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La violencia en el fútbol va más allá de un simple plátano

La semana ha sido dura para el Villarreal. No creo que haya ser inteligente que considere que la afición amarilla es racista, igual que ninguna otra, en términos generales, del fútbol español. Y mi percepción es que el chico que, lamentablemente, lanzó el plátano al césped del Madrigal tampoco lo es.

No seré yo quien le juzgue, porque para eso están las leyes y él deberá pagar su castigo con la pena que tipifique la legislación vigente. A pesar de la campaña mediática proyectada en contra del racismo, considero que el problema es más complicado y se extiende a la educación del ser humano. Grave para mí es insultar al árbitro, a un contrario o lanzar cualquier tipo de objeto al terreno de juego. Grave también es amañar partidos de una u otra manera. Grave es que los propios futbolistas fomenten la violencia con declaraciones improcedentes, con su comportamiento antideportivo y con su nula colaboración con los árbitros, que al fin y a la postre es la clase más denostada en el fútbol.

Sé la obsesión de Fernando Roig por erradicar la violencia en el fútbol y porque el Madrigal y su afición sean intachables. El presidente y la gente del Villarreal lo han pasado muy mal por el incidente del bote de humo y, por supuesto, con el del plátano. Ha anunciado una próxima reunión con una representación de la afición para hacerles vero el gran daño que se le hace al club con esos incidentes aislados.

El Villarreal, como siempre digo, vende muy mal todo lo bueno que hace, incluso las medidas para erradicar la violencia del Madrigal. Sí, porque Roig ha expulsado a varios socios esta temporada por comportamientos violentos en el Madrigal, igual que del buen trabajo de la seguridad del club han salido un gran número de objetos confiscados en las puertas de entrada. Pero claro, no se puede identificar ni registrar uno a uno a todos los espectadores que asisten a un estadio, entre otras cosas porque también se iría contra su libertad. Y tampoco se puede vigilar uno a uno a todos los espectadores durante un partido. No, no se puede. De casa se va educado, o no, al fútbol. Lo que sí se puede hacer es enseñar a los niños, a los profesionales del fútbol y a sus dirigentes para que velen por un deporte que, desgraciadamente, hace mucho tiempo que dejó de ser puro. El movimiento se ejecuta andando, no hablando.

La amenaza repentina de racismo en el Madrigal resulta curiosa en un club donde Marcos Senna tiene una puerta con su nombre y su imagen en el estadio, en un club que adiestra en su Ciudad Deportiva a chicos procedentes de todos los rincones del mundo, con religiones y costumbres tan distintas, pero con una convivencia absolutamente normal. Desde luego, ni Roig es perfecto ni el Villarreal tampoco, pero… un plátano puede cambiarlo todo mientras que los excesos de algunos políticos, los desmanes de algunas entidades bancarias o la corrupción no se antoja tan grave como una fruta. Para mí también esto es muy desagradable y censurable.

Pocos parecen dispuestos a andar. Un ejemplo de educación y de aprovechar la fuerza del fútbol para buenas causas, lo da la afición amarilla día tras día, igual que el propio Villarreal.

El martes, mientras medio mundo hablaba del plátano, se presentaba en Vila-real una campaña (una más) para recaudar dinero para luchar contra el cáncer infantil, promovida por Celtic Submarí y el propio Villarreal. Lo importante era el plátano. La moda.

Después de lo apuntado, tengo que destacar que sentí impotencia cuando vi caer el bote de humo y vergüenza cuando me enteré, porque en el Madrigal no lo percibí, que había caído un plátano en el césped. La misma que sintieron el 99,99% de los que asistieron a ambos encuentros. La misma que también siento cuando observo ciertos comportamientos de los futbolistas o cuando se agrede a un árbitro. Y la misma que me corroe cuando me entero de toda la basura que rodea al fútbol y que permanece impune cuando se arregla un resultado o se pagan comisiones para arreglar tal o cual fichaje. Es el gran problema del fútbol. No el plátano ni el Villarreal. Sí, será demagogia pero la prefiero a la hipocresía.