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¿Cargos o votos?

Mariano Rajoy ha despejado las dudas sobre quién le acompañará en el consejo de ministros en esta nueva y complicada andadura legislativa de corto, medio o largo recorrido… a saber. Y había cierto morbo por ver si confirmaba lo que ya es un hecho con la rehabilitación de un PPCV marginado desde que estallaron los escándalos de corrupción en la etapa de Francisco Camps al frente del Consell y del partido. Vamos, lo que se ha venido en llamar el cordón sanitario impuesto por Génova (sede del PP nacional).
No ha sido así. Como muchos barruntaban, el nuevo ejecutivo no tiene cuota valenciana. La ocupaba hasta ahora el ya exministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, un madrileño que de valenciano solo tiene su segunda residencia en Xàbia (Alicante), en la que quiere vivir cuando se retire como buen amante del mar que es. Un caso similar a lo que ocurría cuando Camps nombraba consellers, y Carlos Fabra se apresuraba a adjudicarse la cuota castellonense porque alguno de ellos veraneaba en Benicàssim o en Platgetes.
De todos modos, no pasa nada. Tampoco es tan importante tener un ministro valenciano. ¿Qué es lo que ha hecho García Margallo por la Comunitat en estos últimos años? ¿Y qué hicieron con anterioridad otros ministros valencianos como Carmen Alborch, Jordi Sevilla, María Teresa Fernández de la Vega y Pedro Solbes (PSOE) o los valenciano-cartageneros Eduardo Zaplana y Federico Trillo (PP)?
Uno se pregunta, ¿para qué sirve el tan cacareado poder valenciano en Madrid? Visto lo visto, para nada, más allá de ser un mito y una simple etiqueta.
Con el nombramiento de los nuevos ministros no se ha visualizado que el PPCV vuelve a resituarse y a contar a nivel nacional, y habrá que esperar al segundo escalón para ver nombres y apellidos que sí están ligados a la Comunitat.
Ahí está sin ir más lejos el de Miguel Barrachina, que ya fue director general de Economía Social del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales con el último gobierno de José María Aznar. Mano derecha de Javier Moliner en la Diputación, dicen que la contrapartida exigida por el presidente provincial para que el de Segorbe encabezase la lista al Congreso de los Diputados fue que ocupase un puesto de responsabilidad en el Gobierno de España si Rajoy volvía a gobernar. Ya veremos, porque igual hay otros aspirantes de Castellón.
En puridad, dado que Isabel Bonig ha conseguido estabilizar el partido, electoral y orgánicamente, no hubiera estado de más que se viese reconocido este hecho, bien en el Gobierno, o si no ha sido así, en el segundo escalón, con algún fichaje de alguien de su entera confianza. Aunque el verdadero refuerzo de la lideresa de la Vall d’Uixó no se lo dará Rajoy, se lo han dado ya las urnas al haber reconquistado más de 260.000 votos en las dos últimas citas electorales desde el descalabro de las autonómicas y municipales del 2015.
Una recuperación que se aproxima a los diez puntos y que con las encuestas de cara la sitúan a un paso de volver a gobernar en el 2019 –con ayuda de C’s–. Y eso es el poder de los votos que, a fin de cuentas, es lo que importa y es lo que da o quita cargos y gobiernos.

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Campaña precongresual

Decíamos ayer que el PSOE caminaba de manera irremediable hacia la abstención para facilitar un gobierno de Mariano Rajoy y evitar unas terceras elecciones. Y así ha sido. Una abstención que no ha gustado a una cabreada militancia socialista de cuyo malestar se han hecho eco una serie de jóvenes alcaldes y portavoces del PSPV de Castellón que, bajo el lema compteu amb nosaltres, han apostado por el no es no y captado decenas de firmas de cargos institucionales y orgánicos, básicamente de la capital, Plana Baixa, Alto Palancia y la ejecutiva provincial.
Toda una muestra de fuerza y una primera toma de contacto para lo que debe venir después de la investidura de Rajoy, que no es otra cosa que la refundación de un partido que se desangra y que necesita con urgencia articular un nuevo discurso para tomar el pulso a una sociedad que le ha dado la espalda. Porque el proyecto socialdemócrata que representa el PSOE es necesario.
Asumido que el PP volverá al Gobierno, lo que está pasando ahora en el PSPV provincial es un posicionamiento en clave interna cara a los futuros cónclaves congresuales. La renovación del liderazgo del socialismo provincial y autonómico va para largo, pero todos tienen en mente a José Benlloch y Ximo Puig –partidarios ambos de la abstención–. El primero porque es uno de los alcaldes más respetados, con mayoría absoluta en Vila-real y además portavoz en el Diputación. Y el segundo porque bajo su liderazgo el PSPV ha vuelto al Consell veinte años después y tiene más peso en el conjunto nacional.
¿Son suficientes estos bagajes? No. Ni Benlloch ni Puig tienen ahora mismo ninguna garantía de conseguir sus objetivos en los congresos a celebrar después del que debe decidir al sustituto/a del defenestrado Pedro Sánchez.
¿Por qué? Porque la crisis interna del PSOE, agravada por la determinación de abstenerse, es de tan hondo calado que ha levantado en armas a los militantes, que son quienes sostienen al partido y los que deberán votar en las primarias para renovar a los secretarios generales.
Las bases están de uñas con sus dirigentes y continúan inamovibles en el no que en la provincia abandera ese grupo de dirigentes de nuevo cuño salidos de las urnas, con los primeros ediles de Onda (Ximo Huguet), la Vall (Tania Baños) y Almenara (Estíbaliz Pérez) como máximos exponentes, y que cuenta con el apoyo, entre los más relevantes, de la plana mayor de la ejecutiva del PSPV de la capital –todos afines a Amparo Marco–; o miembros significativos del comité ejecutivo provincial que controla Francesc Colomer como Ernest Blanch, que es también jefe de gabinete de la consellera María José Salvador o Anna Edo, número dos de la ejecutiva.
Pese a estos movimientos precongresuales y la clara toma de posiciones, a nadie escapa que, como mínimo a un año vista los congresos de País y provincial, no hay nada decidido. Porque si en política una semana es un mundo, un año es el universo entero. Falta por abordar el congreso federal, que es donde verdaderamente el PSOE se la juega. Si como apuntan todos los analistas Susana Díaz se hace con las riendas, Puig y Benlloch tendrán mucho que decir en el nuevo PSOE que salga de ese congreso al tener plena sintonía con la lideresa andaluza. Y eso será otro punto a añadir en su bagaje… o no.

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Puig: entre dos frentes

El Partido Socialista avanza de manera irremediable hacia la abstención para investir a Mariano Rajoy en medio de una enorme división interna. Una auténtica guerra civil de consecuencias imprevisibles. El presidente de la gestora, Javier Fernández, y los parlamentarios socialistas, dieron esta semana un importante paso para que el PSOE se abstenga y, además, han pedido a los diputados que acaten esta opción si al final es la que acuerda el comité federal de este próximo domingo.
Pese a esta abstención cocinada a fuego lento y plagada de obstáculos y polémicas, el espíritu del no es no del defenestrado Pedro Sánchez sigue muy vivo en muchos de los cargos institucionales, orgánicos y, sobre todo, entre la militancia del partido. Y el PSPV de Castellón no está al margen. Dos ejemplos. Por una parte, la iniciativa de un grupo de jóvenes alcaldes y portavoces municipales para reclamar firmeza en contra de un gobierno del PP. Por otra, la cena de militantes de mañana en la sede del PSOE en la capital bajo el revelador lema Decimos no a Rajoy.
Y mientras… ¿qué opina Ximo Puig? El líder del PSPV y president del Consell guarda ahora un prudente silencio, y cuando se ha pronunciado, su apuesta es la de una abstención técnica de 11 diputados socialistas o de varios partidos, algo imposible; o terceras elecciones. Sin duda, Puig afronta uno de los momentos más delicados de su dilatada trayectoria política. Tiene abiertos dos enormes frentes: el institucional con un gobierno de la Generalitat sostenido por Podemos; y el del partido con un PSPV dividido entre la abstención y el no es no.

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La incógnita del PSPV

El PSPV es ahora una incógnita. Al igual que en el PSOE en Madrid, nadie sabe lo que puede pasar en la Comunitat Valenciana. Pero en lo que sí coinciden muchos es que una cosa es Pedro Sánchez y otra bien distinta Ximo Puig. Me explico. Pese al rechazo de muchos militantes y cuadros socialistas a la decisión del president de dimitir de la ejecutiva federal y ayudar a la caída de Sánchez, hay también coincidencia en que es preciso un ejercicio de responsabilidad para no desestabilizar a un partido que tiene a su líder al frente del Consell. Ha costado mucho llegar hasta aquí –más de 20 años– y no conviene dinamitar a un PSPV que tiene a Mónica Oltra agazapada y de perfil, esperando su oportunidad en el 2019.
Una responsabilidad, además, reforzada por el hecho de que Puig es quien tiene en sus manos el Diari Oficial de la Comunitat y, por tanto, la capacidad de nombrar o destituir cargos. De ahí que nadie se mueva en espera de acontecimientos, y solo afloren las críticas de aquellos que han quedado fuera de los repartos y no tienen nada que perder. Incluso algunos de estos ya han reculado, por si acaso. Lo normal es que el de Morella pueda disfrutar ahora de una aparente tranquilidad interna a la espera de un congreso de País que como mínimo sería en la segunda mitad del 2017. En cuanto a los efectos que pueda tener la crisis del PSOE –y la decisión que adopte sobre si se abstiene o va a terceras elecciones–, Podemos tiene un dilema en la Comunitat. Antonio Montiel, más cerca de las tesis de sus socios en el Palau que de su líder en Madrid (Pablo Iglesias), ya sabe que si le retira el apoyo al pacto del Botánico está dando alas al PP de Isabel Bonig.
Por si a los podemitas se les ocurriera romper la baraja, Puig se afana en seguir a rajatabla el guión del no es no a Mariano Rajoy, mirando de reojo la abstención técnica.

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Las caras de la noche electoral

Dicen que la cara es el reflejo del alma. Y así es. Basta con ver las de la noche electoral para leer los resultados. Son tres caras, las de Isabel Bonig, Mónica Oltra y Ximo Puig. Vayamos por partes. La cara de la alegría era para la lideresa del PPCV, quien puede estar moderadamente satisfecha por el resultado obtenido si nos centramos en que vienen de un largo purgatorio por la pena de la corrupción y el desgaste de los 20 años de gobiernos populares. De ahí que seguir manteniendo el voto fiel de casi un millón de valencianos hay que atribuírselo a Bonig y a su capacidad de regenerar, reilusionar y mantener unido a un partido hasta hace cuatro días sumido en la depresión. La corrupción y los corruptos están ahí para sonrojo de todos pero, por más que estratégicamente se empeñen sus adversarios políticos, parece amortizada. El PP ya pagó su factura con la pérdida de la mayoría absoluta en las autonómicas y municipales del 2015 y ahora serán los jueces quienes pongan a cada uno en su lugar.
Aunque todavía lejos en porcentaje de votos de feudos tradicionales como Madrid (38,2%), Galicia (41,4%), Murcia (46,7%) o Castilla León (44,3%), Bonig, con el 35,4%, logra dos diputados más (13) y consolida su liderazgo en el PPCV, por si había alguna duda en algún pequeño grupúsculo de Valencia, cara al congreso regional del año que viene y a su candidatura para la Presidencia de la Generalitat en el 2019.
La cara de la decepción era la de Mónica Oltra. La lideresa de Compromís y una de las impulsoras de A la Valenciana (la coalición entre Compromís, Podemos y Esquerra Unida), aspiraba no solo a repetir el sorpasso al PSPV, como así ha sido, sino también al PPCV, y alzarse con la vitola de primera fuerza política en la Comunitat. No lo han logrado. Al contrario, han perdido votos, y eso que está vez concurrían con EU, partido por otra parte, que si ya era residual, ahora parece haber firmado su finiquito. Falta por saber qué pasará con esa ensaladilla rusa y qué papel querrá jugar el Bloc, socio mayoritario de la coalición. Son muchos los que no esconden su malestar y ya están con la espada afilada, aunque saben que Oltra, para bien o para mal y todavía hoy, es la llave si quieren llegar a lo más alto en la cita con las urnas del 2019.
La cara de susto era la de Ximo Puig, por lo que hubiera podido ser y no ha sido. No sale reforzado el de Morella de la cita electoral, pero tampoco trasquilado. Sí, ha perdido un diputado en Alicante y eso le debilita, pero la tendencia no es mala y sube ligeramente en votos (6.494 más que el 20-D y 28.885 respecto a las autonómicas del pasado año, su suelo electoral) y porcentaje (un punto).
Está claro que el voto del miedo a Podemos se ha concentrado en el PP y no ha ido al PSPV, al intuir que si votaban socialista no se alejaban de Podemos. Por eso Puig ha defendido un espacio político en el que nadie ha entrado, el centro izquierda, para ganar apoyos. Y tiene lo que tiene. Ahora toca analizar por enésima vez por qué los socialistas valencianos son incapaces de presentar un proyecto que ilusione para recuperar la confianza de los ciudadanos. Para ello deben empezar por la regeneración. Lo dijo ayer el propio Puig cuando en una entrevista apostó por modernizar el PSPV. Y tiene una buena oportunidad para ello. Viene un congreso y con él debe llegar la nueva hornada de alcaldes y concejales para actualizar caras y discurso. Y ahí están Tania Baños, Estíbaliz Pérez, Merche Galí, José Benlloch, Samuel Falomir, Rafa Simó, Ximo Huguet…
Por ultimo, y sin ponerle cara porque no la hay, está Ciudadanos. Un partido que se resume en su líder (Albert Rivera), sin infraestructura visible en Castellón o la Comunitat, y cuyo suflé se desinfla.

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El voto útil

Cuando vivíamos única y exclusivamente del bipartidismo político y la alternancia en los diferentes gobiernos –estatales, autonómicos, provinciales o municipales– era cosa del PP y el PSOE. Se imponía el llamado voto útil como estrategia de los dos grandes para minar al pequeño en pos de mantener esa supremacía. Pasó con el PP y Unió Valenciana aquí, en la Comunitat, hasta que Zaplana logró fagocitar al partido regionalista del fallecido González Lizondo; y también el PSPV-PSOE con Esquerra Unida o el Bloc. En esta campaña electoral, aunque lejos ya de las abrumadoras mayorías de populares y socialistas, ha vuelto con inusitada fuerza la estrategia del voto útil, que como saben no es otra cosa que apelar a que te voten aquellos que puedan tener una misma o parecida ideología, y que saben que su primera opción en las urnas no va a poder gobernar.
Pero esta vez los actores han cambiado y en esta segunda vuelta sin necesidad de reformar la ley electoral, sigue el PP y se cuela Podemos (A la Valenciana entre nosotros) en detrimento de un PSPV en horas bajas. Los primeros quieren rascar de Ciudadanos y los segundos, engullida ya Esquerra Unida y en coalición con Compromís, aspiran a robarle a los socialistas para cumplir el pronóstico de la gran mayoría de las encuestas preelectorales con el temido ‘sorpasso’.

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Menudo marrón

Me dice un buen amigo de la Vall d’Uixó que anda metido en esto de la política que no ve para nada unas terceras elecciones. Y para sostenerlo argumenta que nadie quiere, y que harán todo lo posible para evitarlo. Habrá gobierno sí o sí. ¿Pero cómo? Apunta tres opciones. Una con un presidente del PP que no sea Rajoy con el apoyo de Ciudadanos y la abstención del PSOE. Otra con Sánchez e Iglesias, siempre que el primero gane al líder de Podemos. Y una tercera con Iglesias de presidente con nacionalistas y el apoyo del PSOE, pero sin entrar en el gobierno. Otro buen amigo, este vecino de Castellón y también muy activo en asuntos políticos, sostiene que solo hay dos opciones: o un gobierno en minoría del PP con la abstención del PSOE y Ciudadanos; o uno de Podemos con el apoyo del PSOE y de los nacionalistas. O sea, que tampoco contempla unas terceras elecciones.
Y por opinar, que en política es como en el fútbol y los toros, todo el mundo lo hace, y todos tienen razón, apunto aquí una tercera vía que pasaría por hacer presidente a Rivera si los tres partidos más votados no se ponen de acuerdo. Vamos, algo así como lo sucedido en Nules en las últimas municipales, donde David García, con un solo concejal, es el alcalde. Y así cerramos el círculo. Todos tienen posibilidades de ser presidentes.
Menudo marrón.

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Segunda vuelta

Si hay algo meridianamente claro del debate a cuatro entre los principales candidatos a la presidencia del Gobierno es que, a día de hoy, estamos más cerca de unas terceras elecciones consecutivas que de llegar a acuerdos a partir del 27 de junio, en lo que será otro escenario político muy fragmentado y necesitado de pactos y altura de miras para gobernar. Todos contra todos. Este ha sido el titular principal de Mediterráneo en su portada de ayer y resume a la perfección lo que fue el debate entre los cuatro grandes.
Y lo que está también claro es que estamos asistiendo a una campaña anormal por inédita, al tratarse de las segundas elecciones generales en seis meses. Por eso mismo, por la repetición de los comicios, y por cómo apuntan las encuestas, más bien estaríamos hablando de una suerte de segunda vuelta, sin necesidad de la tan cacareada reforma de la ley electoral. Una segunda vuelta, a elegir entre el PP de Mariano Rajoy o el cada vez menos emergente Podemos (entre nosotros A la Valenciana) de Pablo Iglesias. Un debate que para sorpresa de muchos se ha colado en Castellón al subrayar el CIS un posible sorpasso de A la Valenciana al PP. Y así lo entienden Javier Moliner y el candidato Miguel Barrachina, quienes focalizan su estrategia y sus mensajes en demonizar a Podemos-Compromís (la base de A la Valenciana). Y también la lideresa popular, Isabel Bonig, que ahora ve más rival a Mónica Oltra que al president Ximo Puig cara a las autonómicas del 2019.
Mientras tanto, si el electorado no lo remedia, el PSPV-PSOE está situado en un discreto tercer plano.

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El CIS y las Generales del 77

Es curioso esto de las encuestas electorales y el uso que hacen de ellas cada uno de los partidos políticos. Sea cual sea el resultado, todos ven algo positivo en su contenido. Al menos, es lo que dejan entrever de puertas hacia fuera tras el pormenorizado análisis que realizan de los datos. Y la del CIS es un claro ejemplo. Quienes quedan situados por debajo de sus expectativas –PP, PSPV y Ciudadanos–, emiten el mensaje de que es solo una encuesta más y se aferran al 30% de indecisos. Y para los que apunta hacia arriba –la coalición A la Valenciana (Compromís, Podemos, UE)–, no hay sorpresas, porque estaban convencidos, no solo de repetir el sorpasso al PSPV, sino también de la opción de superar al PP, el partido que ha ganado todas las elecciones en Castellón desde 1993. Veinticuatro en total, ahí es nada. Por eso mismo, porque, según el CIS, se puede romper esa racha, la preocupación es mayor en el PP de Javier Moliner. En las filas populares no dan crédito a que el CIS aliente las aspiraciones de A la Valenciana de arrebatarles uno de los dos diputados y convertirse en la primera fuerza en Castellón, en desintonía con Valencia y Alicante, donde el PP sí que mantiene el tipo. Y no se lo explican, porque la diferencia el 20-D fue de casi 24.000 votos, un colchón importante para amortiguar el temido sorpasso. ¿Qué ha pasado? Miguel Barrachina no es un mal candidato, todo lo contrario. Y Castellón es una provincia muy poco conflictiva y la menos golpeada por la corrupción en comparación, por ejemplo, con la Valencia de Rita Barberá y Alfonso Rus que, sin embargo, gana un diputado para el PP de Isabel Bonig.
El PP de Castellón mantuvo ayer su habitual reunión de los lunes, y comienza oficialmente su campaña electoral el jueves –un día antes de lo previsto– con la visita de Andrea Levy a Benicàssim. Confían los populares en que muchos votantes de Ciudadanos regresen al PP al sentirse traicionados por los de Albert Rivera que, lejos de ser el centro derecha por el que muchos de ellos apostaron en detrimento de Mariano Rajoy, además no dudaron en pactar con el PSOE para hacer presidente a Pedro Sánchez.
Otras lecturas que ofrece el CIS es que el PSPV-PSOE de Ximo Puig y Francesc Colomer queda cada vez más relegado a tercera fuerza, sin conocer todavía cual es su suelo electoral; y que Ciudadanos tocó techo el 20-D y ahora quizá le toca también bajar sus expectativas electorales.
Y a este respecto, otra clave que no hay que perder de vista el 26-J y que no contempla la encuesta del CIS, al no aportar porcentajes de votos, pero que sí se refleja en otros sondeos. Si el PP y A la Valenciana se sitúan por encima del 30% de los votos y Ciudadanos no alcanza la mitad de las papeletas del segundo partido más votado, podría perder el diputado conseguido el 20-D.
Es decir, que en este supuesto podríamos volver al reparto de 1977 con las primeras Generales de la etapa democrática, y aquel 2 (UCD) 2 (PSOE) 1 (INDEP) que nunca más se ha vuelto a repetir.

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Los grandes líderes pasan de largo

La campaña electoral en Castellón ya se sabe, no está en la agenda de los grandes líderes, pero sí que habrá segundas filas de interés. Eso al menos es lo que a día de hoy barajan los partidos que aspiran a conseguir uno de los nueve escaños en liza al Congreso (cinco) y al Senado (cuatro) por Castellón. PPCV, A la valenciana (Compromís-Podemos-EU) y PSPV-PSOE van cerrando agendas y anuncian la presencia de Antonio Hernando, Íñigo Errejón, Andrea Levy o Javier Maroto como las caras más reconocibles de la escena política nacional.
El PPCV y el PSPV coincidieron el lunes en presentar lo que serán las líneas maestras de su campaña electoral. La de los populares será pisando “mucha calle” para “mirar a los ojos a los ciudadanos” y “explicarles que el Consell de Puig y Oltra miente”, según dio a conocer la coordinadora general del partido, Eva Ortiz. Y entre las propuestas para seguir siendo el partido más votado en la Comunitat Valenciana: la bajada de impuestos, la creación de empleo, el apoyo a las pymes y los autónomos, las políticas sociales y la libertad de los padres para elegir centro y modelo educativo.
En cuanto a los socialistas, el coordinador de la campaña, Alfred Boix, anunció “mucha proximidad” con atención a los tres ejes propuestos por el secretario general del PSPV, Ximo Puig: la búsqueda de un nuevo modelo de financiación, un nuevo modelo productivo y una reforma de la Constitución. Y que van a apostar por “la movilización de todos los responsables del partido, no solo de los candidatos”. No es de extrañar, por que el reto de los socialistas valencianos –y del resto del país– es mayúsculo para evitar de nuevo el sorpasso de los de Mónica Oltra y sus dos socios en la coalición A la valenciana.
Respecto a las visitas programadas a Castellón, arranca el 8 de junio con el portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, Antonio Hernando. Esta misma semana, el sábado, Íñigo Errejón, el número dos de Podemos, acompañado por la lideresa de Compromís, Mónica Oltra. El vicesecretario Sectorial del PP, Javier Maroto, tiene confirmada su presencia en la capital el sábado 18 de junio, mientras que su compañera de partido, la vicesecretaria de Estudios y Programas, Andrea Levy baraja el 15 ó 16 para su visita.
Otros dos mítines confirmados del PSOE son los del vicecoordinador del Comité Electoral, Óscar López, para el día 20; y el del eurodiputado socialista y exministro Juan Fernando López Aguilar para el 23. Y no se descarta que venga también el presidente del Congreso, Patxi López.
¿Y los candidatos? Por lo pronto, Mariano Rajoy visitará Alicante este viernes, en el primer día de la campaña, y volverá a la Comunitat la última semana para participar en un acto en la provincia de Valencia. Pedro Sánchez protagonizará el acto central de los socialistas valencianos el 18 de junio, la Fiesta de la Rosa en el Parque del Oeste de Valencia. El líder de Podemos, Pablo Iglesias, y el de Izquierda Unida, Alberto Garzón, compartirán escenario en Alicante el 17. Y Ciudadanos tiene pendiente cerrar aún la agenda de Albert Rivera.