Vaya por delante una declaración personal: No me gusta el parany.
Sin embargo, defiendo su regulación para que miles de castellonenses que lo practican puedan seguir haciéndolo sin miedo a ser descubiertos y salgan de la absurda clandestinidad a la que los políticos lo han llevado.
La tradicional práctica del parany ha recibido el revés del Constitucional. Le ha clavado la puntilla sin que el PP, que prometíó retirar el recurso presentado por Zapatero haya movido un dedo para impedirlo.
Aún recuerdo como Avel.lí Roca (PSPV) y Luis Tena (PP) pugnaban por conseguir la legalización de esta ancestral práctica. No obstante, desde la distancia, Zapatero y Rajoy se lo han cargado de cuajo: uno lo ha matado y el otro lo entierra sin el menor dolor.
