Sobre el Autor: José Luis Valencia

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Director de El Periódico Mediterráneo.

Entradas por José Luis Valencia

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Los retos de los alcaldes

Querido lector:

El mismo día que el Estudio General de Medios vuelve a reafirmar el liderazgo de Mediterráneo en la prensa de la provincia, además con un aumento que supone triplicar a la suma del resto de los medios escritos que se publican en Castellón, el diario decano reunía en un encuentro ya tradicional cada legislatura de confraternización a cerca de 100 alcaldes castellonenses. Todos ellos con el reto de cuatro años de gestión municipal por delante, apasionantes y de mucho trabajo, a fin de dar el mejor y más cercano servicio público a sus vecinos.

Los mandatos municipales que ahora comienzan han traído consigo varias claves y retos que ya empiezan a aplicar todos ellos en sus respectivas poblaciones, cada una con su idiosincrasia particular, pero con varios cuestiones comunes.

En primer lugar, la política municipal castellonense va a tener que madurar en el gobierno de los pactos. El vuelco electoral del 24-M ha obligado a consensuar políticas, programas y personas y, sin duda, será un reto importante mantenerlos ante las no pocas dificultades que se irán encontrando.

En segundo término, los ayuntamientos se enfrentarán a la crisis. No tanto interna puesto que la mayoría de ellos ha hecho los deberes en los últimos años saneando cuentas públicas, reduciendo deuda y aplicando políticas de eficiencia, sino con los sectores de la población más débiles a los que ya han comenzado a destinar remanentes con políticas sociales de emergencia.

En tercer término, los nuevos equipos municipales se enfrentan al reto de la transparencia y la participación vecinal. El ciudadano en épocas difíciles quiere saber a qué se destinan sus impuestos y quiere participar y decidir no solo cada cuatro años sobre la política a la que más acceso tiene.

Y, por último, pero el más importante. Los ayuntamientos, aunque no tienen competencias directas sobre el empleo, deberán encaminar sus políticas a facilitarlo. Y en este capítulo, la inversión es básica, especialmente con empresas y proveedores propios del municipio.

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Hay que invertir en turismo

Querido lector:

Una gran parte del futuro económico de la provincia de Castellón pasa por el turismo. Todos los expertos lo señalan como el sector con más potencial de crecimiento y nunca nos cansaremos de insistir, desde el sentido común, en que no puede ser de otra forma. Castellón tiene mar, Castellón tiene montaña, Castellón tiene clima benigno, Castellón tiene patrimonio, cultura, gastronomía, historia, deporte, tradiciones, música… y Castellón debe tener iniciativa emprendedora empresarial, Castellón debe tener unas administraciones que también la tengan y Castellón debe tener una política de planificación estratégica para el crecimiento turístico que combine lo público y lo privado, cada parte en su ámbito correspondiente.

Vamos saliendo de la crisis muy poco a poco. Y todo el mundo está de acuerdo en que el principal factor para consolidar esa salida, acelerarla y establecer sólidas bases para el sostenimiento económico posterior, es el empleo. Un empleo digno que permita que la rueda económica esté engrasada. Empleo, consumo, financiación, inversión…. Y el turismo es, como digo, uno de los sectores más potentes que posee en ciernes Castellón para desarrollar nichos de empleo. Y debería ser uno de los sectores, por tanto, por los que se debería apostar de forma decidida, aunque creo que no lo estamos haciendo del todo bien, ni por la parte pública ni por la privada.

Invertir en promoción turística, incentivar negocios turísticos y entender que eso no es tirar el dinero aunque padezcamos necesidades sociales perentorias, no lo estamos concibiendo del todo bien.

Nos parece que invertir en comunicación, promoción o eventos para que vengan turistas y visitantes no es lo mismo que invertir en un laboratorio o en una fábrica de azulejos. No estamos entendiendo que el turismo es un macrosector que implica a otros: a investigación, a innovación, a la construcción de obra pública, a la construcción de obra privada, al conocimiento de lenguas, a inversión en educación, al transporte, al comercio, a la producción de mil productos de consumo (alimentario, textil, artesanía…), a la industria de la cultura…

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Que no olviden a Castellón

Querido lector:

Los dos nuevos consellers de Castellón, María José Salvador, en Vivienda, Obras Públicas y Vertebración; y Vicent Marzà, en Educación, Investigación, Cultura y Deporte, tienen ante sí retos importantes. Sus primeras intenciones las plasmaban ayer tras tomar posesión de sus carteras correspondientes.

La primera, tal y como ya adelantó a Mediterráneo, señaló varias: políticas antidesahucios para primar el derecho de las personas a la vivienda, políticas de vertebración del territorio, incentivar la rehabilitación de viviendas como elemento de dinamización del sector de la construcción para la creación de empleo o la defensa y potenciación del corredor mediterráneo.

Marzà, por su parte, señalaba la potenciación de la escuela pública, la promoción y defensa del valenciano, el diálogo como elemento de búsqueda del consenso, las condiciones de trabajo de los interinos, la problemática de las unidades escolares o la inmediatez del inicio del próximo curso para el que se decidirá su retraso hoy mismo.

Para ambos surgirán más, claro está, conforme vayan abordando problemas. Al igual que le ocurrirá a Francesc Colomer, titular de la Agencia Valenciana de Turismo, una especie de conselleria en sí misma destinada exclusivamente a gestionar el principal sector económico de la Comunitat. Pero desde Castellón debemos decirles que hay una prioridad básica, transversal a todas sus medidas expresadas en sus programas electorales, que no deberían olvidar en todo su mandato. Es muy sencilla y al expresarla puede parecer incluso discriminatoria, pero para nuestra provincia es muy necesaria. Simplemente, que no se olviden de Castellón.

Y señalarlo no es provincianismo ni prejuicio de vertebración, ni nada de esto. Es sencillamente una justicia histórica con el territorio menos beneficiado por las políticas de gestión autonómica en los últimos 35 años, que han primado en demasía a Valencia y Alicante, en detrimento de una tierra que casi por sistema se ha tenido que sacar las castañas del fuego por sí misma.

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Los cuatro de Castellón

Querido lector:

De los diez miembros del nuevo Consell de la Generalitat, tres son castellonenses. El propio president, Ximo Puig, y los dos nombres elegidos para desempeñar las carteras de Vivienda e Infraestructuras, María José Salvador (PSPV), y de Educación, Vicent Marzà (Compromís), fruto del pacto entre las dos fuerzas del bipartito tras el 24-M.

Ambos han supuesto las dos sorpresas del nuevo gobierno valenciano, puesto que ninguno había sonado en las quinielas últimas. Especialmente Marzà, tras el fuerte debate interno de la coalición Compromís en relación al nombre puesto encima de la mesa por Enric Morera para consellera de Educación, la alicantina Gràcia Jiménez, que no gustaba a gran parte de la coalición ni tampoco al PSPV, a su vez en plena vorágine negociadora con Compromís sobre el reparto de las carteras de Sanidad y de Educación. Todo indica que finalmente el perfil del castellonense Marzà, del Bloc y más moderado aunque también perteneciente a Escola Valenciana, ha ayudado a engrasar las diferencias tanto en el seno de Compromís como en el mismo PSPV, que ha aceptado comerse el marrón de Sanidad y ceder finalmente la perla de Educación a la coalición nacionalista, deseada por ambos.

María José Salvador, por su parte, tampoco había sonado en ninguna quiniela. Todo indica que la hija del histórico socialista vallero Benjamín Salvador, ha ocupado la cartera que hubiera correspondido a Francesc Colomer tras su obligado y breve paso por la presidencia de Les Corts, como necesario servicio personal a Puig en el complicado proceso negociador del pacto y antes de traspasar el cargo a Compromís para que lo ocupe Morera, según establecía el acuerdo. Salvador, no obstante, dado su intenso trabajo en estos años, ha sido muy bien vista por colectivos y empresarios del sector.

Pero Castellón tendrá lo que podríamos denominar un cuarto conseller. El destino de Colomer aunque sin la nomenclatura de conseller, será el de responsable de la Agencia Valenciana de Turismo, el principal sector económico de la Comunitat y especialmente importante para Castellón.

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Las nuevas formas políticas

Querido lector:

En distintos ámbitos y al calor de los nuevos pactos políticos que sustentan una buena parte de ayuntamientos de la Comunitat Valenciana, entre ellos Castellón, así como la misma Generalitat, estamos asistiendo a un constante bombardeo de nuevas formas y nuevos modos de presentarse ante la ciudadanía y nuevas formas y nuevos modos de iniciar las nuevas andaduras políticas. La mayoría son gestos en busca de la normalidad, de la cercanía, de la transparencia. Se adoptan con el objetivo prometido de cargarse la idea de que la autoridad electa no está por encima del ciudadano de a pie, sino que emana de él y por tanto está a su servicio, se sitúa a su mismo nivel y debe estar controlada y supervisada hasta con una mera observación formal.

Desde ir andando, en bici o en transporte público en el ejercicio del mandato de alcaldes, diputados o ediles; abrir las puertas de los edificios oficiales para visitas ciudadanas o emplear vestimentas informales en vez de trajes y corbatas… por solo citar algunos de los nuevos elementos de instrospección ciudadana, hasta medidas regulatorias de la nueva austeridad prometida, como la supresión de coches oficiales o de protección policial directa de las autoridades elegidas, la reducción de percepciones pecuniarias de alcaldes y ediles, del número de asesores o de cualquier gasto que pueda ser considerado superfluo o que pueda suponer indicio de exceso en el ejercicio del poder… estamos asistiendo a una etapa de nuevas formalidades y de fiebre de medidas inspiradas en la supresión de la casta pública y de igualación política y ciudadana.

Es la reacción formal lógica a la crisis y a las consecuencias de la crisis en cuanto corrupción política adjunta, abusos y delitos de cuello blanco en el sistema financiero, tardanza infinita de la justicia en juzgar la injusticia y las fuertes medidas de control y austeridad impuestas, que han provocado el descontento y la protesta social continuada durante ya 8 años ante todo lo que suponga ejercicio de autoridad. Y es la reacción lógica de los nuevos ejercientes de esa misma autoridad.

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La escapada de Montoro

Querido lector:

No sé si se había hecho adrede pero lo cierto es que el asunto tenía sorna. Si hay un ministro protestado, reclamado y nada apreciado en la Comunitat casi unánimemente por todas las fuerzas políticas, también el PP, ese es, sin duda, el titular de de Hacienda. Y precisamente iba a ser Cristóbal Montoro el representante institucional del Gobierno central en la toma de posesión del nuevo presidente de la Generalitat, Ximo Puig, mañana domingo.

Todo indica que desde el PPCV habrán hecho los deberes y se habrá avisado a Madrid de que precisamente Montoro no era el ministro adecuado para este acto institucional. La excusa para ser sustituido por el ministro de Justicia, Rafael Catalá, en la tarde de ayer, después de comunicar horas antes a Montoro, ha sido que este ya asistió a la toma de posesión de Susana Díaz recientemente y la indicación de Moncloa es que los ministros se vayan turnando en la asistencia a las distintas tomas de posesión.

Pero lo cierto es que en principio parecía una provocación y sin duda la peor forma de iniciar unas relaciones, que ya de por sí se prevén difíciles, con uno de los asuntos más espinosos y enquistados entre Valencia y Madrid, como es la financiación. Una provocación o una mala jugada política que daría alas y levantaría a un Puig que sin lugar a dudas aprovecharía la ocasión.

Si el anterior presidente Alberto Fabra ya se granjeó el rechazo del Gobierno de Rajoy, de su propio partido, con la reivindicación de una mejor financiación, el nuevo gobierno de Ximo Puig ha puesto el tema en la primera línea de ataque junto a la reclamación de la deuda histórica con la Comunitat cifrada en su discurso de investidura en 16.000 millones, además de la necesidad del cambio de modelo.

El tema va a ser el de mayor calado político entre ambas administraciones en los próximos meses. La semana que viene comenzará ya la batalla con la convocatoria del Consejo de Política Fiscal. Y continuará sin descanso como tema recurrente electoral hasta las generales. Va en ello nada menos que la capacidad o no de la Comunitat de gestionar su propia autonomía financiera.

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Los retos de Ximo Puig

Querido lector:

Los retos del nuevo presidente de la Generalitat valenciana, el sexto y el segundo consecutivo proveniente de la provincia de Castellón, son enormes. Y así lo evidenció ayer en el discurso de investidura a través de sus cinco ejes programáticos.

A ambos castellonenses, Alberto Fabra y Ximo Puig, al primero le ha tocado y al segundo le va a tocar, las etapas más difíciles de gestión del gobierno de la Comunitat Valenciana de la historia reciente.

El primero lo reconocía ayer en su discurso como portavoz del grupo parlamentario popular en la sesión. La crisis y la corrupción han sido sus talones de Aquiles. Su balance era complaciente consigo mismo, claro, pero reconociendo que en relación a la corrupción se ha quedado corto (en realidad su partido no le ha dejado más) y en relación a la crisis ha tenido que gestionarla con los menores recursos posibles, lo que le ha llevado a adoptar las decisiones más duras, concluyendo que con menos no se podía hacer más.

Y el segundo, el nuevo presidente, implícitamente también avanzaba las tremendas dificultades a las que debe enfrentarse. Sus cinco ejes de gobierno con las 44 medidas hablaban por sí solas de los retos a los que va a enfrentarse. Y aunque el principal de la lista, la coordinación y convivencia en un bipartito con Compromís y el apoyo parlamentario crítico y supervisor de Podemos, no era mencionado como tal y Ximo Puig lo convertía en valor y en garantía, no va a dejar de ser una constante de complicaciones durante su mandato. Será inevitable por la diferencia de intereses de cada una de las fuerzas pactantes, será inevitable especialmente tras la incógnita del nuevo escenario que vendrá tras las elecciones generales y será inevitable también porque muchas de las medidas que deberán adoptar como ejecutivo van a suponer un gasto que va a chocar a las primeras de cambio con la quiebra de las cuentas autonómicas.

Una quiebra que precisa de una financiación que nuestra Comunitat no tiene y a la que el ministro Montoro no parece muy proactivo a solucionar, más bien al contrario, según ha dejado entrever estos días. Con Fabra nunca lo hizo.

 

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La templanza de un gobierno

Querido lector:

Tras los resultados del 24-M y la nueva mentalidad política que tiende a instaurarse en relación a nuevos modos y formas de actuación en los responsables públicos, discernir de la moda puede parecer políticamente incorrecto. No obstante, la política en mayúsculas, que es la que en realidad exige la ciudadanía, requiere decisiones políticas valientes, mucho más transcendentes de la gestualidad propia de lo que vemos en estos inicios y que por cierto, era necesaria y es una buena introducción para identificar cambios y las nuevas formas de actuación.

En este sentido, es básico poner en valor la figura de estabilidad y control de la situación que debe desprender el nuevo presidente de la Generalitat y su gobierno. Quizá el polvo no deja ver el poso, pero la realidad más descarnada que debe destacarse es que la sociedad valenciana, según se desprende de la realidad del voto manifestado, ha buscado sin lugar a dudas el cambio en relación a lo anterior, pero siempre en términos relativos y nunca con una radicalidad absoluta.

Cambio sí, pero sin una revolución. Más atención a las capas desfavorecidas por la crisis, cambio en las formas autoritarias de hacer política, poner coto a los desmanes bancarios, freno total a cualquier viso de corrupción, solidaridad con muchas de las injusticias provocadas por esa autoritas de poder mal entendida, reivindicación de los valores reales de una Comunitat denostada en los últimos años, su lengua, su cultura, su identidad… pero también y no lo olvidemos, un cambio de política económica tendente hacia una economía más productiva, más sostenible, más industrial, más tecnológica, menos especulativa y subvencionable y de pilares más fuertes frente a las crisis.

Tanto el PSPV de Puig como el Bloc de Morera lo han entendido bien. Y parece que están sabiendo conducir finalmente el cambio social requerido con la templanza necesaria para que la sociedad valenciana no cruja, adopte bien esos cambios y al mismo tiempo vea en ellos una oportunidad sin temor a radicalidades extremas.

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El pacto entra en la recta final

Querido lector:

Va a ser difícil hasta el final. Conforme se apuran los plazos hay nuevas circunstancias que dan cuenta de las complicaciones y dificultades para el pacto de gobierno de la Generalitat valenciana. Faltan aún por definir las consellerías de más presupuesto y las más sensibles en relación a la ciudadanía: Sanidad y Educación. El argumento formal de que la gestionarán dos independientes cada vez pierde más fuelle. En el fondo está, sin duda, la dura negociación de qué partido gestiona cada una de ellas, aunque todo indica que PSPV se quedaría Educación y Compromís, Sanidad.

Además de este importantísimo fleco que no se cerró la pasada semana, hoy mismo los tres líderes de las formaciones del pacto del Botánico Ximo Puig (PSPV), Mònica Oltra (Compromís) y Antonio Montiel (Podemos), que permitirá la investidura de Puig como president, la definición del programa tripartito de legislatura y la conformación del Consell, tienen un importante cara a cara, donde deberán ajustar y limar las posibles discrepancias, especialmente de Podemos, que ya avisó de la supeditación del voto a dicha reunión y al decálogo de medidas que el Consell debe acometer en sus primeros 100 días. Todo a 24 horas de la sesión de investidura del jueves que precisa del voto afirmativo de los tres grupos.

Posteriormente, deberá ser el domingo y no el sábado cuando Puig tome posesión de la presidencia en una sesión inaudita en festivo debido a los plazos del BOE pero sobre todo a que Compromís ha convocado precisamente el sábado su Consell General para ratificar el pacto de gobierno.

Y por último, ese mismo domingo de toma de posesión del nuevo presidente o el lunes a más tardar, será cuando los valencianos conozcamos la composición del nuevo gobierno valenciano… si todo va rodado en estos cinco o seis días de infarto político y de aún intensísimas negociaciones por cerrar.

La concreción del pacto, a pesar de la manifiesta voluntad política, no está siendo fácil. Como tampoco lo será llevarlo a cabo, sin duda.

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Parlamento provincial

Querido lector:

Hoy comienza una nueva legislatura para la Diputación Provincial, el ayuntamiento de ayuntamientos, como gusta decir y la institución provincial propia castellonense.

Tiene mayoría absoluta el PP de Javier Moliner, pero el arco político es más plural y a buen seguro esta circunstancia determinará también una vida parlamentaria más plural, más política y de mucho más debate. Cinco grupos políticos (PP, PSPV, Compromís, Ciudadanos y Castelló en Moviment) lo garantizan.

No obstante, más determinante incluso que esta particularidad de la actual legislatura provincial, será la mayor disparidad democrática de los gobiernos de los diferentes municipios de la provincia, especialmente en los más grandes.

Los resultados del 24-M y la política de pactos desarrollada principalmente por PSPV y Compromís (a veces acompañada de las marcas locales de Podemos, de EU) y en otro ámbito ideológico también por Ciudadanos, han concluido un cambio sustancial en la gobernanza de esos ayuntamientos lo que determinará también una nueva relación con la institución provincial que los provee de inversiones y servicios.

Es muy probable que con ambas características, más pluralidad en la institución y más pluralidad en los grandes ayuntamientos, los diferentes partidos que en sus idearios llevan la propuesta de la supresión de las diputaciones, la aparquen y utilicen la institución para hacer política, política provincial y política municipal. Y es una circunstancia que no está nada mal porque a veces Valencia queda demasiado lejos de Castellón (no tanto por la distancia como por el manido centralismo del Cap i casal) y la percepción autonómica de la política valenciana se nos escapa desgraciadamente a los castellonenses.

Si es así, los partidos políticos castellonenses tendrán un nuevo escenario para hacer política, lo que sin duda redundará positivamente en la ciudadanía, que la concebirá más cercana, más accesible y por tanto más propia. Dependerá, claro, de su voluntad. Pero se trata de un nuevo ámbito, que pocos imaginaban hace unas semanas, y que ahora se convierte en oportunidad.