- Descripción
- Javier Abad Meliá, Redactor jefe de el Periódico Mediterráneo.
El PPCV también entra en recesión y necesita acción política
Justo cuando faltan dos años para las elecciones municipales y autonómicas –y con unas europeas de por medio que se convertirán en el verdadero test– Alberto Fabra cumple su primer aniversario al frente del PPCV, un partido que presenta signos más que evidentes del lógico desgaste que conlleva estar 18 años en el poder. Un desgaste que se ve acentuado por todas las consecuencias que ha traído consigo la crisis económica y el desprestigio de la clase política, sobre todo en los dos grandes partidos.
Abrumado por las circunstancias, este primer año de Fabra en el PPCV ha transcurrido en un ambiente de pesimismo y desazón. Falta músculo -¡ay Ricardo Costa!– y el presidente es consciente de ello. Por eso en abril reunió a los barones provinciales para reclamarles mayor implicación y compromiso para volver a ilusionar a las bases e intentar remontar unas encuestas que ahora le darían el gobierno a los tres partidos de la oposición (PSPV-PSOE, Compromís y EU).
Fabra debe aún consolidar su liderazgo y para eso le falta ganar unas elecciones. Su primera oportunidad será dentro de un año con las europeas. Una cita electoral menor pero que será la mejor encuesta para testar en qué situación está el PPCV. Con esos resultados en la mano, sean los que sean, deberá afrontar un año decisivo cara a las autonómicas y municipales, donde realmente se la juega. Un año preelectoral con la dificultad de tener la caja vacía y una dependencia económica cuasi absoluta de Madrid que le impide ser reivindicativo. Con estos mimbres, no le queda otra que variar el rumbo con más acción política que le aleje de esa invisibilidad en la que parece instalado tanto el partido como el Consell. Si la coyuntura de aquí a dos años no mejora, la tarea será difícil. Por eso, no es misión de una única persona. Fabra debe contar con el apoyo de todos los pesos pesados del PPCV. Empezando por los suyos. Javier Moliner y José Císcar; por un populista Alfonso Rus, que solo trabaja para sí mismo; y la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, que por cierto: ¿dónde está? Y la de un Serafín Castellano, que no está ejerciendo de número dos, mucho más preocupado en acumular poder en el Consell que en trabajar en el partido, cuando debería tener en cuenta que sin un partido fuerte, motivado y engrasado no hay votos y, por tanto, sin votos no hay Consell. Y esto es aplicable a todos.