Un funesto viernes 13 para Rossi

Estaba en la sobremesa de la comida en el restaurante Casa Teresa de Castellón con un buen amigo cuando sonó el móvil. La velada había sido agradable, para mi descomprensiva después de la tensión vivida la noche anterior en el Madrigal. Hubo de todo, repaso a la actualidad albinegra y también al calendario que le restaba al Villarreal. En un momento de la charla salió el nombre de Rossi. Mi compañero de tertulia me preguntó por él Bambino. Me atreví a decirle que estaba convencido de que llegaría a la Eurocopa. El sonido de mi Iphone interrumpió los instantes finales de la tertulia allá por las 16.15 horas. Reservo el nombre de mi intelocutor por motivos obvios pero cuando me dio la noticia no pude evitar golpear la mesa con rabia. Giuseppe no se lo merecía. Nadie se merece un golpe como este, pero él un poco menos. Y el Villarreal tampoco. No soy supersticioso y me suelo reír de las manías de mis amigos, pero ayer era viernes y 13. Un funesto viernes 13, aunque esta temporada ha estado llena de días como el de ayer. Nunca la alegría ha podido ser completa esta temporada. Después del subidón moral que supuso el gol de Hernán Pérez, llegó el  mazazo de la recaída en la lesión de Giuseppe.

Hace un mes compartimos una agradable velada, en un marco incomparable  como el hotel Voramar de Benicàssim, con Beppe. Ya estaba entrenando con cierta normalidad pero me contaba que no quería precipitarse y tenía que efectuarse las pruebas pertinentes para asegurarse de que el ligamento estaba fuerte. Rossi ha seguido las pautas marcadas con absoluta profesionalidad. En todo este tiempo ha sufrido como uno más del vestuario los avatares de un año muy malo para el Villarreal. A este grupo humano que dirige Lotina se le pueden discutir muchas cosas, pero todas referentes al apartado deportivo. Nunca la faceta humana y profesional de este plantel podrá ser puesta en duda. Rossi lo ha pasado muy mal durante estos seis meses, porque el fútbol es su vida. “Le dije a mi representante que el Villarreal no se toca, es como la familia”, era la frase que me espetó Giuseppe a bote pronto y que se me quedó grabada. Sí, es verdad, Rossi forma parte de la gran familia grogueta que el jueves por la noche celebró el triunfo con pasión y delirio. Esa familia le tributará una cálida ovación el domingo en el minuto 22 de ese decisivo partido contra el Rácing. Un importante motivo más para acudir al Madrigal. Sin duda, Rossi se merece que le dediquemos el triunfo. La noticia de su lesión, de la que la mayoría de jugadores se enteraron bien entrada la tarde, se convirtió en un duro palo. Uno más de una temporada aciaga para el Villarreal.

Los grandes boxeadores son aquellos que saben levantarse después de recibir un duro golpe. Rossi es uno de los grandes y no tardará en coger los guantes de nuevo. Él es de la familia y la familia no le dejará nunca solo. Yo, y todos ustedes, volveremos a disfrutar de un tipo fenomenal y de un futbolista excepcional. El domingo, en el minuto 22, me dejaré las palmas de la mano en un aplauso emotivo y cariñoso. Después de esto, todo lo bueno que venga me sabrá mucho mejor. Como el triunfo del jueves ante el Málaga. ¡Endavant, Villarreal! Ni mil funestos viernes 13 como este podrán ni con Rossi ni con el Villarreal. ¡Fuerza Bambino!

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Sobre José Luis Lizarraga

José Luis Lizarraga, jefe de deportes de el Periódico Mediterráneo