Sobre el Autor: Javier Abad Meliá

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Javier Abad Meliá, Redactor jefe de el Periódico Mediterráneo.

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Defender la provincia

Antes que nada, una primera observación sobre este nuevo tiempo que inicia el PPCS de la mano de Miguel Barrachina, y que seguro está en la mente de muchos: más allá de si hay continuismo, o de si buena parte de los elegidos para el núcleo duro son también protagonistas de la etapa de Javier Moliner, lo cierto es que a ojos del de Segorbe están los mejores, sin tutelas ni de nadie, ni de ningún tipo. Y están por actitud y aptitud. Por conocimiento del partido y de la provincia. Dicho esto, Barrachina tiene ante sí dos objetivos muy claros, que van unidos en uno solo: rearmar un discurso más agresivo desde Castellón con las políticas del Consell y de los ayuntamientos progresistas; y renovar las juntas locales con los mejores candidatos/as, para recuperar las alcaldías en 2019. Y para apoyar este discurso crea la figura inédita y original del defensor de Castellón, por cierto una figura muy arraigada en Finlandia, país muy del gusto de Ximo Puig.
Barrachina tiene un perfil combativo, es incisivo, directo y no rehúye el cara a cara como ha quedado demostrado en el reciente debate sobre la estiba en el Congreso de los Diputados. Y allí, en Madrid, es donde dice sentirse ahora a gusto y necesario, pero las elecciones se ganan pisando la calle, es decir las calles de la provincia.
Del partido poco se puede preocupar. Moliner lo deja bien engrasado y libre de familias, y eso que no era fácil tras la debacle electoral del 2015.

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El voto del sentimiento

La a primerísima lectura que a uno le viene a la cabeza tras la aplastante victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE es que Ximo Puig puede salir debilitado. Y quizá a los que lo piensan así no les falte razón. No sale bien parado, cierto, pero hay muchos matices a esa supuesta debilidad. El primero de ellos es que la militancia ha votado un sentimiento, no a una persona. Sánchez atesora dos históricas debacles electorales y no pocas contradicciones en su discurso político, pero ha primado en las bases lo mal que se gestionó su salida y la posterior investidura de Rajoy con la abstención.
Otro matiz importante relacionado con éste es que no se ha votado a Puig. Eso llegará más adelante. Y un tercero es que el partido ha cambiado y el contexto político hoy es muy diferente. Ahora, el dirigente ya no tiene esa capacidad de influir como antaño, no hay consignas y el poder virtual está en manos de la militancia como ha quedado demostrado. Digo virtual porque con los delegados del congreso puede ser otra cosa.
Y hablando de sentimiento, el del voto del que hablamos se ha manifestado con toda su crudeza al tumbar a Susana Díaz como muñidora de la gestión poselectoral. Pero aquí, el sentimiento de derrotar a Puig no parece tal. Cierto es que el de Morella puede provocar rechazo en una parte de la militancia, pero nunca con los números de la andaluza.
Situémonos ahora en el cónclave congresual que el PSPV tendrá en julio. Vistos los resultados de la noche del domingo y, sobre todo, como lo festejaron los ganadores, un paseo triunfal no va a ser y puede pasar de todo. Y de esa euforia sentimental más pronto que tarde se deberá pasar a la reflexión. ¿Hay otro candidato a secretario general que no sea Puig? ¿Quién? ¿José Luis Ábalos? ¿Andrés Perelló? ¿El PSPV está en condiciones de poner en evidencia al único presidente socialista que ha tenido la Comunitat en los últimos 20 años? Y más con un Compromís y Mónica Oltra al alza que les pisa los talones.
Es cierto que Puig, a partir de ahora, ha sido minado como líder, pero de ahí a pensar que no será el próximo secretario general hay un buen trecho. Aunque necesariamente deberá negociar y mucho la nueva dirección del partido que salga del congreso, las provinciales y, cuando toque, las listas.
En clave provincial, que no local, sale tocado José Benlloch en sus aspiraciones a liderar una alternativa a lo que ahora representa Francesc Colomer. Su grado de compromiso con Díaz ha sido muy alto y, además, tiene una amplia porción de agrupaciones en su contra.
Para finalizar, si Puig, Ábalos, Benlloch y Colomer son capaces de aunar esos sentimientos y anteponerlos por una misma causa, que no es otra que ilusionar, no a las bases, si no al votante, el PSPV estará en condiciones de reeditar los gobiernos autonómico y municipales.

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Pragmatismo o ideología

Compromís ha mostrado su indignación por el acuerdo del Ministerio de Hacienda con el ejecutivo vasco y ha exigido al Gobierno que trate a los valencianos igual que a los vascos. Y no le falta razón. Un acuerdo por el cual el Estado pagará al País Vasco 1.400 millones en concepto de atrasos a cambio del apoyo de los cinco diputados del PNV a los Presupuestos del Estado. La pregunta es por qué Compromís que, al igual que el PNV, es una formación nacionalista de implantación meramente territorial, ha sido incapaz de hacer valer sus cuatro escaños en Madrid para negociar contraprestaciones para la Comunitat Valenciana. Lo del PSPV es otra cosa. Se pliega a la disciplina del PSOE, un partido que es estatal. Señores, más pragmatismo, y menos complejos ideológicos.

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¿A qué viene Rajoy?

¿A qué vino Mariano Rajoy a València? Está claro que solo a apuntalar –sin exceso de cariño– el ya consolidado liderazgo de Isabel Bonig. Y está muy bien. De hecho, de todos los congresos regionales que han celebrado los populares a nivel nacional solo el de Bonig ha contado con la presencia de los dos máximos mandatarios del PP: Rajoy y María Dolores de Cospedal. Detalle que puede leerse en clave de reconciliación, de que el PPCV vuelve a contar para Madrid y las gélidas relaciones, a propósito de los casos de corrupción surgidos en la Comunitat Valenciana, se han normalizado con la regeneración llevada a cabo con mano firme por la lideresa de la Vall d’Uixó. Eso y el casi millón de votos que han aportado los populares valencianos a la presidencia de Rajoy. De ahí que no se entienda que el presidente del PP y del Gobierno viniese el pasado fin de semana a cerrar el congreso del PPCV en València con las manos vacías. En un discurso decepcionante, sin ningún compromiso y sin apoyos explícitos a una Comunitat que, ni mucho menos, está en la onda de la vecina del norte, pero que, como dijo Ximo Puig, está exhausta de tanto ofrenar noves glòries a Espanya. Bonig también lo dejó claro en su alocución: «Presidente, pido justicia con esta tierra para evitar el contagio separatista».

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Bonig entra en campaña

Ha echado a andar. Es el nuevo PPCV de Isabel Bonig, el de la regeneración, el que debe dejar atrás la nefasta herencia de la corrupción, el que debe curtirse dos años más en la oposición tras décadas de poder absoluto y el que tiene como única misión asaltar el gobierno de la Generalitat en el 2019.
Un PPCV en el que Bonig ha apostado por la continuidad (la renovación ya la hizo cuando tomó las riendas del partido tras la salida de Alberto Fabra) y que está diseñado para que partido y grupo parlamentario de Les Corts sean solo uno, con el objetivo de combatir al Consell de Ximo Puig y Mónica Oltra en su terreno, en aquellos temas que el bipartito lleva por bandera: sanidad, educación, servicios sociales y transparencia. Ese es el cometido de este nuevo PPCV que sale del congreso. Bajar a la arena, pelear en el cara a cara y mucho trabajo, máximas que Bonig exige –y exigirá– a sus cargos orgánicos e institucionales para preparar las elecciones.
Un PPCV continuista, sí, pero no de forma gratuita porque, tanto los que siguen como los que ascienden, se lo han ganado a ojos de la lideresa de la Vall d’Uixó. Y todos ellos constituyen ya su núcleo duro, con el incondicional apoyo de los tres presidentes provinciales. Y así lo han entendido los compromisarios con ese abrumador 94,5% de apoyo que ha recibido el comité ejecutivo.
Y un PPCV que ha pasado con nota una transición nada fácil después de 20 años gobernando, con una más que estimable (con la que ha caído en lo judicial) recuperación electoral con dos victorias consecutivas en la Comunitat (en las últimas Generales casi un millón de votos decisivos para que Rajoy esté ahora donde está), pero que tiene otro reto por delante no menos importante: lograr visibilidad en Madrid, ganarse de nuevo la confianza de Génova (sede del PP) y del Gobierno, para que se cuente con Bonig y con el grueso de los populares valencianos, que representan a una comunidad que aporta mucho más de lo que recibe y a la que casi siempre se ningunea.

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Aparato ‘vs’ militancia

El poder orgánico contra el poder de la militancia. Eso es lo que se dirime en el socialismo patrio y por ende, en el de la Comunitat y el de Castellón. O lo que es lo mismo, el aparato contra las bases o viceversa. Una dicotomía peligrosa, pese a que Ximo Puig ayer quitó hierro al asunto y lo calificó de absurdo. «Un maniqueísmo que no es real», dijo quien ya ha anunciado su «voto personal» a la presidenta andaluza. No tan irreal, diría yo. Porque la pugna entre los llamados susanistas (Susana Díaz) y los sanchistas (Pedro Sánchez) está marcada a sangre y fuego y cada aval, cada voto, vale su peso en oro en unas primarias que se presentan a cara de perro. Díaz está arropada por todos los referentes del PSOE, los de antes y los de ahora, no así en Castellón, donde sí que tiene el respaldo de José Benlloch y Adolf Sanmartín, mientras que Francesc Colomer y Amparo Marco estarían hoy lejos de las tesis de la andaluza. Respecto a la hornada de jóvenes alcaldes que lideran Tania Baños y Ximo Huguet, defienden el papel de la militancia, pero no acaban de ver clara la opción de Sánchez y ni la de Díaz. Y esa indefinición les hace objeto del deseo de unos y de otros. Los teléfonos arden estos días para convencerles a su causa. Y para ello unos esgrimen que el PSOE de Díaz está más cerca del PP que de la izquierda; y los otros achuchan porque en una posible victoria de Sánchez se debilita al secretario general del PSPV y, por extensión, al president de la Generalitat, con lo que ello supone tras 20 años de una muy dura travesía del desierto con gobiernos del PP.
Y con estos mimbres, ahí está Patxi López, el tercero en discordia, que podría recoger algún fruto de la gresca nada disimulada que mantiene más que entretenidos a sanchistas y susanistas.

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De primarias y congresos

La gestora del PSOE ya ha fijado para mayo las primarias y en junio el congreso federal de los socialistas. Una vez se confirmen estas fechas de manera oficial, Ximo Puig dispondrá de 60 días para realizar el de País que debe reafirmar su liderazgo al frente del PSPV. Así las cosas, podría ser en julio o en septiembre (agosto es inhábil) y depende de lo que suceda en Madrid. Porque Madrid es la clave. Patxí López ha abierto el melón anunciado su candidatura a primarias y se espera con gran expectación un pronunciamiento similar de Pedro Sánchez y Susana Díaz, que serían las dos opciones con más posibilidades por encima del exlehendakari. Si al final dan el paso estos últimos, no es lo mismo para Puig que Sánchez se haga con el poder, o que sea Díaz quien lo consiga. Si ganan los ‘sanchistas’ lo lógico es celebrar el congreso del PSPV después del verano para intentar reunir una mayoría que ahora Puig no tiene, por lo menos en Castellón. Y si son los ‘susanistas’, es fácil que sea en julio porque muchos de los que ahora se denominan ‘críticos’ se podrían sumar al caballo ganador. ¡Ay la política!

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El PPCV prepara una renovación tranquila

El Partido Popular, el que perdió prácticamente todo su poder institucional en las últimas elecciones autonómicas y municipales es, paradójicamente, el que afronta con mayor tranquilidad sus citas congresuales previstas para la primera mitad del 2017. Lejos de descomponerse y de aflorar guerras internas, los populares permanecen unidos, y en las dos últimas elecciones generales han recuperado votos, lo que les refuerza como seria opción a reconquistar la Generalitat y ayuntamientos importantes. Por eso, los liderazgos de Isabel Bonig a nivel autonómico y de Javier Moliner en la provincia no están amenazados. Ambos tienen el apoyo de Madrid, tanto del viejo como del nuevo PP. Seguirán en sus cargos. Sí que se presume que habrá renovación en la nombres de los respectivos comités ejecutivos. En el regional, es casi seguro que seguirá Eva Ortiz de número dos. A partir de ahí, la lideresa de la Vall seguirá con el proceso de renovación que ya emprendió cuando asumió el mando. Buscará gente joven y batalladora para combinar el aspecto constructivo en la oposición, con el combativo.
Respecto a Moliner, lo normal es que siga la renovación con un perfil municipalista. Pero la primera incógnita será si Miguel Barrachina seguirá de coordinador general, toda vez que tiene su puesto en el Congreso y suena para el segundo escalón en el Gobierno. ¿Posibles sustitutos? Ahí están Elena Vicente-Ruiz o Luis Martínez.

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Lucha abierta por ‘mandar’ en el PSPV

Una batalla campal. Así es como ve, si no cambian mucho las cosas de aquí a la segunda mitad del 2017, un destacado dirigente socialista de Castellón los congresos de País y provincial del PSPV-PSOE tras el monumental cabreo de las bases con sus dirigentes por la abstención a Rajoy. Con esta tesitura, ni Ximo Puig lo tendrá fácil para repetir como secretario general de los socialistas valencianos, ni tampoco José Benlloch, si aspira a suceder a Francesc Colomer, en Castellón.
Está claro que todo depende de lo que pase en Madrid y de quién se haga con las riendas del partido. Puig y Benlloch tienen mucha afinidad con Susana Díaz, pero no hay que olvidar que en el PSOE son los militantes quienes eligen a sus líderes en primarias. Puig tiene en contra a José Luis Ábalos y a David Cerdán, secretarios provinciales de Valencia y Alicante, y en Castellón hay mucha contestación interna por el paso que dio el de Morella al dimitir de la comisión ejecutiva federal que inició una auténtica guerra en Ferraz que acabó con la dimisión de Pedro Sánchez. Lo mismo que Benlloch, de los pocos que dijo públicamente que apoyaba la abstención. Mientras, un movimiento de alcaldes y alcaldesas jóvenes del partido se unían en el no. De ahí que no es descabellado pensar que de ese movimiento, que apoyan Colomer y la consellera María José Salvador, salga algún/na posible rival para el alcalde de Vila-real.

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Rajoy debe cumplir con Castellón

El nuevo Gobierno de Mariano Rajoy ha echado a andar. Tras dos elecciones y más de 300 días de incertidumbre, los miembros del Ejecutivo han tomado posesión de sus carteras para afrontar una legislatura incierta. Y sin ministros valencianos. El reconocimiento de Rajoy a la reacción electoral del PPCV no se ha visto recompensado. Quizá cuando se nombre el segundo escalón. Y así lo ha entendido el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, para quien «no es una buena noticia» que no haya ningún valenciano. Pese a todo, la presidenta del PPCV, Isabel Bonig, se ha mostrado segura de que tendrán «sensibilidad con los problemas valencianos». Y esa sensibilidad pasa por abrir un diálogo en serio y aplicarse de una vez por todas para que la Comunitat Valenciana deje de ser la peor financiada del conjunto del Estado. La continuidad en la cartera de Hacienda de Cristóbal Montoro lejos de lo que se pueda pensar, no debe ser un impedimento. El tiene la caja, pero Rajoy está obligado a dialogar, y para eso ha puesto a Soraya Sáenz de Santamaría. Incluso el president va un poco más allá y avanza que en la Conferencia de Presidentes planteará que el Estado asuma como propia la mayor parte de la deuda de las autonomías.
En clave castellonense, los principales agentes sociales lo tienen claro en sus demandas. Empresarios y sindicatos exigen al nuevo Ejecutivo que salde todas la deudas históricas con Castellón. Deudas que pasan, básicamente, por unas infraestructuras que nunca llegan o cuyas obras se hacen eternas. Llevamos años hablando de lo mismo en esta provincia. Entre los ejemplos, es recurrente la exigencia del corredor mediterráneo, los accesos al puerto de Castellón, el desdoblamiento de la A-68; el AVE, la liberalización de la AP-7 o el enlace de la CV-10 con Tarragona por el interior. Rajoy debe cumplir.