Sobre el Autor: José Luis Valencia

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Director de El Periódico Mediterráneo.

Entradas por José Luis Valencia

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Sobre el futuro del turismo

Querido lector:

La provincia de Castellón, como el resto de zonas turísticas de nuestro país, está experimentando una buena campaña de Semana Santa fruto, especialmente, del tirón del turismo nacional gracias a la incipiente recuperación económica. Las organizaciones empresariales castellonenses de los sectores turísticos y hosteleros así lo acreditan, tanto en relación al turismo interior como al turismo propio de costa.

Sin embargo, aunque las coyunturas sean favorables y las previsiones sean similares para la campaña turística de verano, nuestra provincia aún adolece de una planificación turística integral que contemple todas las variantes y posibilidades existentes. Desde hace unos años se está trabajando en ello, sobre todo desde el Patronato Provincial de Turismo, a fin de compendiar una oferta conjunta de todos los municipios turísticos, que a su vez bajo el paraguas del Patronato promueven sus propias singularidades. Y ahora, más que antes, hay políticas conjuntas de promoción nacional e internacional y hay investigación de mercados y de nuevos nichos de negocio: el turismo deportivo, la promoción gastronómica propia, cruceros, turismo senior, turismo de festivales, etcétera.

Se está avanzando, tal y como especificamos hace unos días con la exposición que publicamos en el diario Mediterráneo sobre la planificación turística para 2015. Pero en los próximos meses algunas circunstancias van a cambiar. La explotación de las posibilidades del aeropuerto y del AVE, así como cierta dinamización de la venta de viviendas de costa, son algunas de ellas. Pero además de la planificación pública es necesario que las empresas turísticas se impliquen en esas políticas de conjunto, así como también la administración autonómica, ausente en los últimos años por los recortes presupuestarios y cierta indolencia promocional.

Acometer de una vez por todas el turismo internacional, por ejemplo, es una de las asignaturas pendientes. Actuar sobre la calidad y no solo en el precio, es otra. Y así unas cuantas cosas más.

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De elecciones y pactos

Querido lector:

Para concluir mis dos últimas reflexiones sobre la precampaña electoral, sobre los procesos de elección de candidaturas y sobre los ejes transversales sobre los que va a girar la política hasta la celebración de las elecciones del 24 de mayo, léase imposibilidad de mayorías absolutas, polarización de la izquierda, incursiones y tanteos sobre futuros pactos y consolidación de nuevas fuerzas políticas y desaparición de otras, quiero aventurar posibles sobre la futura gobernabilidad de la Comunitat como marco también para la municipalidad.

Entre los sonidos de bombos y tambores y los silencios de las procesiones religiosas, o entre la algarabía de restaurantes de playas e interior repletos de comensales celebrando las vacaciones de Pascua, quizá no sea el momento idóneo para elucubrar. Pero dado que nada más pasen estos días de asueto nos adentraremos en una vorágine donde veremos, oiremos y asistiremos al gran espectáculo de la política, la ocasión es tan buena o tan mala como cualquier otra.

Según todos los indicios nos encontraremos en la Comunitat con tres principales salidas políticas de gobierno, deducibles de las tendencias mencionadas anteriormente y dependientes al milímetro de los porcentajes de voto. Una: un tripartito, de gobierno o programático, formado por PSPV, Compromís y Podemos con dos posibilidades de liderazgo. El del PSPV de Ximo Puig si logra ser la segunda fuerza más votada para condicionar a las otras dos fuerzas o el de Mònica Oltra si entre Compromís y Podemos logran el suficiente porcentaje para poner al PSPV en la encrucijada de apoyarles de facto o abstenerse para tragar o pactar con el PP, que Puig ya ha asegurado que nunca haría.

Y dos, un pacto entre el PP de Fabra y Ciutadans si esta fuerza lograra suficiente representación parlamentaria y el primero no sufriera d

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La clave estará en los pactos

Querido lector:

No sé si esto de la elección de las candidaturas políticas en las que andan inmersos todos los partidos antes de que se cumpla el plazo legal, es solo un buen plato informativo para periodistas y políticos o si en verdad interesa a la ciudadanía. Habrá de todo, seguro. Lo que sí sé es que interese o no a una sociedad que ahora mismo prepara sus días de asueto, ocio, recogimiento o turismo de Semana Santa, será en ella en quien recaiga la última palabra.

Los ritmos de elección de listas y candidatos cada formación política los ha planificado en función de sus criterios y sus intereses, que son muchos. Se adelantan o tardan, se eligen con cuentagotas o de golpe o se seleccionan a dedo o después de procesos internos (primarias, virtualidades, asambleas, pactos…). El objetivo es que su elección, además de conformar las mejores candidaturas que respondan a los criterios de cada formación, sea también una estrategia de márketing y comunicación política con la ciudadanía.

Pero como en toda precampaña electoral, durante estos procesos se producen ideas marco y percepciones colectivas que hacen augurar los resultados finales. No es que los partidos políticos sean magos o brujas con bolas de cristal adivinatorias. Lo que tienen es más información demoscópica que el resto de los mortales, fruto de la cual establecen estrategias más allá de las del puro márketing clásico, más allá del programa electoral y más allá de la personalidad o características de los candidatos propios.

Y en esta, hay algunas significativas. Especialmente una, que ya apuntaba ayer en este mismo espacio y a la que, sin ir más lejos, se refería también ayer el candidato del PP a la Generalitat, el castellonense Fabra. Es la idea del pacto, de la necesidad del acuerdo poselectoral y de la búsqueda de socios con quien configurar gobiernos o acuerdos programáticos de gobierno.

Nunca había ocurrido con tanta fuerza como ahora. La tendencia hacia una mayor polaridad política obliga necesariamente a ello, claro, Pero también a saber o poder hacerlo. Y eso, ya es más complicado.

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La asignatura del pacto

Querido lector:

Los consensos en política se han hecho muy difíciles. De ahí que es grato ver de vez en cuando, y especialmente en momentos preelectorales como estos, que nuestros representantes públicos llegan a ellos. Es el caso reciente del Ayuntamiento de Castellón en relación a las remuneraciones de los cargos electos y sus topes en función de la escala funcionarial municipal o el caso de ayer mismo en la Diputación provincial en relación a las ayudas a las inundaciones de la semana pasada.

La discrepancia política no está reñida con este tipo de acuerdos unánimes y no los debe impedir. Sin embargo, no es lo frecuente ni mucho menos. El pacto debería ser una práctica política habitual, con o sin mayorías absolutas, que denota la madurez de un sistema democrático. Aplicar el rodillo sin admitir otras sensibilidades, oponerse por sistema, impedir la coincidencia por partidismo interno o la misma postura de la abstención para no dar un sí a la propuesta del contrario si se sabe que su mayoría va a imperar, son prácticas que obstaculizan el desarrollo democrático y suponen una pedagogía perjudicial para la ciudadanía administrada.

Las causas por las que se ha llegado casi sistémicamente a estas dinámicas políticas tan radicales son muchas. Pero dadas las tendencias electorales y demoscópicas que parecen imperar cara a las numerosas convocatorias electorales de este año, y que indican que esas mayorías absolutas van a ser infrecuentes, deberán cambiar.

Y es más que probable que seamos los ciudadanos los que obliguemos a la clase política que elijamos a cambiarlas. Primero para conformar mayorías en aras de la gobernabilidad. Y segundo, para configurar ejecutivos estables que garanticen una estabilidad y continuidad.

No me atrevo a aventurar si ello ocurrirá en ayuntamientos de la provincia de Castellón, pero es más que seguro que será lo que pase en el parlamento autonómico. Y visto lo visto en esta legislatura que acaba de finalizar, los partidos que obtengan representación deberán aprender y mucho a hacerlo.

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Castellón ¿is different?

Querido lector:

Si intentamos proyectar las tendencias con voto real de las últimas elecciones andaluzas a otros territorios ante los próximos comicios autonómicos y municipales, por ejemplo el nuestro, nos encontraremos con traslaciones posibles e imposibles, distintas además en función de quién las interprete.

Pero entre ambas, sí que parecen existir algunas proyecciones comunes. Entran dentro del marco de las tendencias generales que también se preconizan para las elecciones generales de final de año. Me refiero, entre otras, a tres bastante posibles y asumidas por todos.

Por un lado, la falta de mayorías absolutas que obligará a pactar para lograr gobiernos, sin la preconizada ruptura del bipartidismo (los partidos tradicionales PP y PSOE seguirán entre los más votados). Por otro, la emergencia, hundimiento o estancamiento de nuevos partidos (Ciudadanos, UPyD o Podemos). Y en tercer lugar, la casi desaparición de Esquerra Unida, sustituida matemáticamente por Podemos.

La provincia de Castellón no será diferente. Esas tendencias se plasmarán seguramente, pero por los antecedentes vividos hasta ahora se puede llegar a producir un fenómeno cuanto menos curioso. Es el voto a la marca por encima de los candidatos y listas. Es la preponderancia del voto a las siglas en vez de a sus integrantes o a su programa.

Puede ocurrir con Ciudadanos porque a dos meses de las elecciones no tienen prácticamente candidaturas ni candidatos visibles, ni saben en qué municipios se presentarán… y lo que es peor, son pocos y están tan mal avenidos que sin apenas gente andan todos peleados.

Puede ocurrir con UPyD, porque a la crisis general que sufre se le añade además su fracaso provincial de no haber conformado una estructura estable de partido en sus varios años de existencia, lo que les va a impedir elaborar candidaturas.

Y puede ocurrir incluso con Podemos, cuyos movimientos de siglas, plataformas, agrupaciones, exclusiones o inclusiones y sus complicadas fórmulas de decisión y de elección las entienden muy pocos.

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Las opciones de pacto

Querido lector:

Esquerra Unida, o sus correlatos satélites vía plataformas ciudadanas promovidas con un propósito concreto, andan poniendo denuncias y querellas por doquier en el último año a un ritmo endiablado, con un afán tal, que lleva a pensar que, más que justicia, buscan la notoriedad política que les pueda catapultar a conseguir un objetivo que parece que se les escapa. Podemos y sus multiplataformas (si alguna vez esta corriente logra definirse y concretar candidaturas en Castellón y la Comunitat) han ocupado su espacio, y parece que le van a impedir lograr representación parlamentaria y municipal. Castellón capital es uno de los mejores ejemplos.

Es una estrategia, la del electoralismo judicial, que ahora en precampaña todo el que puede emplea. Esquerra Unida lo está haciendo especialmente a nivel autonómico, aunque también municipal, pero todos los partidos la utilizan allá donde ven posibilidad. Compromís en Benicàssim, el PSPV en la Vall o Segorbe, o el PP en Vila-real, son los ejemplos más notorios ahora en nuestra provincia. Al final, y con toda seguridad, esta fórmula no llegará a buen puerto, ni tendrá capacidad de influencia en las tendencias que parecen definirse, al menos a nivel general, con el precedente de las elecciones andaluzas.

En la Comunitat, todo el mundo da por sentado que se producirán tres alternativas de gobierno al margen de estrategias judiciales, tras las elecciones de mayo. A saber. Por un lado está la del PP, como fuerza más votada, aunque no con mayoría absoluta, que precisará del aliado Ciudadanos si los números lo permitieran y logran un acuerdo.

Por otro lado, un tripartito con el PSPV liderándolo como segunda fuerza junto a Compromís y Podemos (EU sería digerida por éste a pesar de sus estrategias judiciales). Y una tercera opción, sucedánea de la segunda, con un bipartito entre Compromís y Podemos, con Mónica Oltra como presidenciable, si el PSPV pierde esa segunda plaza, y es superado por la suma de los otros dos, lo que les llevaría a un papel de comparsa. Vorem.

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Marginalidad profunda

Querido lector:

Los episodios de lluvias torrenciales que ha sufrido la provincia de Castellón en los últimos días han puesto de manifiesto una realidad, semioculta hasta ahora, pero evidente. Se trata de la existencia de un chabolismo sui generis, pero chabolismo al fin y al cabo, que por sus características propias puede pasar desapercibido y al que nadie hace caso, pero que existe de un tiempo a esta parte de forma acusada. Fue en Burriana donde más se puso en evidencia al tener que ser rescatados y trasladados a un lugar seco y seguro por el riesgo que supusieron las inundaciones y el aislamiento de los lugares que ocupan, mayoritariamente zonas agrícolas. Pero su caso se extiende por toda la franja litoral, de norte a sur de la provincia.

No es el chabolismo tópico de las periferias de muchas ciudades, sino un fenómeno similar adaptado a las características de nuestro territorio, que combina los núcleos urbanos con grandes extensiones de huertos de naranjos repletos de alquerías, casetas de aperos o masets de campo abandonados o no, y que son utilizados como viviendas okupadas por colectivos de inmigrantes marginales dedicados a la mendicidad, a la chatarrería, a trabajos temporeros ocasionales o incluso a la pequeña delincuencia. Son los parias de la inmigración, rechazados por sus compatriotas y que malviven a duras penas semiocultos y fuera de la vista de la vida diaria de nuestros pueblos y ciudades.

Su origen mayoritario es búlgaro, rumano, magrebí o subsahariano. Y su extensión se ha producido principalmente durante los años de la crisis, provenientes del paro de trabajos agrícolas, de la construcción o del trapicheo de la época de bonanza, que ya no los puede acoger o de sus propios países de origen donde también pertenecen a una marginalidad aún más miserable.

Malviven en unas condiciones pésimas. Incluso en familias con mayores y niños a su cargo. Totalmente al margen de cualquier cobertura sanitaria, educacional o social. Y por supuesto, apartados de todo.

Son los parias de una sociedad que prefiere mirar hacia otro lado.

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Toledo: lobo… y cordero

Querido lector:

Francisco Toledo no va en la lista autonómica de Ximo Puig por Castellón. Pero en pocos días ha demostrado muchas cosas bien a las claras.

El que fue rector de la UJI durante una década, además de su competencia profesional, se ha destapado como un experto en el manejo del interés mediático, tanto en los medios convencionales como en la selva de las redes sociales. Su intervención en la despedida del parlamento autonómico ha sido mil veces más sonada que cuando se atragantó con las críticas a integrantes en la lista autonómica por Castellón calificando a algunos de ellos como mamandurrias profesionales, tras conocer su composición, su orden y su exclusión definitiva.

Esta vez la acritud la ha convertido en declaración de amor a su compañera sentimental, también diputada, desde la tribuna de Les Corts señalándola como el mejor bagaje de su paso por el escaño durante esta legislatura. ¿Con voluntad de notoriedad o de forma involuntaria en un arredro emocional?, cabría preguntarse. Conociendo a Paco Toledo, me inclino a pensar que por las dos causas. El diputado socialista obviamente sabía que tal declaración no iba a pasar desapercibida, sino todo lo contrario. Y al mismo tiempo, debía decirlo porque es real si en conciencia pretendía una despedida sincera, política y humana, tal y como la elaboró.

Pero más allá de la estruendosa proyección mediática lograda, y por qué no decirlo, más allá del compromiso al que ha expuesto a su compañera que prudentemente ha permanecido en silencio evitando Sálvames innecesarios, Toledo ha demostrado, como decía, más cosas. Que podría haber sido una pieza valiosa en el nuevo proyecto de Puig, y no me refiero solo a la lista. Que su capacidad para la sorpresa en política se agradece en tiempos tan oscuros. Que seguramente es más verbo suelto e independiente que todos los fichajes externos que ha realizado el secretario general. Que en capacidad política, si le dejaran, daría mil vueltas a cualquiera. Pero también que, por tales características y otras, no cabía en ese proyecto.

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El adiós de un periodista

Querido lector:

Cuando los periodistas de mi generación comenzamos a ejercer recién salidos de las facultades, en Castellón había un puñado de informadores de generaciones anteriores que nos sirvieron de referencia. Cada uno a su manera y en su ámbito profesional. Eran los Paco Pascual, José María Arquimbau, Juan Soler, Eduardo Mas, Xavier Manzanet, Vellón, Monferrer, Chencho… y el ahora desaparecido Juan Enrique Mas.

Eran todos ellos periodistas de oficio más que contrastado que ejercieron la profesión en tres etapas históricas muy distintas pero apasionantes. Experimentaron el final de un régimen dictatorial, vivieron la transición política y comunicaron en el sistema democrático en el que convivimos ahora.

Uno de ellos fallecía ayer. El veterano periodista Juan Enrique Mas Molina. El recordatorio de su currículum basta y sobra para explicitar lo que fue y representó esa generación para Castellón. Trabajó en prensa, en Mediterráneo y en Castellón Diario, periódico que dirigió. Ejerció en radio muchos años, en RNE. Trabajó en televisión, dirigiendo Televisió de Castelló. Ejerció la profesión en el ámbito institucional como jefe de gabinete de la alcaldía de Castellón y en el ámbito empresarial como responsable de comunicación de Marina d’Or. Y reivindicó su profesión como miembro de la Asociación de la Prensa.

Es decir, como sus cogéneres, fue un periodista con mayúsculas. Trabajador incansable en todos los terrenos de este oficio y siempre coherente, honesto, respetado y maestro de periodistas de las siguientes generaciones. Y como tal, un referente singular en la sociedad de su querida Castellón a la que testimonió siempre con rigor y con amor.

Perteneció, en definitiva, a esa generación de comunicadores que profesionalizó y significó este oficio dándole su categoría con trabajo, meticulosidad, tesón y mucho sacrificio. Con su marcha, Castellón pierde. Y la profesión también. Ya no ejercía para los demás. Pero sí para él, porque como decía, un periodista nunca deja de serlo. Él fue fiel ejemplo de ello.

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Los debates ‘catastróficos’

Querido lector:

No me gusta la avidez política en relación a los fenómenos naturales de tipo catastrófico como el que está teniendo lugar estos días con las intensísimas lluvias que azotan la provincia de Castellón de norte a sur.
Suele ocurrir con todos los colores políticos. Por eso no me voy a referir a ningún caso ni partido concreto. Pero se ha convertido en habitual un cierto canibalismo político mediocre en medio de situaciones problemáticas de lluvias torrenciales, incendios, temporales marítimos…a fin de sacar una tajada que sinceramente creo que es muy dudosa.
Considero que no es bueno ni para la convivencia política, ni para la ciudadana ni tampoco para solucionar de urgencia los problemas que puedan surgir. Eso de pedir responsabilidades casi al minuto de producirse el acontecimiento negativo de que se trate lo único que puede ocasionar es una dificultad añadida a la hora de solventarlo.
Creo que los políticos que emplean estas tácticas no se dan cuenta de que en los momentos más complicados lo que debe hacerse es ofrecer ayuda para colaborar en su solución, facilitar en lo posible el trabajo de los profesionales (bomberos, policías, protección civil, servicios de emergencias…) dejar que los gestores políticos y administrativos adopten las medidas que consideren porque para eso es su responsabilidad…y después, una vez pasado el episodio que sea, realizar la labor política de exigir las responsabilidades que consideren oportunas, las explicaciones que crean necesarias, las críticas que deban realizarse o proponer las soluciones que se crean pertinentes para prevenir nuevos sucesos.
En medio de la búsqueda de desaparecidos, de salvamento o rescate de personas aisladas o atrapadas, de operativos de obras de urgencia…insisto, no creo que lo mejor sea iniciar debates políticos que solo llevan al encrespamiento, a la acritud y a la antipedagogía social. No solucionan nada y suelen ser baldíos además de improvisados porque no se conocen todas las circunstancias que concurren.
Después sí. Debe ser una obligación política ineludible, tanto de oposición como de gobierno.