- Descripción
- José Luis Lizarraga, jefe de deportes de el Periódico Mediterráneo
El gen ganador de Roig y Marcelino
Me considero un privilegiado por haber podido vivir en directo el 98% de los partidos oficiales del Villarreal dentro y fuera del Madrigal en los últimos 13 años. He disfrutado de los mejores momentos con tres semifinales europeas y el último subcampeonato de Liga de un club fuera del duopolio reinante (Barça y Madrid). Pero los dos últimos años han sido de un sufrimiento sublime. Curiosamente desde las lágrimas ha sido cuando he visto crecer con una fuerza descomunal el sentimiento por el Villarreal como quedó demostrado el sábado en el Madrigal.
Nunca he perdido la fe en el Volveremos. Ni en los peores momentos, porque confiaba en la reacción de Fernando Roig y en la destitución de Julio Velázquez junto a la llegada de refuerzos. El presidente se equivocó con un técnico novato y dilató su despedida, pero lo hizo porque creía ciegamente en sus ideas, las mismas que han llevado al Villarreal a ser admirado y respetado en todo el planeta fútbol.
No oculto mi profundo respeto por un hombre con el que puedes reñir y a la hora darte un abrazo cariñoso porque en la vida siempre atiende al dictado de su corazón y de un instinto especial. Sé que el último año ha sido un sufrimiento constante para un ganador nato como él. No pudo estar en Alcorcón porque el médico le aconsejó que no viajara. Días atrás había sufrido un ligero desvanecimiento, producto de los nervios. Pero no se asusten porque su salud, afortunadamente, sigue siendo de hierro. Fernando Roig no es un hombre de palabra fácil, pero no le hace falta porque siempre sabe hacer llegar a la gente su mensaje desde el corazón. El jueves le escuché en Ràdio Vila-real, en una entrevista de mi buen amigo Javi Mata. Me quedé con muchas cosas, pero me llegó que pidiera a su afición que apoyara fielmente a su equipo y se olvidara de menciones innecesarias a otros clubs de la provincia, en clara referencia a los gritos de un pequeño sector de la grada en contra del Castellón. Lo agradecí enormemente porque yo nunca oculto, ni ocultaré, mi cariño por el CD Castellón con el que aprendí a amar el deporte desde niño, igual que mi sentimiento por una entidad verdaderamente especial como el Villarreal. Igual que yo siempre eligí el camino de ser pro y no anti. Aprecio su valentía y su respeto.
Siempre entendí que era un hombre con carisma. No recuerdo ningún presidente que sea capaz de bajar al césped a pedir perdón a su afición después de un descenso, o meterse a pie de campo con el partido en marcha aquella tarde contra el Celta, cuando el Villarreal se quedó con 10 y perdía 0-1. Su equipo remontó y salvó la categoría. Sólo él es capaz de acercarse a los dos goles del Madrigal a agradecer a la afición su apoyo. Nadie más que Roig se atreve a expresar su contrariedad porque la grada silbó al equipo o al técnico.
El descenso fue muy duro para todos. Pero desde ese sufrimiento se está edificando otro gran proyecto. El sábado, con Pellegrini en el palco, me acordé de lo que es un buen entrenador. Roig lleva tiempo buscando un nuevo Pellegrini y pienso que lo ha encontrado con Marcelino. Valverde podía haber sido el relevo ideal pero llegó en un mal momento y le hicieron la cama en su misma casa. Cada uno con su filosofía y su estilo, pero yo me siento plenamente identificado con este asturiano sencillo pero con una raza especial. No creo que sea cuestión de coincidencia en las raíces. Ni mucho menos. Estamos hablando de otro ganador nato que vive su profesión con intensidad y corazón. Les decía hace una semana que le vi esbozar lágrimas en Alcorcón. El sábado observé cómo celebraba con una pasión especial el 2-1. Me encanta la gente que habla claro y mira a los ojos y no se esconde en discursos vacíos de contenido. Marcelino también es capaz, como el presidente, de decir que no le ha gustado que la grada chille a uno de sus jugadores. Seguro que se equivocará muchas veces y yo tampoco me esconderé para ofrecerles mi punto de vista sobre sus errores, pero yo quiero gente como Marcelino y Fernando Roig en mi equipo. Siempre. Hoy estoy satisfecho, contento e ilusionado con el Villarreal. Sí, pero todavía no soy feliz, porque la felicidad llegará el día en que se culmine el Volveremos. Aún quedan tres finales. Y sufrimiento y seguro que muchas lágrimas. Mil millones de gracias a los 20.000 aficionados que me hicieron vivir una noche mágica el sábado. #Volveremos. Con una afición así, seguro.