0

El gran pecado de profesionalidad de Bruno Soriano

Hoy quiero hablar de Bruno Soriano. Sí, creo que se lo merece. Siempre digo que necesito las palabras de aliento cuando las cosas no me van bien dadas, porque en los buenos momentos los refuerzos anímicos no son necesarios y ayudan más cuando provienen de mi gente, la que quiero y aprecio. Bruno es uno de los mejores profesionales que he conocido en el mundo del fútbol. Un tipo que sabe lo que es trabajar duro para ganarse un sueldo, que ha llegado a lo que es con mucho esfuerzo y cuya eclosión como futbolista de élite llegó muy tarde. Es del Villarreal de la cabeza a los pies. Ahora no pasa por su mejor momento deportivo y por eso hoy quiero hablar de él, porque también lo he hecho cuando me hizo disfrutar con su fútbol con locura, porque él es una gran parte del éxito de lo grande que hoy es el Villarreal.

Ayer, cuando el capitán salió por la zona mixta del Camp Nou y pidió disculpas por su error en el primer gol del Barcelona, ya estaba barruntando que hoy mi Directo iría dedicado para él. Bruno quiso descargar en su persona la responsabilidad de la derrota en el Camp Nou con la misma humildad que en otras muchas ocasiones delegó la gloria del triunfo en sus compañeros. ¿Qué voy a contarles yo de Bruno que ustedes no sepan? Para mí es el mejor jugador de la historia del Villarreal por muchos y variados motivos, entre ellos porque se ha criado como futbolista en la Ciudad Deportiva de Miralcamp y él representa muchos de los valores que se enseñan en la escuela del Villarreal.

Bruno es un ganador nato. Y siempre quiere jugar, incluso cuando no está en las mejores condiciones físicas para competir. Los médicos del club amarillo siempre le ponen como ejemplo de poseer un umbral de aguante del dolor muy alto. El futbolista de Artana ha jugado muchos partidos con molestias físicas, después de aquella grave lesión que sufrió en otra visita al Camp Nou. Marcelino tiene un pesar interior de que probablemente le dejaron volver a jugar demasiado pronto y eso le ha perjudicado en su recuperación. Es el pecado de ser un profesional como la copa de un pino. Para Marcelino, Bruno Soriano es algo más que el mediocentro sobre el que gira el juego del Villarreal. Mateo Musacchio se encuentra en una fase similar y por ello nadie quiere precipitarse con su regreso.

El sábado por la noche compartí una agradable tertulia de fútbol con un tipo al que tengo un aprecio especial, por el equilibrio y el positivismo que siempre se desprende de sus comentarios: Ángel Pichi Alonso. El exjugador de equipos como el Barcelona, el Castellón, el Zaragoza y el Espanyol, ahora analista de lujo de Canal Plus, me comentaba que este pasado domingo en el Camp Nou se iban a enfrentar los dos mejores mediocentros españoles de la Liga: Bruno y Sergio Busquets. En opinión de Pichi, con el de Artana no se había hecho justicia a su calidad con más participaciones en la selección española. Para él, Bruno debía ser uno de los fijos en las convocatorias de la Roja. Pienso lo mismo que mi estimado Pichi.

Todos sabemos quien es Bruno y lo que representa. Por eso les pido una ovación de gala para el gran capitán del Villarreal. De puertas para adentro, todos le aprecian, le valoran y le respetan. Nos ha dado tanto… y nos lo va a seguir dando. Estoy seguro porque el primero que sabe que tiene que mejorar es él y Bruno es el primero en exigirse a sí mismo el máximo. Pronto volverán las brujerías del Brujo de Artana.

Y acabaré con un frase de otro fenomenal deportista, como es el atleta del Playas de Castellón Abderrahman Ait Kamouch, tres veces medallista paralímpico: “Si quieres la miel, aguanta la picadura de las abejas”. Vivía en el desierto cuando, de niño, se cayó a un pozo y se fracturó un brazo. Las deficientes condiciones sanitarias le provocaron una gangrena y la posterior amputación de la extremidad. Llegó a España en patera, jugándose la vida, después de muchos intentos. Le conocí hace poco y me dejó impactado por su humildad. Ayer me inspiré en él para referirme a Bruno. Con esfuerzo y tesón todo se consigue. Bruno y Ait, dos ejemplos que tienen mi admiración y mi respeto