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De primarias y congresos

La gestora del PSOE ya ha fijado para mayo las primarias y en junio el congreso federal de los socialistas. Una vez se confirmen estas fechas de manera oficial, Ximo Puig dispondrá de 60 días para realizar el de País que debe reafirmar su liderazgo al frente del PSPV. Así las cosas, podría ser en julio o en septiembre (agosto es inhábil) y depende de lo que suceda en Madrid. Porque Madrid es la clave. Patxí López ha abierto el melón anunciado su candidatura a primarias y se espera con gran expectación un pronunciamiento similar de Pedro Sánchez y Susana Díaz, que serían las dos opciones con más posibilidades por encima del exlehendakari. Si al final dan el paso estos últimos, no es lo mismo para Puig que Sánchez se haga con el poder, o que sea Díaz quien lo consiga. Si ganan los ‘sanchistas’ lo lógico es celebrar el congreso del PSPV después del verano para intentar reunir una mayoría que ahora Puig no tiene, por lo menos en Castellón. Y si son los ‘susanistas’, es fácil que sea en julio porque muchos de los que ahora se denominan ‘críticos’ se podrían sumar al caballo ganador. ¡Ay la política!

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El PPCV prepara una renovación tranquila

El Partido Popular, el que perdió prácticamente todo su poder institucional en las últimas elecciones autonómicas y municipales es, paradójicamente, el que afronta con mayor tranquilidad sus citas congresuales previstas para la primera mitad del 2017. Lejos de descomponerse y de aflorar guerras internas, los populares permanecen unidos, y en las dos últimas elecciones generales han recuperado votos, lo que les refuerza como seria opción a reconquistar la Generalitat y ayuntamientos importantes. Por eso, los liderazgos de Isabel Bonig a nivel autonómico y de Javier Moliner en la provincia no están amenazados. Ambos tienen el apoyo de Madrid, tanto del viejo como del nuevo PP. Seguirán en sus cargos. Sí que se presume que habrá renovación en la nombres de los respectivos comités ejecutivos. En el regional, es casi seguro que seguirá Eva Ortiz de número dos. A partir de ahí, la lideresa de la Vall seguirá con el proceso de renovación que ya emprendió cuando asumió el mando. Buscará gente joven y batalladora para combinar el aspecto constructivo en la oposición, con el combativo.
Respecto a Moliner, lo normal es que siga la renovación con un perfil municipalista. Pero la primera incógnita será si Miguel Barrachina seguirá de coordinador general, toda vez que tiene su puesto en el Congreso y suena para el segundo escalón en el Gobierno. ¿Posibles sustitutos? Ahí están Elena Vicente-Ruiz o Luis Martínez.

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Lucha abierta por ‘mandar’ en el PSPV

Una batalla campal. Así es como ve, si no cambian mucho las cosas de aquí a la segunda mitad del 2017, un destacado dirigente socialista de Castellón los congresos de País y provincial del PSPV-PSOE tras el monumental cabreo de las bases con sus dirigentes por la abstención a Rajoy. Con esta tesitura, ni Ximo Puig lo tendrá fácil para repetir como secretario general de los socialistas valencianos, ni tampoco José Benlloch, si aspira a suceder a Francesc Colomer, en Castellón.
Está claro que todo depende de lo que pase en Madrid y de quién se haga con las riendas del partido. Puig y Benlloch tienen mucha afinidad con Susana Díaz, pero no hay que olvidar que en el PSOE son los militantes quienes eligen a sus líderes en primarias. Puig tiene en contra a José Luis Ábalos y a David Cerdán, secretarios provinciales de Valencia y Alicante, y en Castellón hay mucha contestación interna por el paso que dio el de Morella al dimitir de la comisión ejecutiva federal que inició una auténtica guerra en Ferraz que acabó con la dimisión de Pedro Sánchez. Lo mismo que Benlloch, de los pocos que dijo públicamente que apoyaba la abstención. Mientras, un movimiento de alcaldes y alcaldesas jóvenes del partido se unían en el no. De ahí que no es descabellado pensar que de ese movimiento, que apoyan Colomer y la consellera María José Salvador, salga algún/na posible rival para el alcalde de Vila-real.

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Rajoy debe cumplir con Castellón

El nuevo Gobierno de Mariano Rajoy ha echado a andar. Tras dos elecciones y más de 300 días de incertidumbre, los miembros del Ejecutivo han tomado posesión de sus carteras para afrontar una legislatura incierta. Y sin ministros valencianos. El reconocimiento de Rajoy a la reacción electoral del PPCV no se ha visto recompensado. Quizá cuando se nombre el segundo escalón. Y así lo ha entendido el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, para quien «no es una buena noticia» que no haya ningún valenciano. Pese a todo, la presidenta del PPCV, Isabel Bonig, se ha mostrado segura de que tendrán «sensibilidad con los problemas valencianos». Y esa sensibilidad pasa por abrir un diálogo en serio y aplicarse de una vez por todas para que la Comunitat Valenciana deje de ser la peor financiada del conjunto del Estado. La continuidad en la cartera de Hacienda de Cristóbal Montoro lejos de lo que se pueda pensar, no debe ser un impedimento. El tiene la caja, pero Rajoy está obligado a dialogar, y para eso ha puesto a Soraya Sáenz de Santamaría. Incluso el president va un poco más allá y avanza que en la Conferencia de Presidentes planteará que el Estado asuma como propia la mayor parte de la deuda de las autonomías.
En clave castellonense, los principales agentes sociales lo tienen claro en sus demandas. Empresarios y sindicatos exigen al nuevo Ejecutivo que salde todas la deudas históricas con Castellón. Deudas que pasan, básicamente, por unas infraestructuras que nunca llegan o cuyas obras se hacen eternas. Llevamos años hablando de lo mismo en esta provincia. Entre los ejemplos, es recurrente la exigencia del corredor mediterráneo, los accesos al puerto de Castellón, el desdoblamiento de la A-68; el AVE, la liberalización de la AP-7 o el enlace de la CV-10 con Tarragona por el interior. Rajoy debe cumplir.

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¿Cargos o votos?

Mariano Rajoy ha despejado las dudas sobre quién le acompañará en el consejo de ministros en esta nueva y complicada andadura legislativa de corto, medio o largo recorrido… a saber. Y había cierto morbo por ver si confirmaba lo que ya es un hecho con la rehabilitación de un PPCV marginado desde que estallaron los escándalos de corrupción en la etapa de Francisco Camps al frente del Consell y del partido. Vamos, lo que se ha venido en llamar el cordón sanitario impuesto por Génova (sede del PP nacional).
No ha sido así. Como muchos barruntaban, el nuevo ejecutivo no tiene cuota valenciana. La ocupaba hasta ahora el ya exministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, un madrileño que de valenciano solo tiene su segunda residencia en Xàbia (Alicante), en la que quiere vivir cuando se retire como buen amante del mar que es. Un caso similar a lo que ocurría cuando Camps nombraba consellers, y Carlos Fabra se apresuraba a adjudicarse la cuota castellonense porque alguno de ellos veraneaba en Benicàssim o en Platgetes.
De todos modos, no pasa nada. Tampoco es tan importante tener un ministro valenciano. ¿Qué es lo que ha hecho García Margallo por la Comunitat en estos últimos años? ¿Y qué hicieron con anterioridad otros ministros valencianos como Carmen Alborch, Jordi Sevilla, María Teresa Fernández de la Vega y Pedro Solbes (PSOE) o los valenciano-cartageneros Eduardo Zaplana y Federico Trillo (PP)?
Uno se pregunta, ¿para qué sirve el tan cacareado poder valenciano en Madrid? Visto lo visto, para nada, más allá de ser un mito y una simple etiqueta.
Con el nombramiento de los nuevos ministros no se ha visualizado que el PPCV vuelve a resituarse y a contar a nivel nacional, y habrá que esperar al segundo escalón para ver nombres y apellidos que sí están ligados a la Comunitat.
Ahí está sin ir más lejos el de Miguel Barrachina, que ya fue director general de Economía Social del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales con el último gobierno de José María Aznar. Mano derecha de Javier Moliner en la Diputación, dicen que la contrapartida exigida por el presidente provincial para que el de Segorbe encabezase la lista al Congreso de los Diputados fue que ocupase un puesto de responsabilidad en el Gobierno de España si Rajoy volvía a gobernar. Ya veremos, porque igual hay otros aspirantes de Castellón.
En puridad, dado que Isabel Bonig ha conseguido estabilizar el partido, electoral y orgánicamente, no hubiera estado de más que se viese reconocido este hecho, bien en el Gobierno, o si no ha sido así, en el segundo escalón, con algún fichaje de alguien de su entera confianza. Aunque el verdadero refuerzo de la lideresa de la Vall d’Uixó no se lo dará Rajoy, se lo han dado ya las urnas al haber reconquistado más de 260.000 votos en las dos últimas citas electorales desde el descalabro de las autonómicas y municipales del 2015.
Una recuperación que se aproxima a los diez puntos y que con las encuestas de cara la sitúan a un paso de volver a gobernar en el 2019 –con ayuda de C’s–. Y eso es el poder de los votos que, a fin de cuentas, es lo que importa y es lo que da o quita cargos y gobiernos.

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Campaña precongresual

Decíamos ayer que el PSOE caminaba de manera irremediable hacia la abstención para facilitar un gobierno de Mariano Rajoy y evitar unas terceras elecciones. Y así ha sido. Una abstención que no ha gustado a una cabreada militancia socialista de cuyo malestar se han hecho eco una serie de jóvenes alcaldes y portavoces del PSPV de Castellón que, bajo el lema compteu amb nosaltres, han apostado por el no es no y captado decenas de firmas de cargos institucionales y orgánicos, básicamente de la capital, Plana Baixa, Alto Palancia y la ejecutiva provincial.
Toda una muestra de fuerza y una primera toma de contacto para lo que debe venir después de la investidura de Rajoy, que no es otra cosa que la refundación de un partido que se desangra y que necesita con urgencia articular un nuevo discurso para tomar el pulso a una sociedad que le ha dado la espalda. Porque el proyecto socialdemócrata que representa el PSOE es necesario.
Asumido que el PP volverá al Gobierno, lo que está pasando ahora en el PSPV provincial es un posicionamiento en clave interna cara a los futuros cónclaves congresuales. La renovación del liderazgo del socialismo provincial y autonómico va para largo, pero todos tienen en mente a José Benlloch y Ximo Puig –partidarios ambos de la abstención–. El primero porque es uno de los alcaldes más respetados, con mayoría absoluta en Vila-real y además portavoz en el Diputación. Y el segundo porque bajo su liderazgo el PSPV ha vuelto al Consell veinte años después y tiene más peso en el conjunto nacional.
¿Son suficientes estos bagajes? No. Ni Benlloch ni Puig tienen ahora mismo ninguna garantía de conseguir sus objetivos en los congresos a celebrar después del que debe decidir al sustituto/a del defenestrado Pedro Sánchez.
¿Por qué? Porque la crisis interna del PSOE, agravada por la determinación de abstenerse, es de tan hondo calado que ha levantado en armas a los militantes, que son quienes sostienen al partido y los que deberán votar en las primarias para renovar a los secretarios generales.
Las bases están de uñas con sus dirigentes y continúan inamovibles en el no que en la provincia abandera ese grupo de dirigentes de nuevo cuño salidos de las urnas, con los primeros ediles de Onda (Ximo Huguet), la Vall (Tania Baños) y Almenara (Estíbaliz Pérez) como máximos exponentes, y que cuenta con el apoyo, entre los más relevantes, de la plana mayor de la ejecutiva del PSPV de la capital –todos afines a Amparo Marco–; o miembros significativos del comité ejecutivo provincial que controla Francesc Colomer como Ernest Blanch, que es también jefe de gabinete de la consellera María José Salvador o Anna Edo, número dos de la ejecutiva.
Pese a estos movimientos precongresuales y la clara toma de posiciones, a nadie escapa que, como mínimo a un año vista los congresos de País y provincial, no hay nada decidido. Porque si en política una semana es un mundo, un año es el universo entero. Falta por abordar el congreso federal, que es donde verdaderamente el PSOE se la juega. Si como apuntan todos los analistas Susana Díaz se hace con las riendas, Puig y Benlloch tendrán mucho que decir en el nuevo PSOE que salga de ese congreso al tener plena sintonía con la lideresa andaluza. Y eso será otro punto a añadir en su bagaje… o no.

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Puig: entre dos frentes

El Partido Socialista avanza de manera irremediable hacia la abstención para investir a Mariano Rajoy en medio de una enorme división interna. Una auténtica guerra civil de consecuencias imprevisibles. El presidente de la gestora, Javier Fernández, y los parlamentarios socialistas, dieron esta semana un importante paso para que el PSOE se abstenga y, además, han pedido a los diputados que acaten esta opción si al final es la que acuerda el comité federal de este próximo domingo.
Pese a esta abstención cocinada a fuego lento y plagada de obstáculos y polémicas, el espíritu del no es no del defenestrado Pedro Sánchez sigue muy vivo en muchos de los cargos institucionales, orgánicos y, sobre todo, entre la militancia del partido. Y el PSPV de Castellón no está al margen. Dos ejemplos. Por una parte, la iniciativa de un grupo de jóvenes alcaldes y portavoces municipales para reclamar firmeza en contra de un gobierno del PP. Por otra, la cena de militantes de mañana en la sede del PSOE en la capital bajo el revelador lema Decimos no a Rajoy.
Y mientras… ¿qué opina Ximo Puig? El líder del PSPV y president del Consell guarda ahora un prudente silencio, y cuando se ha pronunciado, su apuesta es la de una abstención técnica de 11 diputados socialistas o de varios partidos, algo imposible; o terceras elecciones. Sin duda, Puig afronta uno de los momentos más delicados de su dilatada trayectoria política. Tiene abiertos dos enormes frentes: el institucional con un gobierno de la Generalitat sostenido por Podemos; y el del partido con un PSPV dividido entre la abstención y el no es no.

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La incógnita del PSPV

El PSPV es ahora una incógnita. Al igual que en el PSOE en Madrid, nadie sabe lo que puede pasar en la Comunitat Valenciana. Pero en lo que sí coinciden muchos es que una cosa es Pedro Sánchez y otra bien distinta Ximo Puig. Me explico. Pese al rechazo de muchos militantes y cuadros socialistas a la decisión del president de dimitir de la ejecutiva federal y ayudar a la caída de Sánchez, hay también coincidencia en que es preciso un ejercicio de responsabilidad para no desestabilizar a un partido que tiene a su líder al frente del Consell. Ha costado mucho llegar hasta aquí –más de 20 años– y no conviene dinamitar a un PSPV que tiene a Mónica Oltra agazapada y de perfil, esperando su oportunidad en el 2019.
Una responsabilidad, además, reforzada por el hecho de que Puig es quien tiene en sus manos el Diari Oficial de la Comunitat y, por tanto, la capacidad de nombrar o destituir cargos. De ahí que nadie se mueva en espera de acontecimientos, y solo afloren las críticas de aquellos que han quedado fuera de los repartos y no tienen nada que perder. Incluso algunos de estos ya han reculado, por si acaso. Lo normal es que el de Morella pueda disfrutar ahora de una aparente tranquilidad interna a la espera de un congreso de País que como mínimo sería en la segunda mitad del 2017. En cuanto a los efectos que pueda tener la crisis del PSOE –y la decisión que adopte sobre si se abstiene o va a terceras elecciones–, Podemos tiene un dilema en la Comunitat. Antonio Montiel, más cerca de las tesis de sus socios en el Palau que de su líder en Madrid (Pablo Iglesias), ya sabe que si le retira el apoyo al pacto del Botánico está dando alas al PP de Isabel Bonig.
Por si a los podemitas se les ocurriera romper la baraja, Puig se afana en seguir a rajatabla el guión del no es no a Mariano Rajoy, mirando de reojo la abstención técnica.

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Las caras de la noche electoral

Dicen que la cara es el reflejo del alma. Y así es. Basta con ver las de la noche electoral para leer los resultados. Son tres caras, las de Isabel Bonig, Mónica Oltra y Ximo Puig. Vayamos por partes. La cara de la alegría era para la lideresa del PPCV, quien puede estar moderadamente satisfecha por el resultado obtenido si nos centramos en que vienen de un largo purgatorio por la pena de la corrupción y el desgaste de los 20 años de gobiernos populares. De ahí que seguir manteniendo el voto fiel de casi un millón de valencianos hay que atribuírselo a Bonig y a su capacidad de regenerar, reilusionar y mantener unido a un partido hasta hace cuatro días sumido en la depresión. La corrupción y los corruptos están ahí para sonrojo de todos pero, por más que estratégicamente se empeñen sus adversarios políticos, parece amortizada. El PP ya pagó su factura con la pérdida de la mayoría absoluta en las autonómicas y municipales del 2015 y ahora serán los jueces quienes pongan a cada uno en su lugar.
Aunque todavía lejos en porcentaje de votos de feudos tradicionales como Madrid (38,2%), Galicia (41,4%), Murcia (46,7%) o Castilla León (44,3%), Bonig, con el 35,4%, logra dos diputados más (13) y consolida su liderazgo en el PPCV, por si había alguna duda en algún pequeño grupúsculo de Valencia, cara al congreso regional del año que viene y a su candidatura para la Presidencia de la Generalitat en el 2019.
La cara de la decepción era la de Mónica Oltra. La lideresa de Compromís y una de las impulsoras de A la Valenciana (la coalición entre Compromís, Podemos y Esquerra Unida), aspiraba no solo a repetir el sorpasso al PSPV, como así ha sido, sino también al PPCV, y alzarse con la vitola de primera fuerza política en la Comunitat. No lo han logrado. Al contrario, han perdido votos, y eso que está vez concurrían con EU, partido por otra parte, que si ya era residual, ahora parece haber firmado su finiquito. Falta por saber qué pasará con esa ensaladilla rusa y qué papel querrá jugar el Bloc, socio mayoritario de la coalición. Son muchos los que no esconden su malestar y ya están con la espada afilada, aunque saben que Oltra, para bien o para mal y todavía hoy, es la llave si quieren llegar a lo más alto en la cita con las urnas del 2019.
La cara de susto era la de Ximo Puig, por lo que hubiera podido ser y no ha sido. No sale reforzado el de Morella de la cita electoral, pero tampoco trasquilado. Sí, ha perdido un diputado en Alicante y eso le debilita, pero la tendencia no es mala y sube ligeramente en votos (6.494 más que el 20-D y 28.885 respecto a las autonómicas del pasado año, su suelo electoral) y porcentaje (un punto).
Está claro que el voto del miedo a Podemos se ha concentrado en el PP y no ha ido al PSPV, al intuir que si votaban socialista no se alejaban de Podemos. Por eso Puig ha defendido un espacio político en el que nadie ha entrado, el centro izquierda, para ganar apoyos. Y tiene lo que tiene. Ahora toca analizar por enésima vez por qué los socialistas valencianos son incapaces de presentar un proyecto que ilusione para recuperar la confianza de los ciudadanos. Para ello deben empezar por la regeneración. Lo dijo ayer el propio Puig cuando en una entrevista apostó por modernizar el PSPV. Y tiene una buena oportunidad para ello. Viene un congreso y con él debe llegar la nueva hornada de alcaldes y concejales para actualizar caras y discurso. Y ahí están Tania Baños, Estíbaliz Pérez, Merche Galí, José Benlloch, Samuel Falomir, Rafa Simó, Ximo Huguet…
Por ultimo, y sin ponerle cara porque no la hay, está Ciudadanos. Un partido que se resume en su líder (Albert Rivera), sin infraestructura visible en Castellón o la Comunitat, y cuyo suflé se desinfla.

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El voto útil

Cuando vivíamos única y exclusivamente del bipartidismo político y la alternancia en los diferentes gobiernos –estatales, autonómicos, provinciales o municipales– era cosa del PP y el PSOE. Se imponía el llamado voto útil como estrategia de los dos grandes para minar al pequeño en pos de mantener esa supremacía. Pasó con el PP y Unió Valenciana aquí, en la Comunitat, hasta que Zaplana logró fagocitar al partido regionalista del fallecido González Lizondo; y también el PSPV-PSOE con Esquerra Unida o el Bloc. En esta campaña electoral, aunque lejos ya de las abrumadoras mayorías de populares y socialistas, ha vuelto con inusitada fuerza la estrategia del voto útil, que como saben no es otra cosa que apelar a que te voten aquellos que puedan tener una misma o parecida ideología, y que saben que su primera opción en las urnas no va a poder gobernar.
Pero esta vez los actores han cambiado y en esta segunda vuelta sin necesidad de reformar la ley electoral, sigue el PP y se cuela Podemos (A la Valenciana entre nosotros) en detrimento de un PSPV en horas bajas. Los primeros quieren rascar de Ciudadanos y los segundos, engullida ya Esquerra Unida y en coalición con Compromís, aspiran a robarle a los socialistas para cumplir el pronóstico de la gran mayoría de las encuestas preelectorales con el temido ‘sorpasso’.