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El oficio del Valencia, el síndrome del área y la falta del plus Gio dos Santos

El derbi se marchó para Mestalla. Me niego a hablar de orgullo herido por la derrota del Villarreal o catalogarla de debacle. Uno siempre responde a sus propias convicciones e intenta analizar con frialdad todas las situaciones. Hoy me encantaría decirles que el Villarreal fue superior al Valencia o que la derrota fue producto de la mala suerte. Pero no lo pienso así y por ello solo les puedo contar que no me gustó ayer el equipo de Marcelino.

Hace una semana les contaba que el modelo de club que ahora funciona en el Valencia con la llegada de Peter Lim no me convence, porque lo veo artificial y peligroso cara al futuro. Sí, pero ahora su presupuesto duplica al del Villarreal y ha armado un equipo con futbolistas de caché y experiencia pese a tener casi 300 millones de deuda. Pero hoy tiene un plantel más potente aunque mantengo mi idea de que el futuro del Villarreal se presenta con menos dudas e interrogantes.

Ayer en el Madrigal, el Valencia tenía en el banquillo a un futbolista como Negredo que cobra 7.5 millones brutos y por el que el Valencia tiene una cláusula de ejecución de compra obligada por 30 millones de euros. Ese delantero y otros más que hoy juegan en Mestalla están fuera del alcance del Villarreal.

Nuno Espirito Santo apuesta por un modelo de fútbol en el que no es importante mandar en la posesión del balón. Y así sucedió ayer en el Madrigal, pero yo tuve la sensación de que el Villarreal no mandaba en el partido, pese a la desgraciada jugada de Trigueros.

Los gravísimos fallos en las áreas se han repetido demasiado esta temporada y a Marcelino se le han escurrido por el desagüe muchos puntos por el síndrome del área, basado en los errores en la definición y la falta de contundencia defensiva en esa zona. Y cuando se repite tanto es por algo.

La baja de Musacchio es vital, más cuando se une a la de Víctor Ruiz por la cláusula del miedo, curiosamente un defensa del que el Valencia se ha deshecho pagando el 50% de su nómina al Villarreal. Ayer fue titular Dorado, un central que llegó como refuerzo para subir y que no jugaba en el Betis. Son diferencias importantes con Otamendi y Mustafi (21 kilos los dos)

En el centro del campo, al Villarreal también le falta un poco de competitividad en las bandas, me refiero cuando se trata de medirse a rivales de primer nivel. Por supuesto, el equipo necesita que sus jugadores importantes den el plus necesario en citas como las de ayer. Me vuelve a preocupar el bajísimo rendimiento de Gio, porque es una de las estrellas de este equipo. Uche tampoco estuvo al nivel adecuado. La baja a última hora de Cani tampoco ayudó.

Dicho esto, creo que hay que no debemos caer en el mal de altura, que yo suponía curado tras el descenso. El Villarreal es lo que es y es mucho. No caeré en el derrotismo ni en el catastrofismo por una derrota con el Valencia. Creo ciegamente en el técnico y en la plantilla, pero también sé cuales son las limitaciones. Este equipo tiene crédito y madera suficiente para optar a pelear por una plaza en la Europa League. El domingo pasado salí tocado de Sevilla; ayer solo triste, pero hoy otra vez enchufado para la pelea. No se acaba el mundo. Todos debemos tener los pies en el suelo. Termino elogiando el fenomenal comportamiento de la afición amarilla en el derbi y al Valencia mi enhorabuena, pero tampoco han ganado el Mundial. Equilibrio.

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Villarreal y Valencia, dos modelos distintos para el derbi de la Comunitat

La Comunitat Valenciana ha vivido una catarsis digna de un estudio sociológico para una universidad americana. Ahora prácticamente solo nos queda el sol y en algunas ocasiones pienso que también está hipotecado. Hemos pasado de la exaltación de la riqueza más grandilocuente a ser una comunidad que se ha quedado sin varias de sus señas de identidad, fagocitadas por el despilfarro y la mala gestión. Se marcharon por el desagüe nuestros principales referentes financieros, arruinados por el farandulismo de personajes que abandonaron la vida pública sin responsabilidad alguna, los mismos que tejieron una faraónica radiotelevisión valenciana y le construyeron la tumba para que tuviera que ser enterrada, siendo Valencia la única autonomía sin televisión autóctona. Nos quedamos sin Fórmula 1, sin torneos de golf o despedimos para siempre la parafernalia de la Copa América.

Esta semana hemos estado a punto de perder el Open 500 de tenis de Valencia. Ha faltado el canto de un duro. En Castellón, condenados por el centralismo de la capital, poco hemos perdido, porque nunca tuvimos nada, solo migajas. Hasta que apareció el Villarreal y se dedicó a plantar cara al todopoderoso Valencia, equipo señera durante décadas de la Comunitat.

Y si faltaba algo para coger las puertas, también se largó la propiedad del Valencia CF con destino a Singapur. Y parece que, encima, todo el mundo se siente feliz porque Peter Lim haya desembarcado al estilo Mister Marshall en Mestalla. El tiempo siempre te da una respuesta aunque no le preguntes.

El domingo, El Madrigal vivirá el auténtico derbi de rivalidad de la Comunitat, aunque en estos momentos el Valencia ha perdido buena parte de su pedigrí autóctono. A nadie se le escapa el gran potencial y la historia del equipo de Mestalla. Siempre he dicho que con una buena gestión, ahora estaría peleando con Madrid y Barça de tú a tú. Pero claro, como también ha sido víctima de la misma fiebre del derroche y la locura de la megalomanía que en su momento movió a los gobernantes (¿?) de la Comunitat, el Valencia entró en la bancarrota con una deuda insostenible y dos estadios en nómina. Cualquier otro club valenciano hubiera desaparecido en las mismas condiciones. Al CD Castellón le dejaron caer sin piedad por una miseria. Nadie le rescató.

El Villarreal volverá a competir contra el Valencia con las armas de la sostenibilidad económica y con un equipo de gente muy joven que en un 50% han salido de sus categorías inferiores y las expectativas son que ese porcentaje crezca en un futuro.

El Valencia funcionará con otro modelo distinto, regentado por un empresario de Singapur y el más poderoso agente de futbolistas. Por millones, el Valencia es favorito. Pero el Villarreal tiene a su favor la juventud y un equipo de futbolistas identificados con un modelo.

Aquello de la Germanor pasó a la historia desde esa tarde de mayo del 2012 en la que Mestalla despidió al Villarreal con gritos de A Segunda, a segunda. El domingo se prepara en El Madrigal un recibimiento al Submarino como en las grandes noches europeas. El Villarreal es de los pocos referentes genuinos que le quedan a la Comunitat. El Valencia no lo tendrá fácil en un Madrigal que estará volcado con los suyos. El tiempo dará respuestas, pero entre el dinero de Singapur y la gestión de Miralcamp me quedó con Bruno, Mario, Moi, Trigueros… Lo tengo claro. Endavant.

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Urgente: Una ley de mecenazgo deportivo

La marca Castellón tiene un peso importante en cuanto a deporte se refiere. Entiendo como positiva la apuesta por el fomento de eventos deportivos de menor calado mediático y glamur que la Copa América o la Fórmula Uno. Siempre he defendido que el dinero público no debe servir para pagar al deportista profesional, pero sí para ayudarle a llegar a la élite. La teoría yo diría que es correctamente ética. Pero luego viene la realidad y no olvidemos que el espejo de los jóvenes y el motor que impulsa sus ilusiones y mantiene vivo su sacrificio es el emular a sus ídolos.

Es cierto que hay muchas cosas más importantes que el deporte y demasiados problemas que tienen prioridad. Pero también es cierto que hay muchos políticos para aportar soluciones al deporte de élite que no llegan. Si no existe dinero público, hay que fomentar la entrada del privado en la esponsorización de la élite.

España necesita de forma urgente una legislación que premie fiscalmente la inversion de las empresas en patrocinio deportivo y estimule la llegada de financiación al deporte.

La élite deportiva en Castellón se mantiene gracias al mecenazgo, en este caso no económico sino a base de horas y horas de esfuerzo y dedicación, de dirigentes modélicos como Luis García (Amics), Juan Vizcarro o Manolo Sierra (Peníscola), Raúl Alfaro (L’Illa-Grau), José Miguel Varrella (Volei Grau), Pepe Ortuño o Toni Escrig (Playas de Atletismo), Rafael Martí (Balonmano Castellón), Jorge Bellés (CT Castellón), Javier Sánchez Pastor (Playas)… y la lista, perdonenme los que omito, es larga y larga. ¿Que sería de Roberto Bautista, Sergio García, Pablo Herrera, por citar a algunos, sin las ayudas en su momento de Diputación y Ayuntamiento?

Algo falla cuando el Villarreal, que también tiene que sufrir para sacar adelante su presupuesto, se ha convertido en el principal espónsor privado del deporte provincial de élite. Solo Llaneza sabe la larga lista de peticiones que pasan por su despacho, casi lanzándole un SOS para poder seguir adelante. Hay casos que me tocan la fibra como el de Varella, que mantiene una lucha titánica para que su Volei Grau pueda competir con lo mejor del país. Siempre le digo que si tuviera disponibilidad económica, él sería uno de los primeros al que echaría una mano. Pero habría más, desde luego.

¿Qué aporta al Villarreal gastarse una fortuna en colaborar económicamente con L’Illa-Grau, Peñíscola, Playas de Castellón, Amics, Vila-real FS, becar a deportistas de la UJI o gente ya laureada como Sebas Mora, Pablo Herrera o Sara Sorribes? Desde luego, prestigio, pero retorno directo, escaso. El Villarreal tiene en mente continuar con ideas maravillosas como Units per la Esperança, el carné de abonado gratuito a parados, además de la atención médica a deportistas becados, entre otras. El deporte son valores. Compite y respeta, la solidaridad es tu victoria. Es el espíritu del Villarreal, una pequeña oenegé del deporte provincial, sin olvidar la nueva Ciudad Deportiva del Roda. El Villarreal no puede dar de comer a todos. Por ejemplo, el club tuvo que rechazar la gestión del Centro de Tecnificación Deportiva que se inauguró a bombo y platillo hace más de tres años en Vila-real y aún no funciona. Igual que no alcanza a subvencionar a todos los clubs. Es imposible. El deporte necesita una ley de patrocinio y mecenazgo. La vaca del Villarreal no da tanta leche. Y la pública está agotada por mala gestión.

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Cacheos en los campos, los cuentos de Tebas, Pellegrini y los líos judiciales

SEGURIDAD EN LOS ESTADIOS. No voy a perder tiempo con tópicos. Para mi la afición del Villarreal es modélica en su comportamiento, pero realmente pienso que la mayoría de gente que va a un campo de fútbol sabe comportarse perfectamente. El problema son los grupos de radicales o los desalmados que no hablan de fútbol y en muchas ocasiones ni lo ven. Lo que pasó hace ocho días en el Madrigal no tiene nada que ver con el fútbol ni con su gente. Eso sí hay que velar por la seguridad, pero ¿vamos a convertir los estadios en un búnker? Igual que cines, teatros o centros comerciales. En ese caso debemos cambiar el concepto. He estado en el campo de Boca Juniors y he visto como se acudía al estadio con un par de horas de antelación para pasar controles de seguridad. ¿Qué sucedería en España si se cacheará a todos los asistentes o si pasaran por un detector de metales? ¿Irían dos horas antes al fútbol? Les invito a la reflexión. No es un problema solo del Villarreal, es de todos los clubs.

 

TEBAS Y SUS TEORÍAS. El fútbol es un espectáculo y donde mejor se vive es en el estadio. Los clubs, incluido el Villarreal, se rindieron a la dictadura de la televisión. Con este modelo de horarios estamos echando a la gente de los estadios, lo que es malo para el fútbol de futuro. Los estadios alemanes e ingleses están llenos, los españoles no. En Alemania se juega un partido el viernes a las 20.45, seis el sábado a las 15.30 y otro a las 18.30, mientras que el domingo se disputan dos (15.30 y 17.30). En Inglaterra, se juegan seis partidos el sábado a las 15.00, uno a las 13.45 y otro a las 17.00 horas. El domingo, uno a las 13.45. Por supuesto, los horarios de la temporada se conocen al inicio de la Liga. Y, por supuesto, no se cambian de un día para otro como ha ocurrido con el partido del Villarreal o el del Valencia. Me da igual que ahora le favorezca al Villarreal, porque también le perjudicó en enero cuando se lo cambiaron contra el Rayo. No es serio. Tampoco vela por el espectáculo que haya terreno de juegos que sean patatales o que unos estén secos y otros muy mojados. También hace falta una normativa igual para todos y que vele por el buen estado del césped. Pero creo que esto solo le interesa a la gente de fútbol.

 

PELLEGRINI, UN SEÑOR. No hay nada más difícil que ser árbitro. En ocasiones vemos una jugada repetida 10 veces y no nos ponemos de acuerdo. Por ello, es obligado el respeto hacia su figura. Pellegrini tuvo un calentón tras el City-Barça. En Inglaterra le han caído por todas partes. Conozco al técnico chileno y si hay una persona que refleja el señorío, ese es él. Por eso me choca que un tipo como Mourinho se salte todas las reglas del fair play a la torera. Su falta de respeto hacia compañeros y rivales es constante. El West Ham aguantó su verborrea hace poco: “Juega como en la edad media”. La respuesta de su entrenador Sam Allardyce no tuvo desperdicio: “Me importa una mierda lo que diga Mou”. Con Pellegrini es un placer hablar de fútbol, uno siempre aprende algo. Y calentones al margen, es un caballero y un ejemplo para el fútbol.

 

CD CASTELLÓN. De pequeño siempre he reído o llorado con las victorias o las derrotas del Castellón y no sabía lo que eran otro tipo de guerras. Alrededor del club hay demasiada gente que confunde la pasión con la violencia y sentimiento con la falta de respeto. Me produce risa como muchos de ellos no fueron capaces, cuando hacía falta de verdad, de demostrar su amor con la compra de una acción tan siquiera y hoy son los que más lo quieren, aunque hayan llorado para que le regalen una por todos los medios. La salud del Castellón será proporcionalmente más buena cuanto menos se hable del club en el juzgado. Hay que dejar trabajar a los jueces en silencio y chillar para animar en Castalia a los jugadores. Y no voy contra nadie, solo a favor del CD Castellón. Hablemos de fútbol ahora y cuando llegue el momento ya pondremos a cada uno en su sitio. Es un alivio, que no un éxito, ver al Castellón fuera de descenso. Y mientras se pueda, hay que pelear para que siga vivo y no se refunde. H

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Las verdades de una intensa asamblea de seis horas

Seis horas de asamblea. Puede que mucho tiempo, pero para mi muy poco porque estaba en juego algo tan importante como el CD Castellón. No soy maquiavélico y no creo en aquello de que el fin justifica los medios. Para mí es moralmente inaceptable cualquier pacto con Blasco, posiblemente uno de los personajes más nefastos de la historia albinegra.

Nunca le perdonaré el daño que le ha hecho al Castellón. Cruz me ha demostrado que no tiene capacidad económica alguna. Ya lo sabía, pero me preocupa no sé si su osadía o su desconocimiento, porque le observo demasiado optimista con la viabilidad de sacar adelante el concurso por el que ayer apostó al desestimar la ampliación de capital. Espero que sepa lo que hace. Eso sí, por ahora mantiene al Castellón vivo y me agarro a eso con fuerza, pero le reclamo más humildad.

Me sorprendió gratamente Manolo García, quien escenificó la realidad actual del club. Claro y sencillo.

Pedro Luis Izquierdo alertó del peligro de disolución si el juez no ve viabilidad en el plan de pagos. El riesgo es evidente.

Luego, Conrado Marín me volvió a demostrar que el Castellón es más que una SAD, es el sentimiento de la ciudad. Salí preocupado, es cierto, pero feliz de observar la cantidad de buena gente que lucha porque el club viva. El Castellón merece que recemos por él… ahora está en manos de la concursal, pero no está solo. Hay que luchar. PPO.

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El gen ganador de Roig y Marcelino

Me considero un privilegiado por haber podido vivir en directo el 98% de los partidos oficiales del Villarreal dentro y fuera del Madrigal en los últimos 13 años. He disfrutado de los mejores momentos con tres semifinales europeas y el último subcampeonato de Liga de un club fuera del duopolio reinante (Barça y Madrid). Pero los dos últimos años han sido de un sufrimiento sublime. Curiosamente desde las lágrimas ha sido cuando he visto crecer con una fuerza descomunal el sentimiento por el Villarreal como quedó demostrado el sábado en el Madrigal.

Nunca he perdido la fe en el Volveremos. Ni en los peores momentos, porque confiaba en la reacción de Fernando Roig y en la destitución de Julio Velázquez junto a la llegada de refuerzos. El presidente se equivocó con un técnico novato y dilató su despedida, pero lo hizo porque creía ciegamente en sus ideas, las mismas que han llevado al Villarreal a ser admirado y respetado en todo el planeta fútbol.

No oculto mi profundo respeto por un hombre con el que puedes reñir y a la hora darte un abrazo cariñoso porque en la vida siempre atiende al dictado de su corazón y de un instinto especial. Sé que el último año ha sido un sufrimiento constante para un ganador nato como él. No pudo estar en Alcorcón porque el médico le aconsejó que no viajara. Días atrás había sufrido un ligero desvanecimiento, producto de los nervios. Pero no se asusten porque su salud, afortunadamente, sigue siendo de hierro. Fernando Roig no es un hombre de palabra fácil, pero no le hace falta porque siempre sabe hacer llegar a la gente su mensaje desde el corazón. El jueves le escuché en Ràdio Vila-real, en una entrevista de mi buen amigo Javi Mata. Me quedé con muchas cosas, pero me llegó que pidiera a su afición que apoyara fielmente a su equipo y se olvidara de menciones innecesarias a otros clubs de la provincia, en clara referencia a los gritos de un pequeño sector de la grada en contra del Castellón. Lo agradecí enormemente porque yo nunca oculto, ni ocultaré, mi cariño por el CD Castellón con el que aprendí a amar el deporte desde niño, igual que mi sentimiento por una entidad verdaderamente especial como el Villarreal. Igual que yo siempre eligí el camino de ser pro y no anti. Aprecio su valentía y su respeto.

Siempre entendí que era un hombre con carisma. No recuerdo ningún presidente que sea capaz de bajar al césped a pedir perdón a su afición después de un descenso, o meterse a pie de campo con el partido en marcha aquella tarde contra el Celta, cuando el Villarreal se quedó con 10 y perdía 0-1. Su equipo remontó y salvó la categoría. Sólo él es capaz de acercarse a los dos goles del Madrigal a agradecer a la afición su apoyo. Nadie más que Roig se atreve a expresar su contrariedad porque la grada silbó al equipo o al técnico.

El descenso fue muy duro para todos. Pero desde ese sufrimiento se está edificando otro gran proyecto. El sábado, con Pellegrini en el palco, me acordé de lo que es un buen entrenador. Roig lleva tiempo buscando un nuevo Pellegrini y pienso que lo ha encontrado con Marcelino. Valverde podía haber sido el relevo ideal pero llegó en un mal momento y le hicieron la cama en su misma casa. Cada uno con su filosofía y su estilo, pero yo me siento plenamente identificado con este asturiano sencillo pero con una raza especial. No creo que sea cuestión de coincidencia en las raíces. Ni mucho menos. Estamos hablando de otro ganador nato que vive su profesión con intensidad y corazón. Les decía hace una semana que le vi esbozar lágrimas en Alcorcón. El sábado observé cómo celebraba con una pasión especial el 2-1. Me encanta la gente que habla claro y mira a los ojos y no se esconde en discursos vacíos de contenido. Marcelino también es capaz, como el presidente, de decir que no le ha gustado que la grada chille a uno de sus jugadores. Seguro que se equivocará muchas veces y yo tampoco me esconderé para ofrecerles mi punto de vista sobre sus errores, pero yo quiero gente como Marcelino y Fernando Roig en mi equipo. Siempre. Hoy estoy satisfecho, contento e ilusionado con el Villarreal. Sí, pero todavía no soy feliz, porque la felicidad llegará el día en que se culmine el Volveremos. Aún quedan tres finales. Y sufrimiento y seguro que muchas lágrimas. Mil millones de gracias a los 20.000 aficionados que me hicieron vivir una noche mágica el sábado. #Volveremos. Con una afición así, seguro.

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Gestos, emociones y sentimientos

A partir de hoy llega la hora del CD Castellón. Es el momento de que las camisetas albinegras sean protagonistas. Es el instante de que todos los que se emocionan cuando escuchan el pam, pam orellut se sientan orgullosos de ser del Castellón aunque sea en Tercera. Pienso que no es necesario querer al Castellón más que nadie. No, solo hace falta querer. Es más que suficiente. El albinegro del año tiene que ser el estadio Castalia lleno de banderas y camisetas del Castellon. Y lo digo porque en este concurso permanente de ser el que más, siempre ha salido perdiendo el mismo, el CD Castellón.

No voy a participar ni colaborar en guerra alguna que aparte los focos del césped. Y desde ahora trabajaré para que Castalia bata el récord de asistencia a un campo de Tercera en la promoción de ascenso. No sé si será posible apagar definitivamente la lucha sin sentido que se libra en determinados foros. No entiendo la batalla de albinegros contra albinegros, porque la situación del club es tan delicada que se necesita que todos le presten su afecto y cariño innegociable. Me consta la gran labor de Fedpecas por avivar la llama del albinegrismo. Soy consciente del cariño demostrado por Sentimiento Albinegro y pongo en el mismo saco al Fórum 1922. Ahora es el momento del Castellón. Aún espero que pueda ser campeón, aunque la empresa es difícil. El triunfo en La Nucía garantiza el subcampeonato.

Siempre me quedo con los gestos más insignificantes porque radiografían muchas cosas. Ayer se produjo uno de ellos. El Castellón había logrado su objetivo de jugar la promoción y Pedro Fernández Cuesta fue rápidamente a la zona donde los discapacitados físicos ven los partidos. Allí estaba mi buen amigo César Gimeno en su silla de ruedas. El abrazo entre ambos escenifica cariño y amor por el Castellón. Pedro ha sido este año más un padre de familia que un entrenador. Su éxito ha sido dirigir a una pandilla de amigos más que un equipo. Jóvenes que se ha sentido importantes con la camiseta albinegra a pesar de que ello no les permite vivir de su pasión. Han sido mucho más profesionales que astros de Primera con sus nóminas de 600 y 700 €. Es la hora del Castellón. Más que nunca pam, pam orellut.

 

LÁGRIMAS EN ALCORCÓN. El Villarreal nos hizo llorar hace siete días. La derrota ante el Elche nos dejó tocados. Ayer volvimos a llorar, pero de alegría. No sé si podremos soportar un mes con la tensión con la que vivimos el partido de Alcorcón, pero sí sé que el Villarreal ha llegado al corazón de mucha gente. Lo noté en la alegría de un examarillo como Jaime Ramos que sufrió como los 350 aficionados que se pegaron un madrugón de miedo. Lo sentí en el abrazo que me dio el portero de moda de la Liga, Diego López, tras el partido, tan contento como si hubiera saltado al campo. Su efusividad y afecto con Bruno y su alumno aventajado Juan Carlos (vaya porterazo) me erizó la piel. Lo percibí en los mensajes de mi cuenta de twitter @josellizarraga y en las numerosas llamadas, whatsapp y mensajes en mi teléfono. Cariño y sentimiento por el Villarreal.

Por la alegría del triunfo, ahora no me acuerdo del mal rato que pasé con mis compañeros y amigos Toni Alegre y Javi Mata. La pasión de la celebración del 1-3 en la radio encendió los ánimos de varios aficionados que no respetaron nuestro trabajo, como yo comprendí hace siete días los gritos de euforía en la zona de prensa del Madrigal de aficionados y periodistas ilicitanos. Y les cuento que me costó contenerme al ver como un tipo como Marcelino tenía los ojos húmedos media hora después del final. Ahora, disfrutemos y carguemos pilas para meter 15.000 personas, como mínimo, en el Madrigal este sábado ante el Girona. Otra final. Más sufrimiento. Esta noche descargaré tensiones en la Xulla con mis amigos de Celtic. Todo no tiene que ser sufrir. Yo sigo a la mía, con la misma fe que aquel fatídico 13 de mayo de 2012… #Volveremos.

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Los ‘sobres’ del fútbol español

Recuerdo, con gran disgusto, una desagradable discusión en Gijón, hace 10 meses con motivo del Sporting-Villarreal, con dos personas afines al club amarillo. Eran momentos de nervios porque estaba en juego el descenso y ya se olía que podían haber circunstancias extrañas con los directos rivales. Ambos pretendían que quien suscribe, y los medios de comunicación, denunciásemos lo que estaba pasando en la Liga, a colación de unas declaraciones de Tebas, en las que aseguraba que tenía constancia de graves irregularidades respecto a la pureza de la competición. Mi contestación fue contundente: para denunciar hacen falta pruebas, porque sin ellas no existe posibilidad alguna de que prospere un proceso judicial. Y la policía lleva mucho tiempo siguiendo a determinados personajes con escuchas telefónicas y otros procesos de investigación y no ha logrado aún cazar a los que adulteran la Liga con la circulación de sobres cargados de billetes, aunque por las cantidades, y pese a la existencia de los billetes de 500 euros de Rubacalba, hacen falta maletines. Ni una escucha telefónica, relacionada con la financiación irregular de los partidos políticos, que desvelaba la compra de un partido sirvió para algo.

Hace unos años recibí en la redacción de Mediterráneo la llamada de un conocido dirigente de un club provincial de Tercera en la que me pedía que hiciera público el intento de compra de un partido que había sufrido su club. Le dije que no había ninguna problema, pero necesitaba sus declaraciones. Se negó en rotundo porque no podía demostrar la llamada. Es evidente que si él no quería salir a la luz, no se podía acusar al club X de intento de amaño de un partido, porque la querella por difamación estaba asegurada y, por supuesto, el juez le iba a dar la razón al denunciante. Pocos meses después, un entrenador provincial me puso en antecedentes de una situación parecida, pero chocamos contra el mismo muro: la falta de pruebas.

Tengo constancia de que en Primera también se han arreglado partidos. No puedo dar nombres, solo contar confidencias. Hace unos años, se llegó a la última jornada con un enfrentamiento entre un club que se jugaba entrar en Europa y otro cuya clasificación era cómoda. En los preámbulos se intentó arreglar el empate, que servía al equipo con aspiraciones. Pero no hubo acuerdo en la cantidad. El encuentro comenzó sin pacto. Pero con el balón en marcha llegaron los nervios. Al descanso, las partes acordaron las tablas por 600.000 euros. Efectivamente, el partido concluyó con igualada y el equipo pagador en cuestión –uno de los habituales en estos jaleos en las últimas temporadas– se clasificó para Europa. El pago se hizo en la habitación de un hotel de Madrid. En otra línea están los pactos entre equipos al inicio de la Liga de hacerse el favor si en las últimas jornadas uno necesita los puntos y el otro no. Ha habido verdaderos especialistas en este arte.

La pasada temporada, el segundo entrenador de un equipo entró en la penúltima jornada al vestuario de su rival para intentar pactar un resultado favorable si durante el partido los enfrentamientos en otros campos facilitaban un posible empate, que podía servir a ambos. El equipo que ofreció el arreglo amistoso acabó ganando el choque cuando ya le servía el punto.

Me consta, porque así me lo han contado, que la temporada pasada los jugadores de un equipo que luego descendió de categoría en el fútbol profesional expusieron a su presidente sus sospechas de que se estaban comprando partidos y el peligro que suponía. El presidente en cuestión se negó en rotundo a entrar en el juego y dio orden taxativa de que nadie moviera ficha. Había que salvarse por lo deportivo. Su club pagó cara su honradez con el descenso. Y el pasado viernes Marcelino advertía que no las tenía todas consigo con lo que pudiera pasar en el tramo final. Yo me acordé de mis vivencias, de aquella discusión dolorosa en Gijón y de la impotencia que siento con lo que pasa en el fútbol español. La corrupción es una de las lacras de una sociedad, porque se extiende a todos sus ámbitos. Es como la carcoma que acaba carcomiendo una poderosa estructura hasta convertirla en polvo. Les había prometido contarles mis vivencias, pero no puedo poner nombres, aunque sé que ustedes son muy inteligentes y los pondrán. ¡Qué asco!

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Castalia busca su ‘fumata blanca’

La Iglesia católica nunca tendrá una mejor foto para lavar su imagen y vender una nueva cara a sus fieles que la de Benedicto XVI y Francisco dándose un abrazo en Castel Gandolfo. Sea uno practicante o no, la foto de los dos papas vivos que el Vaticano manda al mundo merece ser ejemplo de los estudios de mercadotecnia. El catolicismo ha salido fortalecido tras varios escándalos que tambalearon sus pilares. No solo es cuestión de fe, en este mundo, los gestos siguen siendo importantes.

Siempre que me siento para escribir este Directo, solo trato de ofrecer mi punto de vista. Luego cada cual extrae sus conclusiones. En estas líneas he expresado mi sensación de que Cruz -en sentido metafórico- era un empleado de Osuna. Entiendo que es evidente que no está en la nómina de las empresas de quien, hasta que no se le paguen sus acciones, sigue siendo, virtualmente, el máximo accionista del Castellón. Y, claro, aún no ha cobrado un euro por este trasvase, aunque para mí deberían ser cedidas a la ciudad. Somos muchos los que esperamos la fumata blanca en Castalia. Sí, los que no queremos creer en falsos papas salvadores del albinegrismo. Nos han engañado demasiado y, por ello, es prudente estar muy alerta, que no en contra.

Siempre he dispensado un trato igual a todos los que se han sentado en la silla papal del Castellón. Era, para quien suscribe, un ejercicio obligado de fe, pero no de servilismo. Recitar la lista de fracasos es doloroso. Y, por supuesto, también me he equivocado en algunas de mis reflexiones. Mi estimado y maestro Chencho me enseñó que el error menos grave, es la rectificación.

De Cruz he dicho que me causaba buenas vibraciones y que veía brotes verdes en su gestión, pero siempre le advertí que en mí tendría un gran apoyo y un vigilante atento. La temporada llega a su fin y no ha cumplido con gran parte de sus promesas lanzadas a los cuatro vientos, lo que me hace desconfíar. No puedo entender que acuse a Miralles por una presunta malversación de 100.000 euros y no haya oído nunca nada en contra de Osuna, solo que no ha encontrado irregularidad alguna de su paso por el Castellón. Es posible, no lo dudo, pero si asegura que ha habido un expolio de las arcas, yo le digo que no creo en Blancanieves ni en los 7 enanitos. ¿Son todos ingenuos? He visto indicios de irregularidades de anteriores gestores, pero el secreto profesional de quien puede aportar documentación impide sacarlos a la luz a no ser que el juez lo exija.

He alabado ponderadamente la gestión de economía de ama de casa de Cruz, pero vivo con la angustia de no saber el futuro del Castellón y hiere el corazón verlo en 3ª. Lucharé para que no sea así, aunque sufra descalificaciones o me quede solo. Estoy acostumbrado. Lo viví con Blasco, quien usó el brazo armado de un senador para callarme. O con Jiménez cuando recibí acoso en las redes y amenazas anónimas. Por ahora ni auditoría, ni asamblea, ni pacto con Seguridad Social y Hacienda…

Si uno repasa la Ley Concursal, observa que el Castellón tendría que haber ido posiblemente a concurso culpable. Pero si uno lee el artículo 164, se asusta: “Los administradores (actuales y los que hubiesen sido en los dos últimos años) responden personalmente del pago de sus deudas cuando el concurso sea calificado como de culpable o bien no haya bienes suficientes para responder de las deudas, si no disolvieran y/o instaran al concurso estando obligado a hacerlo”. Si se presentan el concurso dos años después de la salida de Castellnou2005 como administradores, éstos quedarían eximidos con la Ley Concursal en mano de la responsabilidad de responder con su patrimonio. Ustedes sabrán entenderme. Y eso lo sabe muy bien Cruz. Si tiene que ir a concurso, que no se dilate. No somos tontos…

A Cruz le pido que demuestre que tiene un proyecto y sus manos están limpias de vestigios del pasado. Y me dio mucha pena que el jueves, en una bonita fiesta del fútbol en Castalia por el 90º aniversario, la entrada fuera tan pobre. Yo les aseguro que hay muchos más albinegros que los 2.500 que fueron al campo. Algo falla. Yo sigo creyendo en el Castellón, pero sigo viendo fumata negra. Nada me gustaría más que mis sensaciones actuales fueran erróneas. Ojalá Cruz sea nuestro Papa y Osuna solo un expropietario.

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Blancanieves y los siete enanitos

El CD Castellón se encuentra en quiebra económica. Con una deuda que multiplica, posiblemente, por cuatro su capital social y con una expectativa de negocio inexistente en 3ª División para poder amortizar, tan siquiera, los intereses que generan sus números rojos, el futuro no se presenta halagüeño. Todavía no conozco el plan de David Cruz, utopías o buenas intenciones al margen. No es culpable de la mala gestión, ni mucho menos, pero debe demostrar que no ha cogido las riendas para poner en valor el CD Castellón, como si fuera un empleado de Osuna, con el fin de que se puedan sacar las últimas gotas de leche de la teta de la vaca. No basta con desmarcarse verbalmente, son necesarios los hechos.

De momento ha realizado una prueba de buena gestión de economía doméstica, igual que hacen todas las amas de casa cada mes. Ingreso 100 euros y me gasto 95. Está bien, denota seriedad, pero no es suficiente para reflotar el club. Una cosa es sobrevivir en Tercera y otra buscar el futuro en el fútbol profesional.

Dejaré de lado la tardía convocatoria de la junta de accionistas o la auditoría más larga del mundo todavía no entregada, igual que aparco para otro día los temas de Seguridad Social y Hacienda, teniendo claro que el CD Castellón camina hacia el concurso, amén de algunos aspectos de la denuncia contra los anteriores propietarios. Ya habrá tiempo para analizar.

No obstante, quiero que tengan claro todos los que han estado relacionados de una u otra manera con el CD Castellón que no creo en los cuentos de hadas ni en que todos ellos son ingenuos y cándidos como Blancanieves y los siete enanitos. Esta semana escuchaba a uno de los socios de Blasco, apoderado de una empresa que facturó a la entidad albinegra por algo que desconocemos y con unas cifras sorprendentemente altas para un club que presumía de austeridad. Era, y es, apoderado de dicha empresa y asegura que no sabía nada de nada. Y así llevo tiempo oyendo las mismas cantinelas a demasiada gente que ha estado con un cargo importante en el club. A todos los han engañado, pero existen facturas emitidas por sus empresas que incitan a la sospecha.

No puedo aportar pruebas porque me haría falta una orden judicial para reclamarlas y el secreto profesional es sagrado, pero he visto anotaciones de facturas muy elevadas que se pagaron a varias empresas de exconsejeros albinegros. Y no entiendo cómo se pueden facturar más de 100.000 euros por algunos servicios que no sostienen tales emolumentos. Más cuando se justificaba que no podían pagarse nóminas elevadas a los futbolistas. No se subió a Primera por no fichar en invierno y se bajó a Segunda B por no reforzar el equipo. Para eso no había dinero pero para pagar a una firma de asesoramiento jurídico más de 100.000 euros sí. Y eso es insignificante. Existen muchas más facturas que chirrían emitidas por amigos del Blancanieves jefe, aunque eso es trabajo del juez y Cruz debe colaborar. En esta triste historia del Castellón todos quieren ser Blancanieves y parece que hay muchos enanitos, no solo siete. Desgraciadamente puedo asegurar que no creo en ningún alma cándida, porque han dejado al Castellón en los huesos. Al señor Cruz le digo que aún no me ha dado motivos para fiarme de él, sí de su trabajo de ama de casa. Eso no se lo discuto, pero no le veo con capacidad para hacer progresar el negocio porque no soy tan ingenuo como algunos políticos importantes que le han prestado públicamente su apoyo. No obstante, les pido a todos que vayan el jueves a Castalia para celebrar el 90º aniversario con la visita del Valencia, al que agradezco su apoyo. El Castellón está por encima de todos. Yo ni en contra ni a favor de Cruz, solo con el CD Castellón.

Todos insisten en su inocencia, a toda costa, aún si ello significa acusar al resto de la raza humana y aún al cielo (Albert Camus).

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