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La voz de Fernando Roig

El principal activo que posee el Villarreal sigue siendo Fernando Roig. Por ello, ni entendí ni comprendí que el presidente se inmolara en una defensa exagerada de Juan Carlos Garrido en un momento puntual de la temporada. Siempre he dicho que uno adquiere una perspectiva más real de las cosas con el paso del tiempo o con la distancia. No es la primera vez que utilizo el ejemplo de una magnífica novela de Gerard Donovan llamada el Telescopio de Schopenhauer para aludir a esa visión más fidedigna de la realidad que se percibe con la lejanía. No me cabe ninguna duda que Roig es consciente de aquella equivocación, que se le ha colgado injustamente a su hijo, y que la decisión de su destitución debería haber llegado bastante antes. La reacción posterior de Garrido con la firma del finiquito le abrió definitivamente los ojos. En su momento ya les conté las exigencias del exentrenador para firmar su finiquito que no se correspondían ni con el predicamento que él mismo había realizado ni con todo lo que el Villarreal le había dado.

El Villarreal ha cometido errores esta temporada. Fernando Roig es el primero que lo sabe. Pero no son tantos, ni tan gordos, para que el presidente haya perdido ni tan siquiera un ápice de credibilidad entre la afición amarilla. Él es el primer garante de este proyecto de autor que, repito, es el Villarreal.

Ayer por la tarde pudimos mantener, durante poco más de una hora, una interesante charla con Fernando Roig en la redacción de Mediterráneo. Y me levantó la moral, aunque yo siempre he mantenido los pies en el suelo con la realidad del Villarreal. El presidente no es un hombre que se rinda fácilmente. Ni los cuatro ineptos que manejan los hilos de la Liga de Fútbol Profesional, ni la desunión existente entre los clubs plegados a la voz de los amos Real Madrid y Barcelona, ni tampoco una temporada para olvidar como la actual, ni los fuertes varapalos del destino como la lesión de Giuseppe Rossi han podido con su alma de empresario infatigable y luchador. Le vi con las pilas cargadas y con muchas ganas de luchar. En algunos momentos de esta temporada le vi muy tocado. Era, afortunadamente, un espejismo.

Por desgracia en el fútbol español faltan dirigentes de su talante, responsabilidad y ambición. El Villarreal es un club que puede presumir de estar entre el selecto grupo de cinco entidades que no deben un euro a Hacienda junto a Real Madrid, Athletic, Getafe y Sporting.

El objetivo ahora es salvar con decoro una temporada plagada de dificultades. “El sábado tenemos que ir a muerte y dejarnos la voz”, nos decía Fernando Roig mirando, como siempre hace, fijamente a los ojos. El Villarreal se juega parte de su historia. Si se solventa con la permanencia una temporada horrorosa, el club saldrá muy reforzado. Me considero optimista porque un colchón de seis puntos es muy importante, pero es fundamental ganar a Osasuna el sábado a las 10 de la noche.

Mientras hablaba Fernando Roig pensaba. Se mordía la lengua porque sabe que no es el momento de esbozar líneas maestras de futuro. Ahora le toca ejercer de director de márketing, animador de las masas, psicólogo de los jugadores, presidente, aficionado de a pie y si pudiera y tuviera facultades seguro que de delantero centro.  La voz de Roig siempre transmite esperanza, ilusión y máxima credibilidad. Por ello, reitero, que en su momento observé como desacertado que se quemara a lo bonzo por Garrido. Igual que considero como muy necesaria y positiva para el equipo su salida a la palestra para generar un clima favorable al equipo cara al partido del sábado.

Roig ha tomado nota. No es hombre de quedarse resignado. Y se nota que le cuesta contenerse para explicar los fundamentos de un Villarreal que se prepara para pelear entre los grandes en un espacio que él cifra en tres o cuatro años, pero que yo lo acortaría porque me precio de conocerle.

Las grandes decisiones, que ya deambulan por su cabeza, empezarán a tomarse el día después de que el Villarreal sentencie que iniciará su temporada número 14 en Primera División. Después de una hora de charla con Fernando Roig me siento tranquilo. El Villarreal continuará siendo importante. Eso sí, el sábado ustedes tienen que colaborar con su voz, su aliento y su fidelidad a que continúe siéndolo. Yo lo celebraré tanto como aquel memorable subcampeonato o las tres semifinales europeas con las que nos ha obsequiado. La voz de Fernando Roig sigue sonando con fuerza. Es la mejor sensación que les puedo transmitir. Miel y zumo de limón para cuidar la suya para el sábado. El Villarreal les necesita. Piensen en todo lo que nos ha dado… y en lo que les puede dar todavía.

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Los errores de Fernando Roig

Me decía ayer un futbolista del Villarreal que no entendía el motivo de la destitución de Molina y lo argumentaba porque consideraba que ellos eran los únicos responsables. Es evidente que el relevo del técnico es el último cartucho de Fernando Roig, tanto como que todo lo que le ha sucedido al Villarreal durante el año no era única y exclusivamente culpa de Garrido. Y eso que colaboró con muchas decisiones erróneas. El presidente también es responsable por permitir que acaparara tanto poder en detrimento de la política de club.

La destitución de un técnico siempre es un fracaso de la entidad, más si posee un contrato de larga duración. Pero cuando se opta por el segundo relevo en el banquillo en una misma temporada, el error crece exponencialmente. La autocrítica es una virtud que no está al alcance de todos. Roig es consciente de su responsabilidad.

El Villarreal no ha sido fiel a su idea. Desde pretemporada ha caminado con el pie cambiado y no me estoy refiriendo al traspaso de Cazorla. Y eso en fútbol se paga. Si en julio alguien me hubiera dicho que a estas fechas se iban a producir dos destituciones, seguramente le habría contestado que desconocía el Villarreal.

El problema del fútbol suele ser el forofismo acompañado de falta de argumentos, que acaba centrándose en el entrenador. Siempre hay excepciones. En Mediterráneo, siguiendo la línea de este periódico de apoyo incondicional a los intereses de Castellón, apoyamos el trabajo de Garrido, igual que el de Molina, porque ello significa hacerlo con el Villarreal, sin perder el punto de vista analítico.

Molina significó una bocanada de aire fresco en el vestuario. El modelo de liderazgo autoritario de Garrido no se podía sostener durante mucho tiempo y estaba condenado al fracaso como lo estaría en un periódico, una azulejera o una fábrica de coches por denostado y anticuado. El respeto se gana con el trabajo y la inteligencia, sin perder por ella la firmeza y el principio de autoridad.

Molina ha trabajado con honradez y criterio, pero ha sido víctima de la presión enorme del descenso. Desde Zaragoza, percibí tumbos indefinidos en sus decisiones. ¿Es un mal entrenador? Yo creo que no. Y es un tipo honesto. ¿El problema? La falta de experiencia para sacar adelante una situación tan comprometida. El segundo error de bulto del club, aunque en este caso si que se siguió la filosofía de promoción interna.

Pero el que se juega el dinero y su patrimonio es Fernando Roig. Recuerdo que el número de accionistas que acudieron a la ampliación de capital no llegó a 300. Por tanto, y como se ha ganado la credibilidad de todos los que queremos al club amarillo y su respeto, Roig tiene derecho a equivocarse y a rectificar, igual que el resto a hacerle ver sus errores.

Pero ahora la cuestión que nos tiene que unir a todos es salvar al Villarreal. Nos ha dado demasiado durante una década y no podemos dejar de otorgarle nuestro aliento. Hay mucho en juego. El principal trabajo de Lotina, si se concreta su fichaje, es recuperar la confianza de los jugadores. Quedan 11 partidos, 11 finales… Pero no se puede fallar más. Como me decía un futbolista amarillo, la culpa es de los que se calzan las botas. Y como les recordaba esta semana en Mediterráneo, en mayo llegará la hora del juicio final. Un momento del que no se escapan aquellos que lo saben todo, que son más listos que nadie y que arreglarían el mundo… desde la barrera. No en la arena, con el toro. Yo me incluyo en el bando de Roig, porque soy humano y me equivoco. Pero aprendí a rectificar y a trabajar mucho para intentar errar menos. En eso, y salvando las distancias, me parezco al presidente. Sigo diciendo que el Villarreal no está muerto. Queda vida y mucha gente que se desvive por su club y sufre. Hay que continuar peleando.

(Artículo publicado en la edición impresa de el Periódico Mediterráneo del 19 de marzo)