Sobre el Autor: José Luis Valencia

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Director de El Periódico Mediterráneo.

Entradas por José Luis Valencia

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Normalidad con la lengua

Querido lector:

Cuando se revivió en Valencia el año pasado el conflicto de la lengua señalé que en Castellón desde hace mucho tiempo no existe ningún conflicto social ni político con el valenciano, un tema demasiado recurrente en tiempos preelectorales. Todas las fuerzas políticas tienen como referencia les Normes de Castelló del 32 para su uso, precisamente la base lingüística utilizada por la Acadèmia Valenciana de la Llengua desde su constitución. Y la ciudadanía emplea el valenciano con absoluta normalidad en sus relaciones sociales cotidianas.

Esa realidad se ha plasmado con la más absoluta de las normalidades con varias escenificaciones. La celebración en la Diputación de la junta de gobierno de la Acadèmia Valenciana de la Llengua en la que se ha acordado nombrar al maestro, poeta y gramático Carles Salvador, como escritor del año 2015.

Por el mensaje lanzado por el presidente de la Diputación, Javier Moliner, junto al presidente de la Acadèmia, Ramón Ferrer, en la defensa del valenciano, quien ha dado su apoyo a la labor de la institución valenciana en la defensa del valenciano como “un instrumento para unir pueblos y no dividir”, destacando que la lengua valenciana siempre “ha sido motivo de entendimiento y de nuevas oportunidades” e indicando la obligación de las instituciones de “buscar consensos para defender la lengua, cultura y tradiciones que nos han hecho grandes y unen como pueblo”.

Y por la actitud del presidente de la Acadèmia, sin entrar en las polémicas suscitadas por los partidos políticos y sus terminales mediáticas en el Cap i Casal en relación a las referencias a la lengua en el famoso borrador de las señas de identidad, más preocupadas por las rentabilidades políticas que por reflejar una realidad que en Castellón, como digo, no tiene ninguna consecuencia, ni ahora, ni en mucho tiempo.

Y lo más importante, ningún tipo de reflejo en la ciudadanía castellonense que ante las incitaciones a polemizar ha pasado totalmente de largo. Es más, ni siquiera se ha inmutado.

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Las malditas desaladoras

Querido lector:

A mí no me cuadran las cuentas que las dos principales organizaciones agrarias con implantación en Castellón, la Unió de Llauradors y Fepac, realizan en relación al agua de las desaladoras al pedir que se pongan en marcha estas infraestructuras paralizadas para poder regar ante los graves problemas de sequía que padece la provincia.

Ambas entidades agrarias reivindican que las desaladoras contribuyan ya al consumo humano para poder reutilizar ese agua al final del ciclo una vez depurada (desaladora-consumo-depuración) para el riego, señalando que aunque el precio del agua desalada sea más caro, al final es menor del que pagan ahora.

Y no me cuadran estas cuentas porque si al principio del ciclo el agua desalada es la más cara, al final del mismo también lo será. Y valga la causa de su falta de funcionamiento como ejemplo. Los alcaldes de las poblaciones para las cuales se ha invertido más de 150 millones de euros (Moncofa, Benicàssim, Orpesa, etc.) como alternativa del anterior gobierno a la suspensión del Plan Hidrológico que preveía el trasvase del Ebro, no quieren ese agua porque supondrá subir el recibo del agua a los vecinos. Sencillamente porque es más cara.

Las desaladoras se pensaron para municipios con un fuerte crecimiento poblacional y no se quiso suspenderlas a pesar de la fuerte inversión ante la evidencia de la crisis.

Y claro, ahora nos encontramos con dos infraestructuras millonarias sin utilizar. De ahí que los agricultores, acuciados por la sequía y el encarecimiento del agua para riego, propongan soluciones. Y esta podría ser una de ellas salvo por el problema, como digo, de lo elevado del precio que de inicio nadie, ningún alcalde en su sano juicio, quiere ni querrá pagar. Y que por tanto, si no hay contratantes tampoco habrá agua procedente de desaladora que finalice en depuración.

La sequía, de todas formas, precisa de políticas integrales y territoriales de agua. Esta podría ser una acción puntual, pero serían necesarias otras medidas para poder solucionar este endémico problema.

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Rajoy y Fabra, cara a cara

Querido lector:

Si Alberto Fabra fuera el populista Monago, el de Extremadura, a buen seguro hubiera aprovechado la visita de Rajoy a la Comunitat (a la Alicante de Sonia Castedo) para reivindicarse como el dirigente del PP que más se ha esforzado en apartar la corrupción, tanto de las plagadas filas que le dejó la herencia maldita de Camps en su grupo parlamentario, como en el partido y en la administración de la Generalitat.

Es pura matemática: antes de que acabe el año ya no habrá ningún diputado imputado por corrupción del PP en Les Corts, por ejemplo.

Algo de eso farfulló el lunes la mano derecha de Fabra en el PP valenciano, Isabel Bonig, aunque sin atreverse a expresar directamente que Rajoy debía hacer a nivel general en sus mentadas pero inacabadas medidas anticorrupción lo que Fabra sí ha acometido en la Comunitat durante los últimos tres años. No está el horno para bollos en el PP ahora mismo como para lanzarle recaditos al jefe y a la jefa (Cospedal). Pero esa era su intención a fin de rebelarse con ejemplaridad ante la avalancha de corrupción de las últimas semanas y de la torpeza expresiva de la secretaria general.

A Fabra le podrán achacar el tiempo empleado, criticar la estrategia de hechos consumados, valorar o denigrar su famosa línea roja (muy superior a la de Rajoy, como se está demostrando de forma demoledora), avisar de que aún quedan corruptos por limpiar o cuestionar las consecuencias (ha puesto en jaque a la jerarquía valenciana pepera sin cortarse un pelo con la consecuente conspiración para derribarle con la complacencia de Cospedal). Pero de lo que no le podrán acusar es de que hoy por hoy es el barón popular que más ha limpiado y de haber hecho lo que su jefe no se atreve.

Cuando ayer se reunieron en Alicante, Rajoy no le habrá acusado de soliviantarle a los empresarios valencianos porque los españoles se le han levantado por sí solos asustados por la deriva antisistema preelectoral, ni de haber limpiado poco. Habrá pensado a la gallega: “Si me lo cargo de candidato, yo también me tendré que ir en noviembre”.

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Presupuestos interpretables

Querido lector:

Ya me han escuchado más de una vez decir que los números son sufridos e interpretables aunque no lo parezca. Es lo que pasa siempre con los presupuestos públicos, que además de constituir la columna vertebral de la gestión de una institución o administración pública durante un ejercicio, son la base del sentido político que se le quiere dotar a ese ejercicio, que como bien saben, afecta a todos los administrados.

Es el caso del proyecto presupuestario presentado ayer por el Consell de la Generalitat para 2015, un año electoral inmerso en una situación política complicada y repleta de más incertidumbre que nunca.

Esta circunstancia, irremediablemente, implica interpretación política inmediata de los números. Y lo que se desprende del proyecto presentado es que son unos presupuestos lo más electoralmente posibles dentro de la línea de contención del gasto por la situación financiera de la Generalitat. Aumenta un 7,2% en relación al de 2014, prevé más inversión, destina más fondos para el personal funcionario de la administración autonómica e incrementa en mayor medida las partidas de sanidad, educación y bienestar social y las de fomento del empleo. Oficialmente son unas cuentas que se enmarcan en un escenario de “consolidación” de la recuperación económica, en palabras del conseller de Hacienda, Juan Carlos Moragues, ya que prevén un crecimiento del 2,1% para 2015 en la Comunitat y de creación de 75.000 empleos, en sintonía por ejemplo con las previsiones que ayer mismo presentaba el BBVA en Castellón. Un punto de vista, con el que la oposición, por supuesto, no está de acuerdo.

En relación a Castellón, el incremento es mayor, supera el 11%, consolida inversiones ya en marcha, algunas importantes en la capital de la Plana, por ejemplo, aunque no apuesta por casi ninguna nueva.

En definitiva, dan la sensación de ser unos presupuestos optimistas, si tenemos en cuenta la infrafinanciación que sufre la Comunitat, para unos electoralistas y para los autores, realistas con la incipiente recuperación. Ustedes mismos.

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Podemos se destapa

Querido lector:

Si les digo que la clase política de los partidos tradicionales (léase PP, PSPV, EU o Compromís) está conmocionada con la nueva fuerza surgida a partir de las pasadas elecciones europeas, Podemos, no les digo nada nuevo, porque se intuye y se corrobora todos los días.

Si les digo que los escándalos que nos sobresaltan casi todos los días sin tiempo a digerirlos (los políticos Púnica, Gurtel, Eres, Pujol… o los bancarios de las tarjetas black de Caja Madrid o los de la CAM, Bankia, Novacaixa, Caixa Catalunya…) no hacen sino alimentar la capacidad electoral de esta fuerza de carácter populista y de dirección férrea.

Si les digo que la incapacidad manifiesta de los partidos mayoritarios en acometer medidas de consenso de lucha contra esta lacra desencanta cada día más a la ciudadanía, tampoco les digo nada nuevo porque usted mismo seguro que lo piensa y le produce desafección, desconfianza y rechazo.

Y por último, si les digo que la incertidumbre política, social y económica que es lógico que se desprenda de estas situaciones y sensaciones que les relato, está creando psicosis de temor a un futuro desconocido de inestabilidad en unos y esperanza a un futuro de cambio radical en otros, también me darán la razón.

Ahora mismo, nadie tiene una respuesta. Ni el sistema, ni sus actores. Lo único que puede analizarse es el día a día. Y aquí en Castellón, lo que parece claro y fehaciente, cara al futuro político, es que Podemos aun sin articularse completamente, ya ha dejado claras varias premisas.

Por un lado, que a pesar de la directriz nacional, en Castellón ciudad presentarán candidatura municipal, aunque sea con otra marca. Y se creen con tanto poder que advierten a Esquerra Unida y a Compromís, que si quieren ir con ellos deberán “disolverse” (empleo palabras textuales de su comparecencia informativa de ayer), es decir, deberán abandonar sus marcas electorales o siglas. Y es más, que en las listas mandarán ellos y colocarán a los candidatos en el lugar que ellos decidan. Y que el PSPV es tan casta como el PP y que… ¡¡¡uff!!!

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El convenio del azulejo

Querido lector:

Las negociaciones de los convenios del azulejo entre la patronal Ascer y las centrales sindicales, salvo en algunos momentos complejos, siempre han acabado llegando a buen puerto con la ratificación de los acuerdos por ambas partes. Ha habido épocas con situaciones de tensión y otras más relajadas, pero en general podríamos hablar de un sector que ha sabido establecer históricamente la convivencia necesaria para el normal desarrollo de las relaciones laborales entre empresarios y trabajadores.

Ayer, con la primera reunión, se inició el periodo de negociación para las condiciones del nuevo convenio. Y como ha ocurrido en otras ocasiones, las propuestas serán muy dispares. Los empresarios han planteado lo que podríamos denominar un convenio de crisis, con propuestas de aumento de jornada, de flexibilidad horaria en función de la producción, de congelación salarial o de supresión de la antigüedad, entre otros, lo que ha soliviantado a los representantes de los trabajadores que ya han advertido de que en la siguiente reunión donde plantearán las suyas, tras analizar y dar a conocer la oferta patronal, estas serán también de máximos.

Y como siempre ha pasado, las posturas parecerán tan dispares que dará la sensación de que serán irreconciliables y que terminarán en conflictividad laboral.

Para el sector, castigado por la crisis con cierres de empresas y pérdida de miles de puestos de trabajo sobre todo entre 2008 y 2010, pero que en los últimos años ha sabido sobreponerse, parar la sangría y volver a índices de crecimiento leves pero sostenidos gracias a su tradición y apuesta por los mercados exteriores que suponen el 90% de la facturación actual, una conflictividad laboral aguda sería la peor de las noticias. Más cuando se avecinan, cuando menos, unos meses complicados por la nueva ralentización de la economía europea y el menor crecimiento de la mundial.

De ahí que deberemos confiar en que la tradición negociadora de la que hablaba sea posible. La economía de Castellón la necesita.

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¿Por qué tarda tanto la fiscalía?

Querido lector:

En Castellón el debate sobre el fallido proyecto Castor saltó ayer a la arena política. Tinta y tiempo se han gastado por doquier desde que en aquel septiembre del 2013 los municipios costeros del norte de la provincia y del sur de Tarragona comenzaron a temblar cuando se inyectó el gas en periodo de pruebas en el depósito marino. Pero más tinta, tiempo y dinero hay gastado desde que hace varios años se decidió ubicar frente a la costa de Vinaròs un proyecto gasístico estratégico nacional con su correspondiente planta terrestre… sin las totales garantías geológico-ambientales como bien se ha demostrado en este último año.

Y es lógico que el debate político se suscite. La chapuza de semejante proyecto va a costar a los bolsillos de todos los españoles más de 1.300 millones de euros, como desde esta tribuna se ha dicho continuamente desde los terremotos. Y esta cantidad, por solo compararla con algo reciente, es cinco veces superior al desfalco producido por la trama corrupta recientemente desarticulada en Madrid en la operación Púnica.

Para el Partido Popular es clara la responsabilidad del Gobierno de Zapatero que aprobó, desarrolló y estableció las condiciones para la construcción del megaproyecto. Para el PSPV la responsabilidad de la repercusión del coste en los consumidores y la indemnización a la empresa que gestionó el proyecto, es del Gobierno actual de Rajoy.

Juzguen ustedes mismos sus argumentos y opinen. Para ello les añado una circunstancia nueva que, fuera de la política, no acabo de comprender y que podría dar luz a la hora de clarificar su juicio. Se trata del dictamen que la Junta de Fiscales de Castellón debe hacer público sobre la investigación que ha seguido de este asunto y que se inició como consecuencia de los seísmos. No dirime sobre el rifirrafe político pero sí sobre algunas cuestiones que posteriormente pueden afectarlo.

Hace unas semanas se anunció de motu propio por parte del fiscal jefe la inminencia de su resolución, pero transcurridas varias semanas aún ni saben y ya ni contestan.

¿Por qué?

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Hacer ciudad es inversión

Querido lector:

Los ayuntamientos de la provincia de Castellón andan estos días elaborando los presupuestos municipales para el electoral año 2015. A buen seguro, tras los ajustes realizados en los ejercicios anteriores provocados por la crisis, por la caída de ingresos, por el aumento del gasto social y por la necesidad de hacer más eficiente la administración local, todos ellos por fin van a poder bajar o congelar impuestos y tasas y programar las inversiones que no han podido desarrollar.

La mayoría de ellas en la forma clásica. Pequeñas infraestructuras, arreglos, obras… en lo que se conoce como pequeño urbanismo generalmente correspondiente con los presupuestos participativos pactados con los vecinos, articulados en asociaciones vecinales o colectivos ciudadanos y profesionales.

No hay dinero para grandes inversiones, pero sí un aprovechamiento eficiente de ese dinero repartido por toda la ciudad o pueblo en pequeñas obras que, junto al mantenimiento o incluso aumento del presupuesto en gasto social, supondrá la principal acción municipal.

No obstante, los consistorios de la provincia de Castellón no deberían olvidar una cosa importante. También existen otro tipo de inversiones que es necesario realizar. La ciudadanía, una vez cubierto el presupuesto corriente de prestación de servicios y de inversiones, también demanda imaginación e iniciativa.

Aunque muchos alcaldes temen la demagogia de las críticas a la hora de programar las fiestas, la cultura, el deporte, la promoción turística o cualquier otra actividad municipal que se salga del políticamente correcto y mal llamado presupuesto básico, es su obligación hacerlo.

Su pueblo y su ciudad necesitan este tipo de acciones, que además de crear convivencia ciudadana, promocionan la localidad, atraen visitantes y generan confianza.

Un ejemplo reciente es el festival promovido por el alcalde de Castellón Alfonso Bataller, Mare Nostrum. Y hay muchos más a la hora de hacer pueblo o ciudad, cada uno con sus posibilidades. Si no, nos podrá la melancolía.

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Castellón, costa de mosquitos

Querido lector:

Fíjense qué cosas tiene la vida. Esta semana que hoy acaba estoy convencido de que lo más comentado entre los castellonenses no han sido los escándalos de las tarjetas de Caja Madrid, ni el cansino debate sobre el sucedáneo de consulta del 9-N en Cataluña, ni las huelgas cada vez con menos adeptos de los estudiantes de Secundaria, ni el dichoso ébola, ni las polémicas creadas con un TRAM que aún no ha comenzado a circular, ni el clásico Madrid-Barça, ni siquiera los multitudinarios encierros de la Fira d’Onda, o el nuevo invento de la Generalitat para, de una vez por todas, proteger y promocionar el bou al carrer que tantos y tantos adeptos tiene en Castellón…

Estoy casi seguro de que lo que más ha calado entre los castellonenses, por molestos y porque los hemos sufrido prácticamente todos en algún momento determinado estos días, han sido los mosquitos.

Y no lo digo de forma gratuita. Las farmacias, parafarmacias y supermercados están dispensando estos días más productos para tratar y luchar contra estos molestísimos insectos que en verano. Y ya es decir, porque esta temporada estival ha sido la peor en muchos años. Tanto, que con el calor inusual de septiembre y octubre no ha habido prácticamente diferencia entre verano y otoño con estas plagas que han sacado los colores a las administraciones responsables de la salubridad pública. Desde la Generalitat hasta los ayuntamientos. Todos han demostrado una dejadez y una falta de rigor a la hora de realizar, primero los pertinentes trabajos preventivos, y en segundo lugar los necesarios esfuerzos para atajar las plagas existentes.

Cuando se ha denunciado el problema ya era tarde. Y cuando se han puesto a analizarlo, ya en octubre, el calor les ha vuelto a sobrepasar. A los ayuntamientos porque no han destinado presupuesto ni medios. Y a la Generalitat, sencillamente porque no tiene ni un euro. Así las cosas ha tenido que ser la Diputación quien se haga cargo del problema. Y esperemos que lo haga bien. Si no, el verano que viene, Castellón será de nuevo la costa de los mosquitos.

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De la realidad a la política

Querido lector:

Si leyeron esta columna ayer me pueden considerar pesado por insistir hoy en lo mismo. Pero qué quieren que les diga. Me siento obligado a insistir porque es lo que percibo cada vez que, simplemente, voy por la calle y hablo con la gente.

En Onda estos días de fiesta almorzando, de marcha por los numerosos casals o asistiendo a encierros y bous per el carrer, por Castellón tomando un café y escuchando a decenas de músicos en cada esquina de la ciudad, en el Madrigal viendo al Villarreal propinándole cuatro dianas a un equipo suizo que venía casi de vacaciones y cuyos educados y supuestamente serios aficionados dejaron porquería como si hubiera pasado una banda de vándalos o en la triste Burriana donde se espera con ansia las fiestas privadas de las fallas para poder tener una alegría.

¿Y qué es lo que se percibe? Pues dependiendo de con quién hables, cada uno su tema propio, lo que te lleva a considerar como verdad absoluta el tópico del individualismo castellonense o valenciano. Y lo bueno es que ninguno hace referencia a cuestiones colectivas de rifirrafes polìticos, ni a candidaturas, ni a primarias, ni a cosas de estas que tanto nos parecen importar a los periodistas y que creemos fundamentales, más allá del escándalo de las tarjetas o los Pujol, del generalismo de que todos los políticos lo son por conveniencia o por corrupción o las polémicas con el dichoso ébola que al final acabará en la telebasura.

No, la realidad es mucho más sencilla y por sencilla complicada por múltiple. Y especialmente significativa en relación a las cuestiones económicas, que para eso estamos en Castellón, donde la pela se mira incluso más que en las tierras de nuestros vecinos del norte.

A la gente de la calle le preocupa lo que le preocupa. Su pervivencia económica, su puesto de trabajo en la azulejera, lo duros que son los bancos para créditos o liquidez, si cobrará la naranja, la mayor o menor afluencia a su negocio, la falta de rigor en la enseñanza, su asistencia sanitaria… Es decir, los problemas reales y diarios. Esos a los que los políticos suelen dar la espalda.