la plaza mayor de la ciudad del pasado jueves así lo atestigua.

Pero el Villarreal esta semana también ha sido noticia, como previa al parón vacacional, por los inicios en la confección del primer equipo. Un tema que está en boca de todos los aficionados que siguen cada paso de cada fichaje y de cada salida religiosamente. Y la tarea no es fácil. Nunca lo ha sido, pero este año, por varias causas, menos.

El Villarreal debe lograr un conjunto, que como esta pasada temporada, juegue con garantías las tres competiciones. Y por la experiencia vivida, es complicado. Una buena política de mercado, tanto con lo que vende y se le llevan, como por las incorporaciones necesarias y sin los presupuestos millonarios de los de siempre, obliga a hacer maravillas, a no fallar, a arriesgar lo justo y a tirar de la cantera, sin duda.

Tras la incorporación de los ‘Samu’ y la cobertura del parcial hueco de Asenjo en la portería, lo que más inquieta ahora a la afición es la delantera. Las perlas de este año vuelan y deberán ser sustituidas. Batistao es solo un recambio. La incógnita es lo que falta.

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La influencia de Podemos

Querido lector:

Si hay un partido que tiene habilidad para condicionar la vida política antes, durante y después de las elecciones autonómicas y municipales, ese es sin duda Podemos. Lo está haciendo a nivel nacional en todos los pactos en comunidades autónomas y en grandes capitales, y su objetivo no podía ser menos aquí, en la Comunitat Valenciana.

Primero ha sido la llave para que en la Generalitat gobierne un bipartito de izquierdas condicionado a su apoyo parlamentario. Segundo, ha participado sustancialmente en el Pacto del Botánico, el acuerdo político que resume el programa de gobierno de ese bipartito que ahora anda inmerso en el reparto de competencias, consellerías y personas que lo debe llevar a cabo. Y tercero, ahora señala que quiere supervisar taxativamente el organigrama de gobierno, la estructura, el calendario y las personas que acuerden PSPV y Compromís para comprobar si se ciñen a su criterio y para decidir si dan apoyo a la investidura del futuro president. Así al menos lo ha comunicado Montiel al presidente de Les Corts, Francesc Colomer, en la ronda de contactos para el pleno de investidura. Y no se ha quedado ahí. Ha conminado también a PSPV y Compromís a una reunión previa a la investidura para que le informen. Si no sucede así, ha dicho Montiel “lo haremos suceder”.

No sé cómo percibirán esto sus dos socios, pero claramente es una advertencia de condicionamiento y de influencia política. En ellos y también en el PP, ya que estas objeciones han hecho variar la inicial postura de los populares de abstenerse en la investidura a optar por un voto negativo del PP a Puig, no vaya a ser que suene la flauta….

Pero además de esta influencia directa de Podemos, está la indirecta que va a desarrollarse en el futuro próximo en la política valenciana. Su anuncio de alianza con Compromís cara a las próximas elecciones generales, sin duda, tendrá consecuencias. Tanto en las relaciones internas del propio gobierno de la Generalitat, como en las relaciones parlamentarias y en el mismo seno de la coalición Compromís.

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El PP… después de la publicidad

Querido lector:

Tanto hablar de pactos y pactos, obligatoriamente porque está siendo la apasionante actualidad política de la que depende la gobernanza tanto en la Generalitat como en los ayuntamientos, pero y el PP, ¿qué va a hacer? ¿Cómo afronta la gran pérdida de poder institucional tras el 24-M y cuáles son sus estrategias y sus planes de cara al futuro?

Estos días han tenido lugar algunos hechos que nos dan algunas pistas y que se suman a una serie de metas que marcarán su recorrido.

En primer lugar, el reto de las elecciones generales de este mismo año supondrá un hito básico. En función de los resultados, el futuro popular será uno u otro. Y así parece que se ha analizado. Ningún congreso que suponga renovación de las bases y cuadros locales, regionales o nacionales hasta después de la convocatoria electoral. Solo cambios de Rajoy en la cúpula y estrategia política para afrontarla.

De ahí, en segundo lugar, la respuesta del presidente regional del PPCV Alberto Fabra de mantenerse en el cargo orgánico hasta entonces pero anunciando que no repetirá. Y señalando que deberá tener lugar en el PP una renovación de ideas, acciones políticas y caras, en las que se incluye, con cambio en las fórmulas de participación, en los territorios y en los Estatutos, pero sin necesidad de entrar de lleno con sucesiones ni debates ahora. Y de ahí también que cerrara salomónicamente el organigrama de su grupo en Les Corts con tres portavoces adjuntos territoriales entre los aspirantes a la renovación, Isabel Bonig, María José Catalá y la Eva Ortiz de José Císcar.

Y como tercer indicio, el ejemplo de la acción contundente del PP en relación a Esther Pallardó a fin de evitar manzanas podridas que generen malestar entre sus filas y aprovechen la derrota electoral para conspiraciones fáciles. Las viejas prácticas políticas del mafioseo, la confabulación y casi el chantaje de otrora de la aún diputada y sus adláteres Vicent Aparici y compañía ya no tienen razón de ser en un partido que entra necesariamente en etapa de renovación y que pretende culminarla en unos meses.

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La naturaleza de los pactos

Querido lector:

La cultura de pactos es una buena consejera para el saneamiento democrático. Y en la provincia de Castellón, sin ser excepción, más bien al contrario, se han producido muchos e importantes ejemplos para facilitar la gobernabilidad de numerosos municipios. Ya los conocen. Castellón, y por orden demográfico Burriana, la Vall, Vinaròs, Benicarló, Onda, Almassora, Nules, l’Alcora… No obstante, no todos los pactos son de la misma naturaleza y por tanto sus recorridos son diferentes.

En la gran mayoría el pacto se ha producido en fases lógicas. Primero una voluntad política, después un programa de gobierno consensuado dada la afinidad ideológica progresista mayoritaria, luego un pacto de investidura para elegir el alcalde (unos el mismo toda la legislatura, otros con reparto temporal…) y finalmente una distribución de las áreas de gobierno, en la cual en unos ya está decidida y en otros se irá conformando en breves fechas.

Una vez todo pactado, el reto será el gobierno del día a día. Y ahí es donde se deberá demostrar la solidez del pacto alcanzado, porque a pesar de que el funcionamiento democrático de un ayuntamiento está bien regulado por comisiones y plenarios, y a partir de ahora con toda probabilidad más abierto a la participación ciudadana, no deja de ser una institución presidencialista, donde la función ejecutiva del alcalde está concebida de esta forma. La coordinación será fundamental, por que si no la hay e imperan los celos políticos, habrá problemas.

Por otra parte, tenemos también un grapado de ayuntamientos donde el pacto deberá ser cosa casi diaria porque el partido más votado gobierna en minoría y debe consensuar sus políticas. Benicàssim y Orpesa son los municipios característicos. Dependen de otras fuerzas políticas para la adopción de decisiones. Y aún está por ver si esas otras fuerzas, participarán de la acción de gobierno. Alguna no.

Y por último, tenemos los pactos no naturales, como Cabanes (que da para más espacio) o Nules, donde fuerzas de izquierda y de centro derecha se han unido in extremis y el alcalde es del partido menos votado. Aquí, todo es imprevisible.

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Giro municipal a la izquierda

Querido lector:

Ayer fue un día intenso y un día feliz para la democracia municipal, la más cercana al ciudadano. La cultura del pacto, instaurada por mandato popular en las elecciones del pasado 24-M, salió airosa en su primer reto. Y salvo alguna pantomima personalista y de formas políticas rancias con un acuerdo antinatura como el acontecido en Nules y al que no se le prevé mucho futuro, esa cultura pactista ha transcurrido como estaba previsto, dando un giro a la izquierda a la gobernanza de los principales municipios de nuestra provincia, empezando por la capital y continuando con Burriana, la Vall, Onda, Vinaròs, Benicarló, Almassora, l’Alcora… que acompañan a Vila-real, donde el PSPV de Benlloch logró la mayoría absoluta, pero ha acordado que participe del gobierno también Compromís.

Y también dando un giro de género. Tanto es así que Castellón, Burriana, la Vall, Almassora, Torreblanca o Benicarló, por ejemplo, tendrán alcaldesas, una circunstancia muy significativa y que implica que el cambio no ha sido solo político.

Los acuerdos naturales entre PSPV y Compromís, mayoritarios, con el apoyo de las marcas municipales de Podemos donde ha sido necesario, han sido la base del cambio. Un cambio que ha permitido primero superar ese primer escalón de frentes anti–PP para en segundo lugar crear equipos y programas de gobierno consensuados. Un escenario similar al que se producirá en breve en la Generalitat valenciana, y que abre una nueva etapa tras el predominio casi absoluto del Partido Popular durante dos décadas.

Pero una vez dado este primer paso, queda lo más difícil. La estabilidad para la gobernanza diaria de la vida municipal, la que primero testan los vecinos y a la que primero acuden en busca de soluciones. Las fuerzas pactantes deberán acopiarse de tiento, democracia y visión de futuro para no caer en rivalidades partidistas. El pragmatismo, la gestión, la transparencia y la comunicación deberán ser guías básicas del día a día municipal que precisa de agilidad y capacidad de decisión.

Hoy es día de valoración y celebración. A partir de mañana, comienza el trabajo de verdad.

 

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Ximo Puig, president

Querido lector:

Ximo Puig ya es president. Finalmente Mònica Oltra ha dado su brazo a torcer y el morellano culmina un proceso que inició hace tres años al auparse inteligentemente a la secretaría general de los socialistas valencianos para enhebrar, aguja fina o aguja gorda en mano, un partido repleto de luchas trivales, incapaz de salir del ostracismo de la oposición tras más de 20 años de gobiernos populares, y llevarlo al poder aprovechando la coyuntura que se veía venir de un fin de ciclo de un PP acosado por la corrupción y por la crisis y quiebra de la Comunitat.

Tras dos semanas de infarto negociador, más en los medios que en la mesa, con ruptura táctica entre medias, con el comodín de Ciudadanos como excusa y advertencia de órdago, con un programa conciliado con sus socios, Compromís y Podemos, con un apoyo disimulado de la clase empresarial valenciana en busca de estabilidad y con miedo al populismo desaforado, y con una jugada final de pacto de la Mesa de Les Corts que ha concitado el convencimiento mediático nacional de que por fin el pacto de izquierdas no tenía marcha atrás en la Comunitat, Puig ha conseguido doblegar el empecinamiento de Oltra y su pinza con Montiel y ser investido como president de la Generalitat.

Será el segundo castellonense en ocupar el sillón del Palau, tras Alberto Fabra, y ambos en las etapas más complicadas de la historia democrática de la Comunitat, por la crisis y por la herencia infernal causada por el predecesor de ambos.

El reto de Ximo Puig es enorme. Amén de la multitud de asuntos de gobierno que deberá acometer, lavar la imagen de la Comunitat denostada por la corrupción, la obtención de una financiación justa para el territorio peor tratado, atender las demandas sociales que la gestión de la crisis ha provocado y cambiar las formas de 20 años de gobiernos populares, deberán ser sus ejes. Todo ello inmerso en una cohabitación que el horizonte de las próximas elecciones generales no va a ayudar y en medio de una quiebra de las cuentas públicas que hipoteca el futuro. Suerte.

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Dos caras de la política

Querido lector:

Las dos caras de la moneda de la política se han superpuesto en Castellón en dos planos bien distintos. La cara, una nueva alcaldesa, Amparo Marco, que ha logrado consensuar un pacto programático y de gobierno para conseguir el apoyo de las dos fuerzas restantes de izquierdas del nuevo consistorio. La cruz, el aún alcalde en funciones, Alfonso Bataller, que deja la política totalmente desencantado y personalmente abatido, no tanto por la derrota electoral que iba a asumir en la oposición al menos en los primeros tiempos de legislatura, sino por las miserias de esa política que nunca ha conseguido entender y que le han llevado sin querer a una supuesta implicación de una trama de la que tuvo oídos por los distintos telediarios.

Marco se encuentra exultante ante el reto por el que ha peleado mucho. En la oposición municipal frente a todos sus adversarios, en su propio partido frente a otros rivales mucho peores que la hicieron tambalear pero que al mismo tiempo la hicieron más fuerte, más avispada y más madura. Y estos últimos días en la negociación con sus futuros compañeros de viaje, donde ha sabido tener muchas paciencia, temple ante la pinza Compromís-Castelló En Moviment que el mismo Podemos desbarató al rechazar entrar en el próximo equipo de gobierno y pragmatismo para introducir a Compromís en la gobernanza.

Bataller, como demostraban sus lágrimas en su despedida pública, se encuentra decepcionado. Primero con el resultado electoral que ha asumido como propio a pesar de que la causante de su derrota, no única pero sí principal, ha sido la denostada marca PP de la crisis y la corrupción. Segundo, por la acritud de algunos de sus compañeros de viaje al responsabilizarlo y que como político no profesional nunca ha entendido. Y tercero, por darse de bruces con la realidad política de la condena del telediario, que no se ha visto con fuerzas para sufrir de nuevo, él y su familia, según confesaba públicamente ayer.

Dos caras bien distintas de la moneda política, que mañana mismo ya serán una futuro y otro pasado.